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Angela Merkel tiene un plan; la ministra Ribera también

Huelga mundial de estudiantes por la salvación del medio ambiente. “Basuraleza”, un palabro que ya circula

La Península Ibérica, posible primer desierto europeo

El alcalde de Madrid, con Vox: niega la violencia de género y rechaza el “feminismo del 8-M 

Otura (Granada): ¿Reina o Sultana de la Fiestas?

FINLANDIA ELECCIONES EUROPEAS

La canciller alemana Ángela Merkel EFE

El pueblo de Otura está casi metido en Sierra Nevada, a unos diez kilómetros de Granada, distancia que no impide a sus seis o siete mil habitantes oír la campana de la Vela instalada en lo alto de la Alhambra para que su sonoro volteo recuerde al aire la conquista de la capital nazarí por Isabel y Fernando.  

Tiene Otura alcalde socialista y su cuota de Vox a la que no gustó que los vecinos quisieran de reina de las fiestas patronales a una muchacha de 16 años de ascendencia marroquí. Deben temer que con el embullito enralado que se traen cambien el título de Reina por el de Sultana, intolerable pretensión contra la que exigirían la aplicación del 155; aunque de momento, mientras llega el caso, se han limitado a denunciar el asunto en las redes sociales; sin resultados, lo que pudo llevarles a sospechar si no estarán las redes infiltradas de ladinos comunistas que han encontrado en las redes nuevos echaderos desde los que hostilizar al Occidente cristiano siguiendo las directrices de la Internacional judeo-masónica aliada con una comisión de socios del Barça, que también quiere romper España..       

Pero resultó ser que la muchacha es española, nacida en España y ha vivido siempre en Otura, lo que llevó a los ultras, defensores de las esencias patrias sin mezcla de excelencia alguna, a afirmar a regañadientes que el comportamiento de los camaradas del pequeño pueblo granadino no se corresponde “con la línea política y el ideario de Vox” del que ha hecho gala Javier Ortega, de los Smith de toda la vida que debe considerar legítima línea política la malcriadez de rebajar en plena calle a su socio Martínez-Almeida, alcalde de Madrid. El hombre había previsto un minuto de silencio en memoria de la vecina asesinada días antes por su pareja y el dicho Ortega se le plantó ante el Ayuntamiento, al frente de tres concejales y una concejala, a pasarle por las narices una pancarta con el eslogan “la violencia no tiene género” en abierta y muy varonil rebelión (de género, of course) contra la RAE que en su Diccionario le otorga el masculino a tan traído y llevado término; “género”, o sea. Debió Orteja ir a protestarle a la RAE pero interesaba a su línea política poner en evidencia que el alcalde Martínez-Almeida es un patito cojo, el pobre.

Vox boicotea en Madrid el minuto de silencio contra el último crimen machista con una pancarta con el lema 'La violencia no tiene género'.

Vox boicotea en Madrid el minuto de silencio contra el último crimen machista con una pancarta con el lema 'La violencia no tiene género'. David Arenal / Más Madrid

Les dije que el alcalde autorizó un minuto de silencio en memoria de Adaliz Villagra, asesinada días antes por su ex pareja. Pero Ortega quiso atribuir la idea del recordatorio a la izquierda desatada desde que el Centinela de Occidente dejó vacía la garita. Quiso, pues, para mostrar a Almeida como un papafrita, de lo que es tan consciente el interesado que no se atrevió a afearle a Ortega por la muerte de un ser humano y el destino de las huérfanas; todas mujeres, claro; se limitó a quejarse de que no le avisara de la que preparaba recordándole que él compartía sus puntos de vista ya que, como él, rechazaba el “feminismo del 8-M” y que al igual que él no creía en la violencia de género. Poco faltó para que se pusiera detrás de la pancarta. Lo que no fue necesario pues el sulfuroso Ortega Smith consideró logrado el objetivo sulfúrico de transmitir que es Vox quien manda en el Ayuntamiento. Llegó a decir que se la sudan las estadísticas sacadas a colación por el alcalde en temerario arrebato: para Vox no es preocupante que el número de mujeres asesinadas en los últimos años supere el millar y encabece las estadísticas por violencia asesina. Ni le dice nada, añadiría, que semejante incremento vaya al compás de la extensión de las reivindicaciones femeninas de igualdad.       

En resumidas cuentas: para el alcalde de Madrid fue un mal entendido que sus socios, a los que debe la alcaldía, se plantaran en la plaza del Ayuntamiento y que todos lo vieran a él como a un interino bobilín puesto para guardarle el sitio al pacto de la derecha insultona y gallina de Casado y Rivera con la corriente energuménica de Ortega crecido dos o tres cabezas sobre él abajo y gesticulando con sordina dentro  de una botella chiquita. Diría que en Madrid manda Vox y que se verá cuando llegue el trance de debatir los presupuestos. 

Diréles, por último, que Javier Durán se quedó corto al comentar el numerito madrileño en otro de sus buenos artículos en La Provincia: acertó al considerar a Vox un flemón que le ha salido al PP, pero no debió callar que se trata de una afección más grave.  

Sobre la movilización en defensa del planeta     

La creciente movilización mundial contra el cambio climático y la “basuraleza”, palabro que comienza a utilizarse, puede alcanzar una nueva cota esta semana con la celebración en la sede neoyorquina de la ONU de una nueva cumbre del clima apoyada en manifestaciones de ámbito planetario dominadas por las generaciones jóvenes y menos jóvenes implicados en una lucha de supervivencia que han puesto en la picota a la caterva de políticos que padecemos. 

