En la semana del derbi

La confianza da asco. Recibí de mi director el encargo de hacer una entrevista a José A. Alemán en pleno fin de semana. “Presenta su libro el lunes 24 y deberíamos darle el realce que se merece”, escuché al otro lado del teléfono. La confianza da asco, digo, porque colgué el aparato y marqué de inmediato el número de Pepe. Tenía sólo una semana por delante para cuadrar agendas en días tan intensos. No sólo por la actualidad que devora y cambia planes al instante, sino por esa otra cita impepinable que obliga a desplegar más actividad de la corriente en cuanto se enfrentan en un campo de fútbol UD Las Palmas y CD Tenerife, además de mi constante sospecha de que en el día menos propicio (para mí), algún juez empiece a repartir a las partes las ídem ya no secretas de su sumario.

Decidí citarme con Pepe el lunes 17. “Mi primera pregunta será demoledora, prepárate”, fue lo último que le dije antes de cortar la comunicación. Enfilé con Quique Curbelo la Circunvalación rumbo a Tafira con la idea de las últimas conversaciones con el autor de La ciudad del vacío (2007), cuando, como muchos otros que ya me he enterado, intentaba corrobar en la mejor fuente de todas si este o aquel personaje de la novela corresponden, como sospecho, a esta o aquella persona real que aún rodea nuestras vidas. Tanto muertas -que me parecían obvias- como aún vivas, para escarnio y recochineo. “Oh, pues no entiendo por qué...si es una ficción”, me remata ahora el autor con más rechifla.

Con aquella idea iba a la entrevista porque de otras muchas conversaciones con el escritor y periodista supe que, tras publicar La ciudad del vacío -con evidente vacío a la difusión de la novela en muchos círculos de poder actuales-, tenía entre manos una serie de relatos siempre varados en su Puerto Escondido, donde se desarrolla con calco “laspalmense” [hay que joderse con el sustitutivo de canario de Las Palmas, maestro] la ficción no tan ficticia que recorre, con lucidez y cierto resquemor, el último medio siglo isleño. Dejando a más de dos, escondidos tras su personaje, con las vergüenzas al aire.

Al llegar a su casa y ver en la Sala Manolo Padorno cajas llenas de Entender Canarias caí en la cuenta de que, realmente, mi primera pregunta iba ser demoledora: “¿De qué va esto, Pepe?”. Me dieron ganas de coger un taco, retarle al billar y pasar del encargo de mi jefe. ¡Iba a hacerle una entrevista sobre su último libro sin habérmelo leído! “Muy sui géneris”, me espetó ya entrados en conversa en la barra de su salón, sólo cafecito mediante. “¿Y por qué no te lees el libro y escribes lo que te de la gana?”, dijo con tono de pasar a menesteres más mundanos. Lástima de lunes con El Zarcillo cerrado.

Ya de regreso al Puerto volví a caer en la cuenta de aquellas conversaciones del invierno, al calor de mi interés por escarbar más en La ciudad... Alemán me había hablado no sólo de otros relatos escondeños en ciernes, sino de un ensayo particular de la historia nuestra “que mucho tiene que ver con esto”, me decía señalado a un ejemplar de La ciudad...Pero fue en un tiempo en que, como relata en la entrevista “sui géneris” el autor, todo el trabajo se la había ido al garete por apretar una tecla incorrecta (imagino que habrá sido eso lo que esconde su afirmación de “accidente informático”) y, caliente como un macho, no quería saber nada de Entender. Hasta que en marzo se puso otra vez delante del ordenador.

