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Con museos también se vive

Auténtica desmoralización la que se vive en el Instituto de Estudios Hispánicos
de Canarias (IEHC), con sede en el Puerto de la Cruz. La situación de los
museos es desesperante y parecen desbordadas la paciencia y la motivación de
dirigentes y asociados.

En uno participa, el Museo Arqueológico Municipal (MAM), que se gestó
precisamente en el seno del Instituto. Pero lleva dieciocho meses cerrado y pese
a la declaración de buenas intenciones, no parece que un problema de
dotaciones y mobiliario, por la lentitud funcionarial, por la demora
administrativa, por lo que sea, tenga fácil e inmediata solución. Ojalá nos
equivoquemos al cabo de la publicación de estas líneas. Se diría que con
voluntad política y un poco de empuje o interés, bastaría; pero pasa el tiempo
sin que se alumbre una salida. La imagen que se proyecta no es, desde luego,
muy edificante que digamos.

El otro está a su cargo: Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdhal
(MACEW) emplazado en la Antigua Casa de la Real Aduana, último vestigio
de un sin igual entorno urbanístico y arquitectónico del refugio pesquero
portuense. Ahora mismo, un inmueble en obras de remozamiento sin que el
IEHC, por cierto, haya sido consultado, siquiera sobre el color de las paredes.
Aunque este es un problema menor al lado de la verdadera cuestión de fondo:
¿qué pasa, cuál será la futura sede del MACEW?

Porque cuando se creía que iba a ser el nuevo parque San Francisco, resulta que
no: que el proyecto, tras el concurso de ideas, no lo consigna. Además, va para
largo, aunque el desmontaje sea teóricamente inminente. Y la alternativa del
antiguo colegio de los padres agustinos, esto es, Casa Ventoso, se ha
complicado al máximo entre interpretaciones y diferencias del acuerdo de
compraventa (Ayuntamiento, Obispado, propiedad privada) y los usos que,
definitivamente, van a ser autorizados. El vetusto inmueble, por tanto, sufre ya
la plaga del abandono (recuérdese que en la parte trasera, junto a la calle Valois,
está el Torreón Ventoso, otro monumento a la deriva) que dio al traste con
aquella llamativa exposición de belenes que animaba la Navidad portuense pues
ya no hubo en 2018.

Habrá quien diga que una maldición pesa sobre el IEHC y sobre los museos
mencionados, un frustración de marca mayor, desde luego. Pero no: son muchos
años solicitando, gestionando e insistiendo, con promesas y anuncios que
rodaron cuesta abajo por la senda de los incumplimientos y sin que se hayan
registrado avances sustantivos para materializar un anhelo. El Instituto necesita de esas dependencias para fundamentar y programar mejor sus propósitos. La ciudad, no sobrada precisamente de dotaciones y recursos culturales, ve también mermada, de forma sensible, sus ofertas turístico-culturales y sus potencialidades.

La maldición se combate con hechos, aunque cueste materializarlos. Y no se
ven ni se sienten. Pasa el tiempo, pasan los años y es natural que entre los
responsables y asociados del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias
cunda la desazón. Ya no saben si hay norte. Han perdido esperanzas porque el
margen de credibilidad en quienes deben inspirarla ha menguado
considerablemente. Demasiadas pegas más larga dilación igual a bloqueo.

El mensaje debería ser fácil y claro para el IEHC: reivindicar, ante las
administraciones, mejoras y reapertura del MAM así como una sede para el
MACEW, que fue una iniciativa pionera en la historia del arte contemporáneo
español. El primero de su género en nuestro país. ¿Será necesario volver a
contar la idea de Westerdhal, el apoyo de su esposa Maud, el del pintor Óscar
Domínguez y el del arquitecto suizo Alberto Sartoris?

El Puerto de la Cruz es olvidadizo, desde luego, pero también descuidado y
negligente con su patrimonio y con sus pilares históricos-culturales. Que haya
desazón entre quienes se han esforzado para hacer de los museos centros vivos
y dinámicos de producción cultural, es lo más natural. Hace un año,
precisamente, una de esas personas, declaraba en Diario de Avisos: Estamos
esperanzados pero a la vez agotados. No queda más remedio que decir ahora:
no desfallezcan. Háganlo y propinen una lección de compromiso, entrega y
perseverancia.
Con museos también se vive.

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