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Una realidad diferente

Por un momento, solo por un momento, piensa en la peor de las situaciones en la que te pudieras encontrar. Piensa en lo peor que te pueda pasar. Sí. Esa situación en la que el remedio no existe. En donde ya no haya vuelta atrás. ¿Ya la tienes? Pues colocándote en ese listón, el resto será mejor. Ese puede ser un buen punto de partida sobre el que podamos comenzar a recuperarnos de sustos y contratiempos, aprendiendo a relativizar las cosas que nos ocurren, porque no siempre pasa lo que deseamos, ni siquiera lo que nos habíamos imaginado que iba a suceder. En este sentido, hay gente que le preocupa la muerte. Respetando el planteamiento, como no podría ser de otra manera, decir que es la parte más fácil de todas. Sucede una vez y ya está. Yo creo que hay que preocuparse por la vida, porque hay que vivirla día tras día, por lo que debemos apostar por imaginar situaciones que nos encantaría que aconteciesen y, una vez visualizadas, planificar y ejecutar todas las medidas que estuvieran a nuestro alcance para hacer realidad un anhelo.

La vida es esto. Una sucesión de conflictos y, como tal, hay que saber gestionarlos. Quien crea que tenga el sentimiento de estar viviendo en medio de una gran estafa porque le habían prometido caminar diariamente sobre la arena de una playa, con el mar bañando sus pies en el mismo instante en el que mantienes grácilmente una flor en la boca viendo el amanecer, es que ha visto muchas películas con final feliz. Y claro, como no te pasa a ti lo mismo que a la persona protagonista en donde todo, absolutamente todo, se le soluciona en prácticamente media página de guion, o te autoengañas, o te deprimes.

Y para intentar paliar todo ese cúmulo de sensaciones hay que apostar por vivir en un mundo sin tanto exceso de fantasía, donde se corre el riesgo de reemplazar a la realidad. Porque las expectativas tienen un precio en donde desear no es gratuito dado que, si no se consigue, se tiende a la frustración. Eso no significa que seamos seres aburridos y planos sin capacidad de evolución. Lo que significa es que es necesario ser realistas para ser conscientes de nuestras propias limitaciones.

Las cosas vienen como vienen y no como nos gustaría que vinieran. Podemos condicionarlas con nuestra percepción, pero los hechos objetivos están ahí. El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, nos dicen. Por eso, lo que podemos hacer es estar en continua preparación para entornos cambiantes en tiempo real, sabiendo que el “efecto mariposa”, como buen sistema caótico no lineal y no determinista en donde pequeños cambios conducen a consecuencias divergentes, ya no dura años en hacerse notar. Ni meses, ni días, ni horas… sino segundos.

No estábamos programados para situaciones como la que estamos viviendo. Estábamos hechos para realidades llevaderas y tranquilas, con problemas cotidianos relativamente leves, donde un encontronazo no duraba más de cuarenta y ocho horas. Situaciones como esta le sucedían al resto, a otras personas, a otras familias, a otros pueblos, a otras razas, a otras civilizaciones… llegando a pensar incluso en un hipotético merecimiento. Pero no, nos ha tocado y con esta realidad debemos lidiar.

No es la realidad para la que estábamos programados, pero es la realidad. Nuestra nueva realidad.

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