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Una tropelía más contra el paisaje y el medioambiente canario

La reciente aprobada Ley de Islas Verdes en el parlamento canario con el objeto de liberalizar territorios rústicos en las islas occidentales (La Gomera, La Palma y El Hierro) dará vía libre con esta legalidad a la construcción de viviendas vacacionales (¿…?). Este es otro atropello más a la ecología, al medio ambiente, a la orografía y al impoluto, aún, territorio de las citadas islas en las medianías de sus cumbres. Dónde habrá quedado ya el 60% del territorio canario que estaba protegido legalmente, hasta hace unos treinta años.

Esta llamada Ley de Islas Verdes –mendaz paradoja– ha sido auspiciada por el partido que actualmente rige el Gobierno canario, el más construccionista, y por lo tanto, depredador del territorio y del paisaje isleño, desde las orillas costeras hasta las cumbres de todas nuestras ínsulas, con la permisividad legal de continuar construyendo, a lo ya construido: diques portuarios, mastodontes complejos turísticos y, ahora, pequeñas instalaciones hoteleras en suelo rural, como se hará con la aprobación de esta luctuosa y devastadora permisividad con visos de legitimidad (si bien se hacía con alevoso libertinaje y eran legalizadas por los políticos en pos del voto al partido que ocupara el sillón consistorial).

Fue aprobada esta infausta ley en el último día de actividad de la ya finiquitada legislatura parlamentaria, siendo aceptada con los votos de los ‘socialistas’ gomeros, PP y CC; y en contra lo estuvieron el resto de los partidos del hemiciclo de la cámara canaria: PSOE, NC y Podemos. Incluso el partido NC cree que es inconstitucional dicha aprobación legal. Estas formaciones parlamentarias deben acudir en una demanda de casación a la justicia europea de Estrasburgo, con el objeto de anular esta aberración medioambiental, destructora del paisaje y de los ecosistemas de las medianías de los suelos isleños citados, aún vírgenes de la excavadora y el hormigón.

Bajo una meditada felonía, que no con nocturnidad, y a cara descubierta, pero bajo el fariseísmo que les caracteriza a estos políticos que se tildan de ‘nacionalistas’ (que lo serán de sus cuentas bancarias), con la creación, y aprobación inmediata de zonas de pequeñas industrias turísticas y de hipotéticos empleos subyacentes. Insólitamente el acto de presentación de la Ley y en defensa de la misma en el Parlamento canario, para que la oposición expusiera sus negados argumentos, solo tuvo el mínimo tiempo declarante de una hora y media. El filibusterismo de los que actúan al albur de los fulleros y trileros callejeros, lo hacen en favor de los capitalistas –como siempre exigen estos yonquis del dinero–. Pocas penas les quedan a estos eventuales y deplorables en las administraciones de la política, para que se destroce nuestra naturaleza isleña.

Con esta falacia de Islas Verdes, que igualmente lo podrían denominar Islas Grises, lo único que pretenden es la construcción con más hormigones en esos paisajes isleños aún sin esquilmar ni atropellos urbanísticos sobre estos suelos. Si ya el suelo ribereño del Archipiélago está colmado de edificaciones hoteleras, ahora se pretende que se atiborren de cemento los únicos espacios que quedan libres en las medianías en las aludidas islas (que continuarán como las restantes). Los especuladores del territorio y de la construcción deben estar muy contentos con esta permisividad y errada ley contra todos los que vivimos y amamos las Islas Canarias.

Igualmente lo hicieron con la antiecologista y desprotectora Ley del Suelo de reciente aprobación. Otra legalidad más contra el paisaje costero y los ecosistemas. Como en años precedentes lo habían hecho con la descatalogación de especies animales salvajes protegidas en el Catálogo de Especies Protegidas de Canarias, para defender la ominosa construcción del puerto de Granadilla. Que a pesar de las protestas callejeras en Santa Cruz contra la construcción de aquel muelle, nada les importó en su hazmerreir contra las demandas sociales.

Más importante era la construcción de los espigones en ese complejo portuario, y a pesar de que el Gobierno de Bruselas lo paralizó por las demandadas razones de los ecologistas. Pero su as se lo guardan en la manga, y fue la descatalogación de dichas especies. ¡Qué magnífica protección al medioambiente y al entorno canario de los ‘nacionalistas’ amantes de su tierra!. Dieron el pelotazo las constructoras (¿y alguien más…?). Y el puerto de Granadilla está muerto de risa, inoperable, sobremanera porque no tiene los servicios precisos que requieren los buques, y por los fuertes alisios soplantes que hacen cuasi imposible los atraques en ese lugar.

La vivienda vacacional se podrá construir en suelo rústico de los territorios de las tres islas enunciadas, que según la ley, podrá ser por la vía de urgencia en la concesión de los permisos de impacto ambiental (estaban próximas las elecciones). Con dichas edificaciones se perderá la orografía de la identidad natural isleña, los pequeños terrenos agrícolas, los bellos paisajes lugareños y los senderos establecidos desde hace tiempo, para los caminantes camperos. Especifica la ley que serán permitidas las viviendas vacacionales únicamente, no las residenciales (¿…?). Pero, que nos engañen como a mentecatos con sus músicas celestiales, que a la larga, en este mundo de suspicaces y de troleros en sus andanzas por sobrevivir, quién les dice a los propietarios de dichas viviendas, que no las retornarán a viviendas de uso residencial, máxime cuando se cambie de gobierno o en el transcurrir del tiempo.

En conclusión, esta ley de Islas Verdes ha sido un despropósito y un burdo atropello más del equipo de (mal)Gobierno de CC que tenemos el infortunio de padecer con estas políticas de construcciones arbitrarias contra los ecosistemas naturales y el medio ambiente. Territorios insulares que desde antaño se han distinguido a las islas Canarias como un lugar digno para vivir y echar raíces. Sin embargo, con estas administraciones interesadas para determinados empresarios influyentes en el Ejecutivo canario, estaremos a la altura de los aberrados suburbios de las favelas suramericanas.

Tomemos los dignos ejemplos de las políticas de cuidado, conservación del paisaje y leyes medioambientales de Mallorca, que con una fuerte demanda turística, no se proponen de ningún modo, para caer en esa trampa. Es vergonzante tener políticos inconscientes con la responsabilidad incuestionable de salvaguardar el paisaje y la ecología insulares, como un derecho común de todos los canarios. Carecen de sesera para tener una mínima sensibilidad humana sobre el territorio isleño en el que moramos. ¿Qué le van a dejar a toda la presente y futura sociedad canaria y en especial a sus hijos y nietos?.    

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