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Soria y las Ciencias

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El problema es saber a qué rama de las Ciencias le corresponde estudiarlo. La Psicología, la Sociología y la Politología serían candidatas seguras, si no fuera porque la complejidad del sujeto habilita a otras disciplinas para reclamarlo. Por eso creo que el tratamiento ha de ser multidisciplinar y que es simplificar demasiado recomendarle que vaya directamente al médico, como hacen algunos observadores que sólo se fijan en su provisión de zetas. Deben pensar, como los panfletistas del XVIII, que los males físicos y los sociales se curan mediante una combinación de baños fríos, lavados de cabeza, dietas y libros de filosofía. Son unos antiguos.

Los síntomas son los que son. Hace unos días se dijo "encantado" de volver a declarar ante la juez del salmón. Está bien que colabore con la Justicia, aunque me temo que esa manera de expresar su disposición a hacerlo pone de manifiesto cierta disfunción. Porque resulta improbable que alguien comparezca ante un tribunal "encantado" de la vida, como si dijéramos. No es plato de gusto y menos en circunstancias como las suyas que se balancean entre las páginas políticas de los periódicos y las de sucesos. Salvo que esté bajo los efectos de un hechizo, como sugiere el término "encantamiento", que, de aceptarse, convertiría en candidata a coger el caso también a las Ciencias Ocultas; tan cercanas, por cierto, a las Jurídicas que suscitarían en éstas el debate de si semejante estado de enajenación cabe como eximente o como atenuante. Después de todo, hay quienes han visto volar burros en los celajes de los tribunales; y eso es cosa de magia.

En lo que toca a la Psicología y a la Politología ya mencionadas, no sé si la reiterada práctica soriana de darle dos tazas a quien no quiere caldo es relevante. Yo creo que sí, pues explicaría los ascensos en el PP de Manuel Fernández y de Pérez-Camacho. Al primero, imputado con él en lo del salmón, lo nombró su segundo; a Pérez Camacho le premió la querencia a machacar psocialistas poniéndolo de "portacoz" parlamentario.

Con Pérez-Camacho intenta Soria darle candela al Parlamento a base de un hostigamiento al PSC barriobajero, fuera de medida y en verso, a poder ser. El debate último era sobre REF y Pérez-Camacho ni lo mencionó dedicando toda su intervención al PSC. Reprochó a los diputados psocialistas que se fueran el otro día a El Corte Inglés dejándolo a él vomitar solo en la tribuna. Ocultó Pérez-Camacho que se fueron de compras por patriotismo y disciplina de partido, pues Zapatero les ha ordenado consumir. Tampoco dijo que algunos prefirieron ir a la Recova para evitar que El Día los acuse de lacayos del colonialismo comercial; el que se acabará el año que viene, si Dios quiere y ONU mediante.

El nombramiento de Pérez-Camacho pertenece al campo de la psicología soriana, pero el modo de ejercer el cargo se desliza hacia la Politología Patológica (también PP, qué cosa) que apunta a la tentativa fascistoide de acabar con el Parlamento. El que Pérez-Camacho defienda a los animales no le ha impedido encaramarse de forma desatentada a la grupa del caballo de Pavía montado por Soria.

En hablando de animales, la Zoología también reclama su lugar en el estudio. No porque se haya visto a Soria morder más allá del sentido figurado sino debido a sus maneras de animal territorial. Sólo admite en su parcela de poder a los suyos y ha expulsado a los que no lo son y a muchos que lo fueron. Un territorio en el que, encima, se siente rodeado por hijos de puta, según pública expresión suya, y objeto de feroz cacería por parte de periodistas, policías, fiscales y jueces dirigidos por López Aguilar. Esto indica que no es tan animal ya que la paranoia no se observa en los astados y jabalíes, que no la conocen ni se quejaron de que la Justicia fuera a por ellos cuando se toparon con las escopetas de Bermejo y Garzón en el apostadero criminal.

Vuelven a manifestarse las habilidades zoológicas de Soria al contaminar hasta a Rajoy y al PP en peso con su teoría de la conspiración. Logró así mimetizarse con el conjunto del partido utilizando el mismo recurso de los pulpos, que adquieren apariencia de roca marina o de sebadal si ven tiburones cerca.

Como diría Pancho Guerra (¿o Pepe Castellano?), Soria es un ser que no puede ser y además es imposible.

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