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En la espera de lo que ocurra

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Es más, la oportunidad para ello nos ha sido dada.

Porque ahora resulta que el Gobierno presidido por el socialista grancanario Juan Negrín en 1937 fue, según la Real Academia de Historia, "prácticamente dictatorial". Así, al menos, lo define el "Diccionario Biográfico Español", una obra de 50 tomos, editada por la Real Academia de Historia, que ha supuesto un coste de 6,4 millones de euros al erario público y que fue presentada el pasado jueves ante la presencia del actual Jefe del Estado y por la propia ministra socialista de Cultura, Ángeles González Sinde, la ministra que pasará a la Historia, nunca mejor dicho, por el cerrojazo a Internet. La obra menciona al político canario al hablar del Presidente de la II República Manuel Azaña. "(Azaña) se vio anulado por la iniciativa revolucionaria de las sindicales obreras armadas, pero se le mantuvo en el poder para que llenase, de cara a Europa, la imagen de un republicanismo democrático. [...] Su situación se agravó durante el Gobierno, prácticamente dictatorial, del socialista Negrín, en coalición con los comunistas".

La de Negrín no es, sin embargo, la única afirmación polémica definitoria que aparece en esos sus 50 tomos. Porque del régimen del dictador fascista Francisco Franco, afirma que fue "autoritario, pero no totalitario".

Aviados estamos?

Si Indalecio Prieto y Largo Caballero levantaran la cabeza y viesen las obras culturales que el PSOE presenta ministerialmente? Si Rumeu de Armas, prestigioso histioriador tinerfeño ya lamentablemente desaparecido, levantase la cabeza y viese lo que elabora y publica la institución que él presidió?

No siempre lo que aparentemente es resulta en verdad ser. Y en este caso lo visto sólo se explica si el giro neoconservador del PSOE prosigue su marcha pese a reuniones y cónclaves sabatinos que entonan el "mea culpa" y presentan alternativas desde el continuismo, desde el más de lo mismo.

Afirma el célebre historiador, filósofo, intelectual y Catedrático Gustavo Bueno, de indudable ideología de izquierdas, de esa izquierda con sentido común cada vez más difícil de encontrar cuando se vincula con el poder -un Gustavo Bueno crítico con el concepto memoria histórica, ya que la memoria es una realidad individual, mientras que la Historia responde a un sustrato colectivo-, afirma, indicábamos, que " la Historia, la ciencia histórica, se construye sobre ruinas, vestigios, documentos, monumentos: llamemos reliquias a todas esas cosas ( reliquus-restante, relinquere-permanecer). Pero el historiador, en cuanto tal no permanece inmerso en sus ruinas, no se limita a percibirlas, a constatarlas en su corporeidad fisicalista. Las puebla de "fantasmas" El "presente" aparece así, tras el trabajo del historiador, inmerso en un pasado fantasmagórico que se respira únicamente desde el presente".

Ése es el peligro en el que cae la investigación histórica, en este caso, en el que parece haber caído la Real Academia de Historia con su nuevo diccionario biográfico español, al menos parcialmente, aunque, eso sí, relevantemente desde la importancia de las entradas afectadas por el relativismo subjetivista?

Kant distinguió claramente entre el ser y el deber ser. Una cosa es lo que es y otra muy distinta lo querido. La Real Academia de Historia podría haber publicado un diccionario enciclopédico ucrónico, pero con fondos de su bolsillo, y no del erario público. Pero no llamar hechos históricos a pretendidas realidades que se quedan en ucronías, en el querer del sujeto que indebidamente las presenta y las propone como hechos indubitados.

La investigación científico histórica es, debería ser un proceso riguroso, cuidadoso y sistematizado en el que se buscase resolver problemas sociológico-históricos, bien sea de vacío de conocimiento (investigación científica) o de gerencia, de interpretación, pero en ambos casos debería ser organizada y garantizar la producción de conocimiento o de alternativas de solución viables.

La investigación histórica sería así definible como un proceso metódico y sistemático dirigido a la solución de problemas o preguntas científicas a partir del estudio de hechos y procesos, mediante la producción de nuevos conocimientos, los cuales constituirían la solución o respuesta a los interrogantes históricos planteados. A partir de esto es posible hacer una reflexión acerca del enfoque que de allí se desprende: si estamos tratando la investigación científico-histórica, desarrollada desde la metodología cualitativa, debería ser mayor atención a lo profundo de los resultados y no a su generalización.

No parece haber sido éste el caso.

José Carlos Gil Marín

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