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La sinrazón de unas críticas

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La Conferencia Episcopal ha aplaudido a Wert por proporcionarle a los obispos lo que consideran una victoria de Te Deum solemne. Puestas las cosas donde siempre debieron estar, no sería de recibo que el derrotadísimo mester de progresía arremetiera contra el adoctrinamiento de la Iglesia, que es el único legitimado y por el que recibe del Estado trece millones mensuales; un gasto que sí nos podemos permitir.

Otrosí, cómo no, José Manuel Soria. El hombre ganó en las urnas el derecho a putearnos que a de asumirse democráticamente. Ese derecho suyo lo faculta a elegir los "lobbies" de su preferencia y efectos. En uso de esa libertad se reunió, apenas tomó posesión del Ministerio de Industria, con las grandes compañías eléctricas que le explicaron tan bien sus razones que ya no necesitó verse con los del sector de las energías renovables antes de decidir que no habrá un duro para la eólica, la solar y similares. Es muy legítimo que se diera la satisfacción de un corte de mangas que es, en el fondo, un ejercicio de humildad: ahí es nada poner en la picota a la eólica después de los trabajitos para intentar darle el campo de Arinaga a su antiguo casero.

Es verdad que el grupo de "Economistas ante la crisis" señaló los errores de las primeras acciones ministeriales de Soria. Vinieron a decir los economistas en su nota que confundió las churras con las merinas, a pesar de no ser ganado de su departamento. Y concluyeron ante sus dislates que Soria, además de "desconocer todo sobre energía, tampoco sabe mucho de economía". Justo lo que hemos evitado siempre decirle para quedarnos con su más tolerable condición de mentiroso cuasi compulsivo. Lo de ignorante, ya ven, nos parecía demasiado fuerte.

Aparte de que se han excedido los economistas porque no está escrito en ningún sitio que un político tenga que saber lo que se trae entre manos. Al menos entre las que están a la vista.

Dicen Paulino, los psocialistas y otras especies de mal perder que Soria se esmera en dañar a Canarias sin que el sectarismo les permita contemplar la posibilidad de que lo haga por una buena causa; sea la que sea. A lo mejor, la de paralizar la hidráulica Chira-Soria que José Miguel Bravo ve ahora en globo después de asegurar, hace poco más de un mes, que en tres comenzarían las obras.

Dijo Grisaleña que con Soria nos había tocado la Lotería sin especificar quiénes son los suertudos; para felicitarlos mayormente, que ya no sé si dirigirme a las eléctricas, que podrán continuar con sus compras de petróleo, ahorrarse inversiones y repercutirnos las alzas de precio, o a los interesados en gasearnos.

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