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El partido se encuentra con el Gobierno

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Ahora todo es distinto. Para empezar, José Blanco sigue siendo vicesecretario general del PSOE; el hombre que conoce y controla los resortes de la organización. Un político con razonamiento propio que lo ha manifestado en contra de la opinión de su jefe en momentos claves: en algunos episodios del proceso de negociación con ETA, en la formación del Gobierno de Navarra y en el proceso de la OPA de Endesa. José Blanco es un hombre disciplinado que acata la opinión final del presidente pero que le discute con lealtad cuando no está de acuerdo.

Manuel Chaves sería en términos taurinos un político de respeto. Sigue siendo presidente del PSOE y secretario general de la poderosa organización de Andalucía. De una sola tacada se ha resuelto, y bien, la sucesión en la Junta de Andalucía y se ha dado entrada a uno de los políticos que más peso y más prestigio tiene en el PSOE.

Elena Salgado tiene capacidad ejecutiva y se le supone inteligencia para rodearse de colaboradores de talento que le proporcionen los datos técnicos para tomar decisiones políticas. En definitiva, se trata de la recuperación de la política y de los políticos: todo un mensaje de confianza a la ciudadanía en donde se rectifica la apuesta que se había hecho por la bisoñez recurriendo ahora a la experiencia.

Trinidad Jiménez, una persona del entorno cercano del presidente Zapatero en sus orígenes tiene por fin la oportunidad de demostrar que merece un puesto en el Consejo de Ministros.

Ángel Gabilondo no sólo es un rector respetado por sus alumnos. Cree firmemente en Bolonia como proyecto de homologación universitaria europea y de entronque con la sociedad. Es un intelectual con extraordinaria capacidad de comunicación y su experiencia en la política universitaria es un aval para uno de los grandes retos de este Gobierno: la educación.

No le será fácil al presidente la nueva forma de entender la participación política porque él siempre ha sido un navegante solitario: pero ahora tiene una tripulación con criterio y tendrá que acostumbrarse a debatir y a compartir responsabilidades, teniendo, naturalmente, la última palabra en su condición de presidente constitucional del Gobierno.

El escenario parlamentario no ha cambiado. Seguirán las dificultades para encontrar acomodo a las leyes que le quedan por sacar adelante al Gobierno: pero hay algunos síntomas de que las cosas pueden ser también distintas en este territorio. Para empezar, José Blanco ha anunciado un diálogo con las comunidades autónomas sobre el ambicioso plan de obras públicas del Gobierno. Y para terminar, una vez más Mariano Rajoy se ha quedado sin discurso: si acusaba al Gobierno de parálisis, ahora le va a faltar el aire para seguirle el ritmo.

* Periodista, analista político y articulista de elplural.com

Carlos Carnicero*

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