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Ya no nos vale

Roberto Rodríguez Guerra

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La fractura por la que atraviesa el PSOE constituye un importante punto de inflexión en la vida política  española. Aunque el PSOE es muy libre de decidir –aunque quizá no tanto- qué hará en el futuro próximo, son muchos los indicios que apuntan a que, tras la atormentada conclusión del Comité Federal del sábado, la dimisión de Sánchez y la creación de la Gestora, apostará por abstenerse y dejar gobernar al PP. Si definitivamente se confirman estos anuncios, pocas dudas caben de que contribuirá a la restauración de algunas grietas del Régimen del 78, legitimará el régimen de la corrupción sistemática que ha impuesto el PP y su gobierno y poca oposición mostrará a las políticas austeritarias de la Troika. Es probable que en tal caso Rajoy desee aparentar generosidad y acepte algunas concesiones de cara a la opinión pública, pero mantendrá lo esencial. Es perfectamente conocedor de la escasa capacidad de maniobra que, tras el citado Comité Federal, tienen los psoecialistas. En ese enjuague el PSOE y el PP contarán además con la colaboración -numéricamente innecesaria pero simbólicamente importante- de Ciudadanos. Es más, eso mismo les permitirá a ambos eludir la imagen de la «gran coalición». Y todo ello, por supuesto, «por el bien del país».

Dicen por ahí que, tras estos acontecimientos, la cotización de Felipe González y compañía ha subido considerablemente entre las empresas del IBEX y la caverna mediática. En verdad, se lo han ganado sobradamente. Son quienes, frente a aquel inicial «este chico no vale, pero nos vale», han concluido finalmente -tras el «no es no» de Sánchez a Rajoy y su apuesta por explorar un gobierno de cambio con Podemos- que «este chico ya no nos vale».

Pero la escasa capacidad de maniobra del PSOE –y de ahí también la irresponsabilidad de los dimisionarios y afines que han provocado esta crisis- ha dejado al PP con las manos prácticamente libres. Podrá presionar sin mayores riesgos al PSOE para que trague unos cuantos sapos (techo de gasto, presupuestos, recortes, conflicto catalán, enjuagues sobre la corrupción,…). Tanto es así que son ya varias las voces que sugieren que, pese a que ha insistido hasta  la saciedad en que unas terceras elecciones serían un desastre para el país, el PP está barajando seriamente forzarlas. Sabe que, dada la enorme debilidad del PSOE y el desinfle de Ciudadanos, podría aumentar considerablemente su ventaja y hasta rozar la mayoría absoluta. Y es posible que lo intenten, pues en el PP «donde dije digo, digo Diego», esto es, no hay más consideración que su propio interés. Veremos igualmente qué decide.

En cualquier caso, lo que sí parece incuestionable es que con la conclusión de este Comité Federal se abre un incierto periodo en la vida del PSOE, aunque en realidad todo ello estuviera ya en ciernes desde mucho antes y, al menos, desde la etapa de Rubalcaba y, sobre todo, a partir del 15M. De hecho, tras las emergencia de las fuerzas del cambio (que aspiran a transformar sustancial la actual situación social y política) y la de recambio (que con viejas piezas tan solo quiere dejarlo todo igual),  es seguro que el PSOE, casi con independencia de como gestione su actual crisis, deberá acostumbrarse –como ya viene haciendo con no pocos malestares- a una situación en la que ocupará un puesto en el tablero político mucho menos relevante que el que ha disfrutado hasta ahora. Y, si su deriva liberal conservadora se acentúa, se arriesga a jugar un papel subalterno al PP, a convertirse en muleta del PP. 

Es seguro que esta situación del PSOE se verá agravada además por el sincero y profundo sentimiento común de pena y desaliento que cunde entre parte de su militancia y electorado «por lo que le han hecho a Pedrito». Es más, cabe la posibilidad de que ese electorado se decante en el futuro por las opciones de cambio. Está por ver y seguro que dependerá en buena medida de si las fuerzas del cambio son capaces de ocupar la centralidad -que no el centro- del espectro político. Pues, dicho sea de paso, una cosa es que un conjunto de posiciones y propuestas políticas constituyan el núcleo gordiano del debate y la cultura política de un país y otra muy distinta es que giren hacia el centro para parecerse a todas las demás.

Pero, dado el contexto canario desde donde escribimos, cabe dejar dicho que aquella misma situación de subsidiariedad del PSOE respecto del PP es la que también amenaza al PSOE canario desde hace tiempo, si bien en este caso en relación  con Coalición Canaria. De hecho, su acceso al gobierno y a muchos otros espacios de poder político ha dependido en gran medida de la voluntad de Coalición Canaria. Sin duda, esto mismo es lo que está ocurriendo en la actualidad tras la enésima crisis a que CC ha sometido a las principales instituciones político-representativas canarias. Sin embargo, esto es harina de otro costal y merece una reflexión que habremos de dejar para otro momento.

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