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Luchemos por la supervivencia del sector primario

Si continua mermando la gente que trabaja en el campo y aumentando el número de consumidores, ¿cómo nos abasteceremos?

No es nada nuevo que el sector primario, (de donde se obtienen los bienes sin transformar procedentes de la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca),  viene reduciendo progresivamente su importancia dentro del global de su aportación al conjunto de la economía, tanto a nivel nacional, regional o insular, por distintas razones que más adelante tratare de explicar, cuestión que debería preocuparnos a todos, ya que entiendo se trata de un sector estratégico para el funcionamiento global de la economía a nivel mundial, así como no dejará nunca de ser, como bien dice la palabra “primario”, que es el primer eslabón productivo para el ser humano, del que luego independientemente de su valor cuantitativo se suman el resto de los sectores tradicionalmente utilizados en la macroeconomía, como son el sector secundario (industria)  y el sector terciario (servicios). 

A nivel orientativo cabe recordar que el nivel de ocupación del sector primario en los años 50 del siglo pasado era un 50% aproximadamente, en los años 80 se reducía a un 17,30% (fuente INE a nivel Nacional);  a finales de los 90 rondaba entre un 5-6%, en el 2010 apenas un 3,5%, siendo en la actualidad según datos contrastados un 2,20% del total (fuente ISTAC estos últimos datos referidos a Canarias), lo cual nos refleja una clara tendencia a la disminución de las personas en activo dedicadas a este importante sector primario, descenso que creo debe haber llegado a su punto más bajo, ya que de alguna parte deben salir los alimentos básicos que tomamos diariamente (leche, cereales, frutas, hortalizas, carnes, pescados, etc.), lo que irremediablemente nos hace estar  abocados a un excesivo nivel de dependencia del exterior (más del 90% en Canarias, según todos los estudios sobre este tema), ya sea de la Península o de terceros países (donde es difícil controlar si estos productos se producen con las suficientes garantías alimenticias que se exigen en nuestro país que los equiparen con los producidos aquí.

No obstante lo expresado anteriormente, es bien cierto que no solo este fenómeno de la reducción de la población activa agraria se produce en Canarias, sino también en el resto del país y casi toda la  Unión Europea (UE) donde los porcentajes de dedicación al sector primario se encuentran en similares parámetros a los canarios, siendo la tónica general de que a mayor nivel de industrialización del país, menor dedicación al campo, observando que países como Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Gran Bretaña, etc., tienen un peso especifico alrededor del 1% de su población activa agraria, mientras que los países menos desarrollados como Rumania 24%; Bulgaria 18%; Grecia y Portugal sobre un 10%, etc. Todo esto nos indica que a mayor riqueza de un país, menor peso tiene la aportación del sector primario, lo que se podría constatar también con los niveles salariales de los mismos, u otros indicadores similares (SMI, etc.).

Con estos simples y sencillos indicadores, es fácil constatar que uno de los graves problemas que tiene la gente dedicada al campo es su baja rentabilidad o productividad comparado con el resto de los sectores, sin contar con la dureza de su trabajo diario, largas jornadas laborales, bajos precios de sus productos (que sin embargo no nos explicamos cómo su precio se multiplica a la hora de llegar al consumidor, por dos, tres y a veces hasta cuatro veces sobre el inicial sin excesiva justificación ni grandes transformaciones); todos estos factores hacen que no resulte muy atractivo el dedicarse a este tipo de trabajos, con lo cual entramos en la dinámica que hablábamos anteriormente, el continuo goteo hacia abajo de la población activa agraria, lo cual deberíamos intentar frenar por nuestro propio interés (productos más frescos, mantenimiento del paisaje tradicional, menor impacto medioambiental con el transporte de mercancías, etc.).

Si continua mermando la gente que trabaja en el campo y aumentando el número de consumidores, ¿cómo nos abasteceremos? ¿Cómo solucionar esta ecuación?. Tema que daría para otra u otras reflexiones posteriores.

Pedro  Joaquín Tamés Romano (Ingeniero Técnico Agrícola)

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