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El barco roto

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Se ve que son ambos dos poco leídos y no conocen la historia de los dos barcos piratas que se encontraron en las inmediaciones de un puerto antillano, no recuerdo ahora cual, dispuestos a enfrentarse. Pero antes de la batalla acordaron sus capitanes no utilizar la artillería porque a cañonazo limpio se harían mutuamente tanto daño que el vencedor, aparte de los desperfectos, se apoderaría de la nave vencida tan maltrecha que le sería de poco provecho. Acordaron, pues, luchar a brazo y sólo durante el día para descansar en las noches, no sin proceder al civilizado intercambio de regalos como vinos, quesos, bizcocho e imagino que tiritas de la época para las heridas.

Quiero decir que, de conocer los peperos esta anécdota, se lo hubieran pensado mejor antes emplearse a fondo en desacreditar de forma sistemática a todas las instituciones del Estado, menos, me parece, a la Lotería y las quinielas. Con tal de calzar por Zapatero han procurado dañar el barco llevándose por delante los cuerpos de seguridad del Estado, la Fiscalía, la Justicia, por no hablar del prestigio de la política y qué sé yo. Han desarbolado cuanto han podido sin reparar en que eso será lo que heredarán si Rajoy consigue, al fin, dormir la siesta en La Moncloa. Heredarán ETA si no consigue acabar con ella Rubalcaba (al que atacan no vaya a ser que sus éxitos lo conviertan en peligroso rival como eventual sucesor de Zapatero) y por supuesto la mala situación económica que intentan agravar mediante la destrucción de cualquier brote de confianza en el país.

Esta confianza, ya saben, es factor muy importante de recuperación económica y son demasiado obvios los intentos de dinamitarla, no vaya Zapatero a remontar. De ahí las prisas para que anticipe las elecciones generales, que volverá a ser cantinela fija tras los comicios de este mes; de ahí que Aznar vaya diciendo por esos mundos que España no podrá hacer frente a su deuda exterior por si a algún despistado se le ocurre invertir; y de ahí que Montoro vuelva a poner a la economía española al borde del precipicio; hasta que lo consiga de tanto ir el cántaro a la fuente.

Tendrá que cargar el PP, a eso voy, con las consecuencias de lo que ha roto con grave riesgo de su rápido descrédito si lo que ofrece, cosa que todavía no se sabe qué es, resulta ser más de lo mismo pero en peor. Si Zapatero ha abjurado de sus convicciones socialdemócratas de distribución de la riqueza con concesiones, muy a su pesar dice él, al neoliberalismo enquistado en mercados cabrones, ese mismo neoliberalismo es en el PP la almendra de su ideología que abomina del Estado de bienestar.

Es cierto que el PSOE ha recurrido en la campaña al peligro de una victoria pepera para el Estado de bienestar; pero no es menos cierto que la amenaza existe como bien saben quienes se han preocupado de seguir lo que opinan destacadas personalidades del PP y determinados círculos empresariales. Entre los que figuran representantes del empresariado canario que predican lo bueno sin matices de las privatizaciones, los gastos excesivos en educación y sanidad públicas; que se quejan de las dificultades que les crean las cotizaciones sociales; que proclaman la necesidad de moderar salarios, precisamente en la comunidad que "disfruta" de los más bajos del país y que lamentan la falta de flexibilidad laboral que les impide ir mucho más allá del 20% de parados.

Por ahí, no nos llamemos a engaño, va el PP y esa es la razón de que su programa económico conocido se reduzca a proclamar que lo hará mejor que los psocialistas. La cuestión es determinar quienes serán los beneficiarios de su mejor hacer, que los habrá. Quien avisa no es traidor sino avisador.

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