Y tienen razón. Desde 1992, cuando se alcanzó un convenio-marco en la materia, hasta hoy, la situación ha empeorado hasta el punto de que en Cumbre climática de 2015, en París, ya se estableció la imposibilidad de alcanzar los objetivos propuestos si continuaba la destrucción del medio al  ritmo que traía. La meta fijada fue conseguir que en 2100 la temperatura haya aumentado menos del 1,5% respecto a los niveles preindustriales, algo imposible sin cumplir los compromisos.  

No viene mal recordar que la carta “fundacional” de estas inquietudes tiene ya 220 años como mínimo. Y la firmó Alexander von Humboldt al advertir que la actividad humana estaba destruyendo el planeta. La gran aportación de Humboldt a la Ciencia fueron sus indicaciones acerca de la íntima interrelación de todos los elementos de la  Naturaleza y la advertencia del peligro que la acechaba. Sin olvidar por mi parte, para que no se quejen los narcisos vecinos, los seis días de su estancia en Tenerife y el garbeo por La Graciosa, dicho sea ahora cuando por fin se ha reconocido que también es una porción de tierra rodeada de agua por todas partes. 

Común denominador de la defensa del planeta es que son mayoritariamente protagonistas los jóvenes estudiantes a los que toca pagar los excesos de las generaciones precedentes, desde mediados del siglo pasado a hoy en que cada día es más complicado revertir el proceso. Y en cuanto a la Cumbre neoyorquina se cree que la UE jugará un papel destacado por más que sufra el bloqueo a sus iniciativas de Hungría, Estonia, Polonia y la República Checa debido a su extrema dependencia de los combustibles fósiles. Por lo que a España se refiere, es sabido que la Península Ibérica es candidata a ser el “futuro desierto de Europa”. Hay pruebas de que por ahí vamos y si el Sáhara fue un vergel ¿por qué no se admite que el fenómeno de la desertización se activó hace ya unos cuantos años y se prepara a saltar la charca mediterránea? Deberíamos preguntarle al primo de Rajoy. 

Muchos gobiernos le han visto las orejas al lobo y alguno ha entrevisto la manera de tirarle de ellas. No es preciso relacionar aquí las consecuencias del cambio climático y la acumulación de “basuraleza” en cantidades ya insoportables. Nadie ignora la gravedad del problema aunque a los negacionistas les tenga sin cuidado y sigan campando por ahí políticos negligentes o interesados en que nada cambie. Y tengamos que soportar a sujetos como Trump o Bolsonaro que son de echarles de comer aparte rolos de plataneras.

En relación a la cumbre mencionada los periódicos han publicado la  foto de una niña, quizá Greta Thumberg, junto a una pancarta con mensaje: “Nuestro planeta está siendo envenenado por los beneficios”, dice. Una afirmación que ya no niegan ni quienes trabajaban para impedir circular  informaciones de actividades dañinas para el medio ambiente y la conservación del patrimonio arquitectónico o natural. Lo que no quiere decir, si de especies hablamos, que se haya extinguido la de estos sujetos de los que lo único bueno que puede decirse es lo mal que tienen seguir con su oficio de sicarios.   

Alemania abre la marcha ¿Y España?

El convencimiento de que nos hemos pasado con el maltrato al medio, que la derechona española califica de invención izquierdosa para molestar, llevó a la coalición que gobierna Alemania a articular un plan de 70 medidas, con una inversión de 54.000 millones de euros, que deberá permitir reducir para 2030 las emisiones de gases a la atmósfera en un 55% respecto a los niveles de 1990. Según Angela Merkel, el plan implica un endeudamiento que no afectará al equilibrio presupuestario. Las medidas son de apoyo a la investigación y el desarrollo con incentivos que refuercen la posición de Alemania como “proveedor de innovación” y le permitan liderar el mercado de “tecnologías climáticas”. Trata de reactivar la economía alemana y su industria con la misma filosofía de obtener beneficios aunque trate de hacerlo por otras vías más racionales que no por eso dejan de poner por delante el beneficio, los negocios. Será por eso que no ha convencido a los ecologistas que han calificado el plan de insuficiente sin llegar a ponerlo a parir. Motivos para desconfiar no faltan pero tampoco conviene descartar que suene la flauta..  

No es difícil advertir cuanto preocupa a la coalición gobernante de conservadores y socialdemócratas el fuerte ascenso de la intención de voto a Los Verdes reflejado en las encuestas. Se detecta en Alemania y no solo en Alemania una sensibilidad política nueva que obliga al  Gobierno a determinar la viabilidad de la propia coalición en el futuro, si sigue siendo útil, si es preciso reformarla, ampliarla o explorar otras formas. Todo derivado, en buena medida, de las exigencias de la creciente conciencia ecologista sobre lo que está en juego. 

El plan tiene lógicamente claros objetivos políticos y sería del género tonto no dar por sentado que los alemanes querrán imponer en la UE planes similares al que acaban de presentar. Por un lado no van a renunciar a su preponderancia en la organización europea y no sería para ellos plato de gusto retroceder en el ranking de las primeras economías si hay países miembros de la Unión que opten por formas de producción menos cuidadosas, por la explotación desatentada de sus propios recursos o la adquisición de materias primas en países con regímenes poco escrupulosos que no se anden con requilorios. En cualquier caso no deja de ser positivo que una primera potencia sienta la necesidad de actuar contra el cambio climático que lleva camino de convertirse en una de las claves de las relaciones internacionales. 

En cuanto a España, más que posible primer desierto europeo como nos descuidemos, sé que Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica, elaboró un plan para contribuir a elevar el valor añadido de la economía española y a potenciar el empleo de calidad, seguramente en términos parecidos al presentado por Merkel. Un plan que ha quedado en nada a causa del bloqueo político que no acabará con las elecciones del 10 de octubre sino que continuará sin permitir arrancar al país antes de comienzos de 2020. Si es que arranca, todo hay que decirlo. 

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