Lee esto bien porque 9 de cada 10 personas no tienen clara la diferencia entre emprendimiento y startup

Emprendimiento startups

Este canal sobre emprendimiento innovador y startups nació en abril de 2022 y su audiencia no ha parado de crecer. En tres meses hemos triplicado tanto el número de páginas vistas como de usuarios, y los lectores internacionales -hemos creado versiones idiomáticas en inglés y francés- son ya un 30% del total.

Hemos entrevistado ya a varias decenas, más de un centenar, de cargos públicos en instituciones o especialistas en emprendimiento y podríamos decir sin temor a dar un dato muy erróneo que 9 de cada 10 entrevistados no tienen clara la diferencia entre un emprendimiento y una startup. Así que vamos a explicarlo.

El autoempleo o emprendimiento tradicional aspira a un ámbito de mercado solo local, con baja o nula digitalización, con modelos de negocio no escalables (o difícilmente escalables), que por lo tanto no atraen inversores privados, que obliga a la financiación propia del emprendedor/a o en su caso a contraer deuda bancaria (que se convierte en un pasivo), que tradicionalmente o no genera empleo (más allá del emprendedor/a) o éste es de baja calidad, que se construye en un contexto de soledad o con escaso acompañamiento (fundador/a en solitario), con escasa o nula investigación del mercado y validación de la idea emprendedora.

Por todo lo anterior, estadísticamente se ha demostrado que cuenta con altas tasas de fracaso (se estima que 5 de cada 10 emprendimientos fracasan antes de los 3 años). Es un sistema de emprendimiento que genera frustración personal y social, como comunidad autónoma y como país.

Por el contrario, y alineado con la visión “España Nación Emprendedora”, el emprendimiento innovador o startups, es el tipo de emprendimiento que aspira a un mercado global, con base en internet y/o media o alta digitalización, con modelos de negocios escalables, que por lo anterior sí atrae inversores (privados y públicos), que obtiene o aspira a obtener financiación externa que se convierte en un activo (no es deuda o pasivo), que tiende a generar empleo de más alta calidad, que se construye en una comunidad o ecosistema.

En este enfoque, se promueve la generación de equipos con conocimientos y capacidades complementarias, con unas metodologías ya probadas que promueven aprender a corregir rápidamente los errores (con los menores costes y en el menor tiempo posibles). Las tasas de error sobre las ideas de negocio iniciales son también altas, pero se aplica la metodología de pivotar o cambiar de enfoque hasta alcanzar un adecuado encaje entre producto y mercado. Si se abandona el proyecto, los daños personales (frustración, tiempo y dinero perdidos) son menores que en el emprendimiento tradicional.

De acuerdo con los cálculos del INE para 2020, el 99,23% de las empresas españolas no llegan ni a la definición de mediana (entre 50 y 249 empleados); y un 82,81% tienen a menos de tres personas en plantilla, un factor decisivo a la hora de que los emprendimientos cierren: se emprende en soledad, no en un ecosistema.

Un importante cambio regulatorio: la ley de startups

Con fecha de 27 de diciembre de 2021 se ha publicado en el Boletín Oficial de las Cortes Generales el Proyecto de Ley de Fomento del Ecosistema de las Empresas Emergentes, que fue presentado en el Congreso el pasado 13 de diciembre de 2021 para iniciar su tramitación parlamentaria, una ley que previsiblemente entrará en vigor en el último trimestre de 2022.

Tal como describe la exposición de motivos del Proyecto de Ley, popularizado más ampliamente como Ley de Startups, “en los últimos años, el emprendimiento basado en la innovación va ganando espacio, empujado por el éxito de las empresas digitales que nacieron de pequeños proyectos innovadores, del acceso a un caudal inmenso de conocimientos y datos en Internet sobre los que pueden desarrollarse nuevos productos y servicios y por el avance en los conocimientos científicos y técnicos que hacen posible transformar los resultados de la investigación en empresas viables”.

“Esta nueva economía basada en el conocimiento supone una palanca importante de crecimiento y prosperidad, al basarse en actividades de alto valor añadido, tener un alto potencial de crecimiento gracias a la escala que proporcionan los medios digitales, promover la investigación, el desarrollo y la innovación y desarrollar nuevos productos y servicios que facilitan o mejoran procesos sociales, económicos, medioambientales o culturales”.

En una economía cada vez más globalizada e interdependiente y con un peso creciente de las empresas de base tecnológica y del trabajo a distancia con medios digitales, cobra cada vez más importancia la atracción de talento e inversión mediante la creación de ecosistemas favorables al establecimiento de emprendedores o trabajadores a distancia, conocidos como «nómadas digitales», a la creación y crecimiento (scaleup) de empresas innovadoras, basadas en el conocimiento, de base digital y rápido crecimiento, conocidas como empresas emergentes o startups y a la atracción de inversores especializados en la creación y crecimiento de estas empresas, también conocidos como business angels.

Con el fin de reforzar este ecosistema incipiente y de impulsar este tipo de empresas como uno de los motores de la recuperación y la modernización de la economía española, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia incluye la Estrategia España Nación Emprendedora, con un conjunto de medidas específicas en el ámbito fiscal, mercantil, civil y laboral alineadas con los programas de los países más avanzados y con los estándares europeos en la materia, en particular el recientemente suscrito estándar europeo nación emprendedora (EU startup nation standard).

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