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Así no

Es por todos conocido que, el pasado 19 de junio, en el Pleno extraordinario y de carácter urgente del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se votó por unanimidad, sin debate alguno y en tiempo récord (15 segundos), la subida de sueldos de todos los miembros corporativos: entre un 16,1% y un 18,1% el Alcalde y los concejales, un 45% para los concejales de la oposición con dedicación exclusiva y un 10% para los concejales de la oposición con dedicación parcial.

Esto supone una subida del taponazo de en torno a 9.000 € al año. En cifras, representa que el Alcalde pasa a cobrar 70.000 €, los concejales de gobierno 66.000 €, los concejales delegados 65.000 €, los concejales de oposición con dedicación exclusiva 50.000 € y los concejales de oposición con dedicación parcial 37.500 €.

Personalmente me enteré de tal noticia encontrándome fuera del Archipiélago, cuestión que comento únicamente para subrayar la trascendencia y gravedad de este asunto.

Tras esperar un tiempo prudencial para escuchar una explicación por parte del único partido progresista que existe en el Ayuntamiento capitalino, UNIDAS PODEMOS (tanto de sus cargos electos, como de sus cargos orgánicos, cuya fiscalización en este caso brilla por su ausencia) y no obtener respuesta alguna, me gustaría compartir mi opinión al respecto. Dicha opinión coincide con la de numerosos votantes y simpatizantes del partido, muchos de los cuales además, consideramos que lo mejor de la formación morada en Canarias se encuentra en el citado Ayuntamiento.

En primer lugar, dada las circunstancias y cifras de las que hablamos no es posible justificar el apoyo a esa medida bajo ningún concepto, pues no hablamos de trabajadores o pensionistas que tengan salarios de miseria, ni muchísimo menos.

En segundo lugar, intentar justificar tal medida por la responsabilidad que asumen en sus respectivos cargos, es simplemente ridículo. La responsabilidad extrema es la que tienen infinidad de padres y madres de familia, que trabajan para llevar a casa un mísero sueldo que permita satisfacer las necesidades existenciales de sus hijos.

En tercer lugar, las condiciones de lugar, ambiente y tiempo para apoyar esta medida no pueden ser peores. De lugar, porque éste no es el Ayuntamiento de Oslo, Estocolmo o Helsinki, sino el de una ciudad con alarmantes índices de exclusión social y empobrecimiento extremo. De ambiente, porque en el citado Pleno se aprueba la medida con un tono burlón, dando las gracias a los asistentes por su paciencia, una paciencia de 15 segundos. Ya lo decía Víctor Jara: para Amanda “la vida es eterna en 5 minutos”; y para los concejales del Ayuntamiento capitalino es eterna en 15 segundos.

De tiempo, porque se trata de uno de los primeros Plenos (si no el primero) una vez conformada la coalición de gobierno, después de unas elecciones que han supuesto una brutal pérdida de votos, que alcanza cerca del 50%. Indudablemente, medidas como ésta, marcan sello en toda una legislatura.

Y en cuarto y último lugar, amén de todo lo anterior, se añade el plano nacional en que se aprueba esta medida: la formación morada, en pleno proceso de negociación del Gobierno del Estado, acaba de salir de una debacle electoral que lo ha dejado en la UVI, debatiéndose entre volver a planta o ir a paliativos. Si consideramos esto, la medida en cuestión es de una irresponsabilidad supina, pues no cabe duda que votaciones como éstas empujan al partido hacia la segunda opción. No hay explicación posible a lo acontecido, ni cabe discrepancia o duda alguna al respecto entre la gente progresista. Aquí no se debate si dos más dos son cuatro, cinco o tres, defender esta votación es como enrocarse en que dos más dos es un piano. Parece que todo es bueno para el convento.

Si me dijeran que aquí ha ocurrido como en aquella famosa escena de Charles Chaplin en la película Vida de perro, en la que mete sus brazos en la chaqueta de otro personaje y lo maneja como una marioneta, que en este caso sería, que la derecha vota con los brazos de los concejales de UNIDAS PODEMOS, me lo creería.

Una rectificación pública a esta medida por parte de la formación morada, no solo procede, sino que es lo más necesario, lo que no tiene nombre.

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