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Clavijo clavó un clavito

Aquí el presidente … ¿Está el diálogo? Que se ponga

Clavijo clavó un clavito, ¿qué clavito clavó Clavijo?, el clavito que Clavijo clavó era el clavito de Clavijo. ¿O era Pablito? Bueno, da igual. El caso es que Fernando Clavijo Batlle, presidente del Gobierno Autónomo de Canarias, perteneciente al partido nacionalista Coalición Canaria - con un solo diputado en funciones en el Parlamento Español, Ana Oramas, - se ha propuesto clavar una pica en Flandes, lo cual, como todos ustedes saben, significa llevar a buen puerto algo complicadisimo de realizar. ¿Cómo juzgar a Clavijo por 8 meses en el sillón si 20 años no es nada? Eso sí, esos 8 meses, significan exactamente el 3,3% del tango de Gardel. No fue preparado el presidente para los barrios malevos ni los ambientes porteños. Ni llevaba gomina, ni tenía ese tumbao que tienen los guapos al caminar, ni se le vio navaja alguna por ninguna parte. Todo lo contrario. Si la presidenta de la Cámara le había dado 100 minutos, cinco más de los que establece la ley y, encima, le había comentado sonriente que sería muy magnánima con el tiempo, Clavijo optó por el 'buen rollito', que plasmó en una constante llamada al diálogo, al consenso, al trabajo en equipo y Fuenteovejuna todos a una. En menos de 60 minutos, se liquidó el discurso y hubo piropos para todos los partidos políticos, que esta tarde comenzarán a decir lo que tengan que decir si es que tienen que decir algo.

No voy a cuestionar ahora – sería de una irresponsabilidad inaceptable – que el presidente del Ejecutivo regional no tenga una buena voluntad con respecto a Canarias. Sería infame que así fuera. Pero tampoco voy a obviar el contexto en el que se produce su discurso que, para mi, parte de un error tremendo, profundo y fundamental. Fernando Clavijo llama al optimismo y al talante zapaterino – uno de los líderes del partido con el que gobierna – desde el convencimiento de que la crisis ha terminado. Y eso no es así de ninguna manera. España sufre un problema estructural de tanto calado que cualquier tópica utilización de la palabra cambio no significa otra cosa que voluntarismo sin análisis ni prospectiva alguna. Ya se encargarán otros comentaristas de analizar esas iniciativas concretas que - señala el presidente - en estos ocho meses han sido puestas en marcha y que, de paso, Clavijo las ha anunciado, aunque con la boca chica, dejando caer que los gobiernos anteriores no las abordaron. Pese a que también los antecedentes fueron ejecutivos de Coalición Canaria ora con el PSOE ora con el PP. Es decir que parece que dijo, y creo que entre líneas lo dijo, que también el nacionalismo de CC va a sufrir modificaciones. Porque antes no hizo lo que debería haber hecho y ahora sí que va a hacer lo que hay que hacer.

No es la política un acto de fe, aunque los políticos siempre pretenden fe ciega cuando de las urnas se trata. Las propuestas siempre son de futuro y ahí está el denominado 'regimen del 78' para ver que pocas veces se cumplen. Pero también es cierto que una gestación normal dura nueve meses y Clavijo ha ido al Parlamento en plan ochomesino, con unas declaraciones previas que ya anunciaban lo que habría de acontecer: no es hombre “de soluciones mágicas ni de medidas estrella, sino de trabajo diario, como una hormiguita". Es decir, algo parecido a lo de Aznar y Soria con la lluvia fina. Diálogo, diálogo y más diálogo. Luego, consenso. Luego, todo lo contrario de lo que está ocurriendo en España. Por ello, como el presidente de la nacionalidad quiere “un Estatuto de última generación, como se merece Canarias”, apuesto por mirar al bosque sin distraerme en unos cuantos árboles concretos. Lo que pase en Madrid será decisivo para el Archipiélago.

