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La ‘gozadera’ de Clavijo

El Debate del estado de la Nacionalidad ha posibilitado al presidente Fernando Clavijo hacer un balance bastante optimista de sus ocho primeros meses de Gobierno; y plantear un futuro muy esperanzador para los hombres y mujeres de esta tierra. En ambos temas, la realidad difiere bastante de las presidenciales percepciones.

Me centraré aquí en solo dos asuntos: la situación de las personas y el estado de salud de la democracia.

Respecto al primero todos podemos coincidir en los buenos datos macroeconómicos del pasado 2015 y en las, en principio, buenas expectativas del presente año, fundamentalmente por el buen comportamiento del sector turístico.

Otra cosa es en su traducción social. Por un lado, por el tipo de empleo que se genera, precario y de muy baja calidad. Por otro, por la pervivencia de abismos sociales; si ya Canarias era una tierra de gran desigualdad, la crisis y las políticas de recortes en lo público la ha incrementado de manera considerable.

Es difícil lograr embellecer una sociedad con un 27% de su población en paro, con un tercio de pobreza infantil, con 100.000 hogares con todo los miembros en paro, 140.000 parados sin prestación o casi 50.000 familias sin ningún tipo de ingresos. O con 16.000 personas con derecho a prestación por dependencia que no la reciben.

Cierto es que una parte del problema se encuentra en la pésima financiación autonómica (que, por cierto, firmó el Gobierno de Zapatero con el Ejecutivo CC-PP en 2009, no fue un entendimiento entre Saturno y Andrómeda); aún recuerdo artículos de dirigentes de CC loando el gran acuerdo y como respondía a las necesidades de las Islas.

Maldad centralista

Pero no toda la maldad reside en Madrid ni todas las soluciones dependen del Ejecutivo central que dejaría en agua de borrajas el presidencial cierre diciendo que “no le debemos nada a nadie” y que “no dependemos más que de nosotros mismos” para lograr lo que nos proponemos.

Desde Canarias se pueden articular respuestas a muchos de los grandes problemas de esta tierra. Y se tienen responsabilidades en el mal ejercicio de algunas de las competencias. Si persistimos a la cola de la dependencia es, en buena medida, por una penosa gestión de la misma desde aquí. Si la Sanidad retrocede en la consideración ciudadana es, por los recortes, sin duda, pero también por mala dirección y planificación. Si no hay respuesta para los pobres es porque las prioridades son otras.

Dentro de las limitaciones presupuestarias claro que se pueden hacer cosas. Llevo reclamando desde hace tiempo, en distintos artículos y debates, que los recursos del IGTE se dediquen a las personas, es decir, a la Sanidad, a la Educación o a la dependencia. Y que, asimismo, los presupuestos de la Comunidad contribuyan a superar los problemas sanitarios o los retrasos en materia educativa.

Más allá de otras consideraciones, el problema de Canarias es que se continúan haciendo políticas conservadoras que ni modifican la fiscalidad, para que las administraciones públicas dispongan de más recursos, ni se vuelcan en la atención a los que peor lo pasan. Y no parece que vayan a cambiar en el próximo período. Como el modelo económico que, quitando el palabrerío, insiste en el binomio construcción-turismo.

La democracia

El segundo aspecto que quería comentar es el de la democracia. Resulta curioso que Clavijo, antes de entrar en la reforma del sistema electoral que él y los suyos quieren impedir a toda costa, realizara todo un discurso justificatorio sobre los peligros de un neo centralismo de Gran Canaria y Tenerife. Los habitantes de estas dos islas, más del 80% de los canarios, deberíamos pedir perdón por habitar en ellas.

Y, sobre todo, por pretender que el sistema electoral refleje mejor la población y no se base casi exclusivamente en los territorios. En una curbelización del discurso de Clavijo los habitantes de las islas más pobladas, las que más recursos aportan a la bolsa común somos una especie de insolidarios con las dificultades de las menos pobladas. Una mentira flagrante.

Por supuesto que hay que comprender los problemas de la doble insularidad y la situación de estancamiento de algunas islas (las periféricas occidentales) que precisan de la solidaridad de todos los canarios. Pero también habrá que hacerlo sobre la pervivencia de comportamientos caciquiles, de políticas acomodaticias y baldías.

Y que no se preocupe el señor Clavijo, Canarias no se rompe por pedir más igualdad y una ley electoral más equilibrada. Se rompe por los insularismos insolidarios, por la falta de democracia, por la distancia abismal del valor del voto según el lugar de residencia y por la pobreza y las crecientes desigualdades sociales.

Termino. El presidente trató de hacer guiños a todos los portavoces de los grupos políticos. Pero se le notaron sus debilidades. Los más cariñosos –en forma de Ley del Suelo o apoyo a los insularismos como la mejor forma de vertebrar Canarias- fueron para PP y ASG. Seguramente los mismos con los que le encantaría gobernar. Sería, no lo duden, su auténtica gozadera.

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