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Emotivo homenaje a Luis Cobiella

El programa dispensaba al público asistente al Auditorio de Tenerife  una golosina del compositor palmero en forma de Cinco canciones para soprano y orquesta, con una magnífica orquestación del maestro Armando Alfonso.

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La OST, con Candelaria González y Víctor Pablo Pérez. Foto. Auditorio de Tenerife/ Miguel Barreto

La OST, con Candelaria González y Víctor Pablo Pérez. Foto. Auditorio de Tenerife/ Miguel Barreto

Con permiso de Gustav Mahler el protagonismo del concierto que el viernes ofreció la Sinfónica de Tenerife  fue para  el compositor Luis Cobiella Cuevas (Santa Cruz de La Palma 1925-2013), personalidad indispensable en la reciente  historia cultural de La Palma.

El programa dispensaba al público asistente al Auditorio de Tenerife una golosina del compositor palmero en forma de C inco canciones para soprano y orquesta, con una magnífica orquestación del maestro Armando Alfonso. Fue la soprano tinerfeña Candelaria González quien puso su magnífica voz al servicio de las canciones: Décimas del mar amor; Nana del Caballito; Nana para dormir la pregunta de Tchaikosky; Un cisne de ternura y Vengo de amores herido. La interpretación de la soprano fue precisa, emocionante y conmovedora. Imposible mejor elección para interpretar las canciones de Cobiella.

El público apreció la interpretación de las obras de Cobiella y premió a los interpretes con una prolongada ovación, correspondido con el reiterado saludo de la orquesta y de la soprano; mientras que el director, el gran Víctor Pablo Pérez, con una sonrisa de plena  satisfacción, enarbolaba las partituras del maestro palmero.

Nos imaginamos la emoción en el patio de butacas de Concha Capote, viuda  de Luis Cobiella, y  también de su hija María. Seguro que rodaron lágrimas por sus mejillas.

Sin posibilidad del descanso habitual que da para comentarios, chismorreos y refrigerios apresurados, Víctor Pablo Pérez dispuso a la orquesta para interpretar la   Sinfonía nº4 en Sol mayor de Gustav Mahler. Y lo hizo con la energía que le caracteriza recorriendo  los matices que contiene la obra y conduciendo a la orquesta a través de los cuatro  movimientos, dejando a los músicos exhaustos, posiblemente, por la dificultad de la creación, que tuvo otros dos momentos llenos de emoción: al interpretar la soprano la canción  Vida Celestial y  cuando las manos del director sostuvieron un silencio conmovedor como final de la sinfonía. La ovación del público fue atronadora.

A la salida tropezamos con algunos palmeros ilustres como el presidente del Cabildo de La Palma, Anselmo Pestana, o la diputada Guadalupe González  Taño, así como familiares de Luis Cobiella que no quisieron perderse la oportunidad de escuchar las obras del compositor en el Auditorio de Tenerife. Hicieron bien porque lo van a recordar por mucho tiempo.

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