Clavijo, que comenzó su intervención con una prosa virgílica, quiere a todo el mundo. Y quiere dejarse querer. Así, guiña el ojo del acuerdo. No quiere líos. Clavijo adora a todos los grupos políticos y también a todos “esos héroes anónimos” que pueblan esta tierra de geografía discontinua. Tan discontinua que el Presidente teme que el Archipiélago se parta por el eje. Que se parta en dos. Por esa razón, también quiere a las islas menores. Lo tiene claro: en ocho meses se puede cambiar mucho y ocho meses es muy poco tiempo para mucho cambiar. Ese cambio es un tirabuzón que debe girar a las islas 180 grados. Y tiene muchísima razón cuando señala: “Todos estamos de acuerdo en que los objetivos son los mismos”, cosa que no obstante también sabían en Mesopotamia e incluso en Palmira antes de que el ISIS en nombre de Allah dejara aquello hecho un Cristo. El 27,6% de los ciudadanos que están en la pobreza quieren salir de ella. El 27% que conforma la exclusión quieren incluirse y el 26,75% que pasa los lunes al sol quiere un trabajo. La política, más que nunca, es paradoja. No va a ser demasiado problema sanear la cuestión, dado que para Fernando Clavijo “la crisis económica se acerca al fin de sus días”. Probablemente, no habrá leído el último informe de la OIT, ni las conclusiones de la cumbre de Davos, ni habrá escuchado a la presidenta del Fondo Monetario Internacional ni al presidente del Banco Central Europeo.

Ahora o nunca. Es preciso “diversificar la economía”. Una frase que escuché cuando pisé por vez primera una Redacción al salir de la Universidad para cambiar el mundo y antes también de atender a los cantos al turismo de calidad, la tricontinentalidad, el puente entre tres continentes, los chips, el comercio con África, la ultraperificidad ninguneada, etcétera. Y dijo Clavijo que ese arte diversificador de la economía “ha sido siempre un empeño de quienes nos precedieron”. Empeño fallido si se echa un ojo al patio. No obstante, la pica en Flandes que quiere clavar va a convertir a Canarias “en el mejor lugar de Europa para invertir”. Yo no comenzaría a tocar las campanas porque puede que sus tañidos se pierdan por el cañón como se fueron los sueños del ayer. Mejor, creo, es mantenerse atento al acuerdo que acaba de firmar Marruecos con el señor Putin y que, entre otras cosas, ha procurado un submarino de los más avanzados para la Armada de Mohamed VI, en un momento en que el contencioso del Sahara vuelve con rabia y fuerza. No obstante, atenderemos a Lesbos, Lampedusa y Malta.

Sin citarlo, Fernando Clavijo citó por dos veces a Albert Einstein, un señor que tenía el cabello cano y mucho más alocado, quién ya advirtió que no se puede conseguir resultados distintos haciendo las mismas cosas, cosa que es muy cierta y que es lo que han estado haciendo todos los gobiernos – las mismas cosas - desde la Carta Magna de 1978, que Clavijo llama Constitución y quiere cambiar con un diputado en el Congreso. Digo esto por si algún superviviente de Coalición Canaria se le ocurre atribuir la cita del matemático al Presidente canario y vamos a tener que gastarnos una pasta por no respetar el copyright. ¿Qué más decir? Poca cosa. Con ocho meses de Gobierno y con el talante clavijista sólo se podía esperar lo que se escuchó: ¡Help! Por ello, hay que agradecer a don Fernando que fuera más breve que Pipino y que anunciara, dejando atrás las estadísticas macroeconómicas, una Ley de Desarrollo y la gratuidad de libros de texto para las familias que no pueden costearlos. Por dos razones: porque necesitaremos de la Cultura para salvarnos y porque, en lo que respecta a la comprensión lectora, estamos a la cola de Europa. Obviamente, también es de agradecer que no usara la pantalla de plasma para su intervención.

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