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El consenso del sí o sí

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Por parte canaria, la tradicional mansedumbre. Es verdad que los presidentes de los Cabildos de Lanzarote y Fuerteventura se oponen a las prospecciones; ma non troppo, oye. Se contentan, dijéramos, con cuestiones de procedimiento y forcejeo. Mientras, Paulino se agarra como un poseso al marco constitucional y dos piedras; a la capacidad competencial del Gobierno, que aporta una tercera piedra; al control isleño de las aguas canarias, que añade una cesta pedrera llena y a la ilusa proclamación del derecho de las islas a sacarle unas perritas al asunto lo que ya resulta ser un viaje de callaos de un camión grandito. Si mal no recuerdo, un alto responsable de no recuerdo qué compañía petrolera advirtió, hace años, que las islas no verían un duro porque eso funciona menos que el cuento de la lechera.

No se ocupan los políticos de recordar que la UNESCO declaró a Fuerteventura y sus mares reserva de la biosfera; tampoco les dice nada que las dos islas orientales sufran la contaminación crónica del tráfico de petroleros que señalara, hace unos días, la organización internacional Oceana, de conservación marina. No saben que en 2002, último dato de que dispongo, se calculaba en seis millones las toneladas de crudo que se vertían al mar cada año de las que solo un 10% procedían de accidentes y el 90% de prospecciones como las que quieren hacer ahí enfrente mismo, de operaciones de carga y descarga y de la limpieza de tanques.

Los políticos canarios tratan el problema como una cuestión de tira y afloja. Soria quiere lucir su "autoritas" y ellos procuran quitarle brillo apuntándose al consenso (entre ellos, por supuesto) que rebaja el "imperium" soriano para salvar la cara ante la opinión. Un consenso devenido mágico. Si no lo hay, da igual porque el Ministerio tiene la última palabra y con Soria de titular también la primera. Pero no se les ocurre, ni siquiera a los que dicen estar en contra, ponerse serios y proponer, qué sé yo, un referéndum o cuando menos el pronunciamiento claro, rotundo y definitivo del Parlamento. Que el consenso vaya más allá de los habituales compadreos. Con menos requilorios, mallorquines y valencianos pararon las prospecciones y podríamos entrar en sospechas, por qué no, de que el PP ha procurado complacer a los suyos, que mandan en esas dos comunidades y compensar a las compañías petroleras en Canarias. Como Carlos V, que pagaba sus deudas concediendo a los banqueros acreedores inmensas extensiones de tierras cuajadas de indios que explotar en América. Es lo que tiene la condición indígena.

Quieren los políticos canarios un consenso que, ahí radica la magia, les proporcione una coartada para no comprometerse con las prospecciones de las que esperan sacar unas perras. Quedarían bien como defensores de las ínsulas, víctimas incluso del centralismo metropolitano y el coste político sería para Madrid y su profeta Soria. Por eso no cargan la mano en los riesgos ecológicos sino en el inútil consenso del sí o sí; y si aluden a posibles efectos negativos sobre la actividad turística, lo hacen de pasada, sin cargar las tintas. Ya va siendo hora de que dejemos de chuparnos el dedo.

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