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Aulas muertas frente a aulas vivas

Como profesional de la educación, pero sobre todo como madre, me parece necesario que indaguemos en los centros a los que acuden nuestros hijos e hijas para informarnos de cómo marchan las cosas y participar en los mismos.

Ayer, conversando con una amiga cuya hija había viajado con un programa de intercambio a Francia, tuve la oportunidad de conocer, desde las vivencias de esta persona, algunos aspectos sobre el sistema educativo francés.

Si bien es cierto que no podemos hacer generalizaciones con respecto a ningún sistema educativo y que, evidentemente, la calidad educativa varía mucho dependiendo de múltiples factores (incluyendo el propio concepto de calidad educativa), me gustaría hacer algunas reflexiones basadas en mi experiencia como madre de una niña que cursa educación secundaria, comparándolo con el testimonio de quien volvía de cursar su primer trimestre del curso en otro país.

Tampoco voy a caer en el manido fatalismo que aboga por defender que “todo lo de fuera es mejor”. Se trata de reflexionar sobre lo que aquí tenemos, desde lo local, lo cercano, lo accesible, para buscar mejoras. Tener otros modelos nos ayudan a progresar, nos dan cierta perspectiva y no podemos, ni debemos, renunciar a fijarnos horizontes de excelencia. Animarnos a evolucionar es nuestro deber y nuestro derecho.

Surgen pues tres aspectos de aquel sistema que, sin entrar en análisis mayores, considero que en nuestro centro podrían mejorarse y que, curiosamente, están directamente relacionados. 

Motivación del alumnado; docencia basada en la práctica y medios tecnológicos del aula. 

Relataba esta joven que el alumnado de aquel centro de Francia acudía motivado cada mañana. Llama la atención que las aulas allí, permanecen abiertas para entrar o salir durante toda la jornada escolar y aun así nadie sale. Este hecho me asombra, puesto que por aquí los centros se cierran tras la llegada del alumnado a las 8:00 y se abren a las 14:00 en un intento de que, nadie se fugue de las aulas. De algún modo en nuestro sistema educativo hay que emplear métodos para evitar que si el alumnado ve una puerta abierta, salga corriendo del centro, lo cual indica el nivel de motivación que puedan tener en España, Canarias y en concreto en La Palma.

Otro aspecto que ella destacaba es que las clases eran eminentemente prácticas. ¿Influirán de algún modo estas metodologías en la motivación del alumnado a la hora de acudir y permanecer en clases cada día? Sin entrar a profundizar en temas pedagógicos y yéndonos a la simple lógica de la empatía, podemos reflexionar y ponernos en el lugar del alumnado del sistema educativo español (sistema en el que difieren mucho las buenas intenciones que hay sobre el papel, de la práctica real en los centros).

Para ello cierro los ojos y pienso en un alumno o alumna y trato de identificarme con él/ella para conocer mejor qué les ocurre y poder entenderles:  Me veo acudiendo a un lugar donde tengo que permanecer 6 horas al día (con la carga simbólica de saber que no puedo salir aunque quisiera) y con clases mayoritariamente expositivas (salvando algunas excepciones), de las cuales los temas que se trabajan no conectan con mi vida  y en las que, por lo general, no hay un esfuerzo por explicarme para qué pueden serme útiles esos contenidos. Siéndoles sincera, en estas condiciones no me voy sintiendo muy bien.

Parto del hecho de que los contenidos del sistema educativo español se adaptan a las necesidades de esta sociedad. Es decir, se supone que son aquellos conocimientos, habilidades o procedimientos que han sido seleccionados entre la mucha sabiduría que ha producido la  humanidad, porque serán necesarios para vivir. Por eso el sistema educativo se encarga de proporcionárselos a todos los ciudadanos y ciudadanas de este país por igual, para que todos/as contemos con esa base sobre la que edificar nuestra vida. ¿Eso es así?  ¿Están los currículos escolares sobredimensionados, distorsionados, obsoletos?

Dejando este tema de lado, que se supone que por el país vecino está superado, hablemos de los medios o herramientas que se cuenta en las aulas para la docencia. Aquí no podemos confundir la herramienta con el uso que se hace de ella. En el mundo en el que vivimos los ordenadores se han convertido en una herramienta básica e internet una fuente de información imprescindible. Ya nadie acude a una biblioteca a consultar una vieja enciclopedia, ahora buscamos en los medios digitales, en medio de esa gran maraña de información que hay en la nube. ¿Cuentan los docentes con esas herramientas para trabajar en el aula? A las alturas que estamos en nuestra civilización, ¿Están dotados los centros de nuestro entorno con las herramientas necesarias para ejercer la labor docente?  Lo cierto es que en este centro de Francia si, y además se hacía un uso equilibrado de estos medios ¿Tendrá algo que ver esto con la motivación a la que aludíamos y a la posibilidad de hacer las clases más prácticas y enseñar habilidades más que contenidos?

Las nuevas generaciones han sido socializadas en medios tecnológicos y si bien existe una gran contradicción entre sus beneficios y posibles inconvenientes, ya nadie debería poner en duda que son una herramienta básica de trabajo y que debe existir una profunda y metódica educación en el buen uso de los mismos, para contrarrestar en lo posible sus potenciales efectos adversos. Este es el gran reto al que nos enfrentaremos como sociedad en lo sucesivo y no deberíamos darle la espalda a tal necesidad.

Por tanto y para concluir, pongo en relación comparativa diferentes formas que hay de hacer las cosas en dos sistemas educativos distantes que además, tienen resultados académicos distintos. Otro aspecto que me gustaría resaltar es algo que  no se ve, pero se siente. También son sistemas educativos que tienen distintas formas de abordar el buen o mal vivir de esas personas que cada día son usuarias de este servicio público, el alumnado.

Como profesional de la educación, pero sobre todo como madre, me parece necesario que indaguemos en los centros a los que acuden nuestros hijos e hijas para informarnos de cómo marchan las cosas y participar en los mismos. Debemos evitar delegar ciegamente la educación de nuestros hijos e hijas. Éste debe ser nuestro profundo compromiso, adquirido por el amor que les tenemos y nuestros deseos de proporcionarles lo que es su derecho, una educación de calidad. Sin nuestra participación esto no será posible.

Ana Belén García Sánchez es pedagoga y pertenece a la comunidad educativa del IES Las Breñas.

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