Por mi parte, empecé ese lunes [a] Entender Canarias al tiempo que daba forma a la entrevista “sui géneris” y su apoyo sobre la edición -del que he sido parte cargante hacia esos circuitos paralelos- sin terminar el libro, sin poder extraerme de mis recurrentes piques en Marca a cuenta del derbi y mucho menos de la actualidad devoradora del tiempo. Loca academia de periodismo. Pero este viernes previo al derbi que ya me convierte 100% futbolero al menos por las próximas 24 horas le ha dado el último carpetazo a la obra que este lunes 24 presenta José A. Alemán en el Gabinete Literario (20:00) con Faustino García Márquez de maestro de ceremonias. Y en parte he entendido muchas cosas:

Como un espejo traductor de 'La ciudad del vacío'

En Entender Canarias se entiende buena parte del contexto en el que se desarrolla La ciudad del vacío. Con su declarada visión particular de la cosa nuestra, Alemán ha hecho un trabajo recopilatorio de gran valor como manual de consulta para cualquiera de los tiempos desde el legendario viaje de Lancelotto Malocello (1320 o 1230, según las fuentes) que resituó a las Islas en el mapa, y recorre de manera estructurada y con continuidad -da saltos obvios en el tiempo según el tema a tratar, ya sea las relaciones con África y América, el acervo económico o el pleito insular- “este rollo de Canarias”.

Están ahora escritas negro sobre blanco, con mayor profundidad y detalle histórico algunos hitos que otros, las impresiones tantas veces compartidas en otras tantas charlas desde que nos reencontramos manga por hombro en aquel intento fallido de convertir Anarda (1999-2000) en una segunda oportunidad de lo que para su generación y la anterior a la mía fue Sansofé (1970-1972). Salvando las distancias pero con censuras capitalistas de por medio igual de feroces en la Dictadura que en la Democracia.

De ahí que de la lectura de Entender... con la suerte de conocer al autor extraiga una conclusión a bote pronto: Alemán se ha ido a los orígenes de nuestro ser y estar en el Globo para argumentar el fracaso de Canarias como unidad de destino en lo particular. Tal y como han querido los padres de la Patria, ya fueran del XIX, del XX o del XXI, articular siete realidades bajo una única visión. O a lo sumo dos, si tercia por medio la Provincia Única o la Provincia Dividida. De ahí que profundice y sea mucho más subjetivo a la hora de analizar tiempos no tan remotos -desde los años 60 del siglo pasado a las puertas de este Paulinato; también fue el tiempo que le tocó vivir y soñar a pie de obra- que etapas también cruciales de las Islas que, a su vez, han determinado desde hace 200 años la deriva actual. El primer pleito insular (2000) reeditado ahora en Entender Canarias es buen ejemplo.

En mi caso, la lectura de Entender Canarias en plena semana del Las Palmas-Tenerife añade guasa a la cosa nuestra. Es como el remate en bandeja a la idea de que la Autonomía de 1982 reproduce esquemas centralistas de la Provincia única del XIX o la dividida de 1927. Y que a Gran Canaria, aunque nunca supo o quiso liderar un movimiento que desarrollara a las islas y captara para su causa al resto sin el corsé del centralismo de Madrid o Santa Cruz, siempre le ha ido mejor sin estar sometida a estructuras administrativas que no maneje desde su propio espacio físico. De ahí que se limitara a aspirar a la reproducción oriental de ese corsé bajo su mando desde la Ciudad de Las Palmas.

¿Que qué tiene que ver el derbi en todo esto? Pues que sólo desde el declive grancanario de los últimos 20 años los UD-Tenerife han alcanzado el rango institucional de parálisis total del Archipiélago, medios de comunicación autonómicos de banderín de por medio. El fútbol, como principal expresión del ocio contemporáneo, es reflejo de la sociedad. Antes, a la UD le bastaba paralizar a todas las Islas cuando le plantaba cara al Real Madrid dos veces al año...

P.D.: La confianza, que da asco, me impide divulgar qué vientos y rumbos tomarán los próximos cuentos escondeños del autor que, sin embargo, no llevarán por título referencia alguna al gentilicio ficiticio con el que empezó a trabajarlos para sus próximas publicaciones paralelas.

P.D. II: Pepe, El Zarcillo abre de martes a domingo.

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