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El libre mercado mata

Rafael Morales / Rafael Morales

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El hambre o la desnutrición masiva acosan cada día a millones de seres humanos, segando vidas, asesinado ilusiones, destrozando familias y comunidades enteras. Las promesas neoliberales de principio de los años 90 sobre la liberalización del comercio mundial como remedio a tantas calamidades se rompen la crisma contra la realidad. De la invisible y justiciera mano del libre mercado no queda un pronóstico en pie. Presumen de economistas científicos, lo que significaría capacidad para plantear soluciones para las necesidades humanas con recursos escasos. Se muestran incapaces, incluso, de compartir esfuerzos serios por alcanzar los limitados Objetivos del Milenio. El Gobierno salvadoreño ya ha declarado su incapacidad para acercarse siquiera al primero de ellos, precisamente la reducción progresiva del hambre.

¿Nos aproximamos a un anuncio de mejores perspectivas? Josette Sheeran, director del programa mundial de alimentos de la ONU, dice lo siguiente: “Tenemos que hacer frente al hambre mundial que se avecina”. ¿Más? El último informe de la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (“Perspectivas Alimentarias”) advierte que desciende velozmente la cantidad de alimentos en el planeta mientras sus precios crecen a niveles históricos. Sigamos con el informe, siempre según la documentación aportada por “El País”. La desproporción que se produce entre al acceso a los alimentos y el coste de los mismos pueden producir un colapso alimentario a nivel mundial. “Descienden las reservas de cereales un 11%, el nivel más bajo desde 1980, mientras el precio medio de los alimentos crece un 40% frente al 9% de hace un año.” Excelente.

Como los recursos, la capacidad para enfrentarse a este problema se encuentra desigualmente repartida. La FAO propone algún paño caliente para los más indefensos. Por ejemplo, la venta de cupones a bajo coste para que los campesinos arruinados adquieran semillas y así aumentar la producción de cultivos básicos. Jacques Diouf, el director de la FAO va un poco más allá: la mejor manera de disminuir la presión sobre los países pobres es financiando la importación de alimentos.

Cualquier cosa menos reconocer que el aumento de los precios responde tanto a la especulación y al abuso como a los mecanismos del mercado capitalista para establecerlos. O que a ellos corresponde la responsabilidad de la caída de la producción global de alimentos. Los ricos subvencionan su propia agricultora reventando la “leal competencia” con los productos del llamado tercer mundo, arruinando a muchos de ellos hasta la hambruna y la imposibilidad de seguir con los trabajos agrícolas. Y después viene Diouf a pedirles con mucha educación, eso sí, que financien la importación de alimentos.

¿Qué lo financien los Estados vaciados de recursos gracias a las privatizaciones neoliberales y con la deuda externa a cuestas? ¿O qué pretende decir? Si al menos ejercieran como liberales coherentes renunciarían a la desleal competencia contra los productos alimentarios de Asia, África y América Latina. Sin embargo, no aplicarán ni este ligero remedio porque, al fin y al cabo, sus beneficios vienen de la explotación grosera de las desgracias ajenas. El hambre seguirá extendiéndose durante los próximos años, como vaticina la FAO, aunque la humanidad cuente con recursos y la tecnología suficiente para alimentar al doble de la población mundial actual. ¿Irracional? Cosas que pasan por designios del libre mercado.

Rafael Morales

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