María Graciani dirige la nueva versión de 'El Cascanueces'

MADRID, 30 (EUROPA PRESS)

El Ballet de Madrid presenta a partir del próximo 1 de junio en el Teatro Nuevo Apolo de la capital una nueva versión de 'El Cascanueces' de Tchaikovsky, escrita y dirigida en esta ocasión por María Graciani y estrenada por primera vez en 2005 en el Palacio Euskalduna de Bilbao.

'El Cascanueces', escrito originalmente por Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, se nutre de los recuerdos que el tiempo nos dejó en la memoria. Aquella época inolvidable en la que los juguetes eran una parte importante de nuestra vida. Escrito en una prosa poética, narra el mundo de los sueños y las pesadillas.

La compañía se ha decantado por una puesta en escena novedosa que introduce dos elementos revolucionarios: la palabra y el cine de animación. La palabra se pone en boca de los personajes y los versos hablados entran en la partitura como lo hace el canto en la ópera. Los bailarines interpretan la coreografía de Pascal Touzeau sobre la música y la palabra.

Así, el libreto se va desarrollando a través de tres canales diferentes: la banda sonora compuesta por la música de Tchaikovsky y la prosa poética de María Graciani; las escenas coreografiadas por Touzeau; y la proyección de la película de animación.

SALIR DE LOS CLICHÉS

Para el coreógrafo francés responsable de esta pieza, “la complejidad inicial para coreografiar esta nueva versión del clásico 'Cascanueces' fue la dificultad de unir y traducir la palabra y la música con la danza, es decir, con la mecánica del movimiento. Lo siguiente fue salir de los clichés de este ballet clásico”.

La idea era “traducir la danza española sin poner todo el énfasis en el tono flamenco. Dar a la danza árabe el glamour que se merece la composición musical a la vez que el virtuosismo a las danzas polichinelas hasta llegar al 'grand pas', en el que la estructura puramente clásica se ha respetado, siendo la coreografía una extensión del original”.

Touzeau considera que la teatralidad del primer acto se desarrolla a través de una narrativa contada ya a partir de la sensibilidad de la música. “Esta sensibilidad conduce al movimiento que a su vez, traduce la situación. La unión de todos estos elementos provoca que la comunicación de los personajes nos cuente la historia de una forma tridimensional y no lírica. Los bailarines hablan como los mudos, con un lenguaje que todos podemos entender. De ahí que este ballet sea comprendido y aplaudido desde el público que tiene más cultura dancística al que menos. Desde el público más joven al más adulto”, explica.

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