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De cabras sacerdotisas sexuales, del Chivato Tántrico, de calabazas mágicas chinas…

Un amigo me regaló una cabra con ojos verdes. La había traído de una parte del mundo que no sé escribir su nombre. Me dijo que había pocas en el mundo como ella, y que me iba a deparar muchísimas sorpresas.

De cabras sacerdotisas sexuales, del Chivato Tántrico, de calabazas mágicas chinas, de piedras espanta fantasmas. De lo mejor de mi vida. 

Queridos amigos míos:  

La vida siempre ha sido buena conmigo, no porque siempre durante ella haya tenido  caminos de rosas - más bien han sido de todo lo contrario, de espinas-; lo ha sido, buena, porque siempre tuve otro sitio en el que estar cuando me arreciaban las tormentas. Cuantos más problemas he tenido, más se me  ha agrandado ese lugar que llevo dentro de mí. ¡Cuánto mayor ha sido el pinchazo con la espina, con más prisa me requerían en ese otro lado, en el que no hay dolor! Así, poco a poco, olvidándome, al caso, de este mundo real de espinas, he ido adentrándome en otro más real aún -en el que no se vive de manera mundana-, en lo mejor de mi vida. 

Piedra espanta fantasmas.

Piedra espanta fantasmas.

Un amigo me regaló una cabra con ojos verdes. La había traído de una parte del mundo que no sé escribir su nombre. Me dijo que había pocas en el mundo como ella, y que me iba a deparar muchísimas sorpresas. Le puse por nombre Ninnette - sí, con dos ‘enes, porque el nombre de su país lleva muchas ‘enes’-, por aquello de la obra de teatro, que siempre he disfrutado, de Miguel Mihura, ‘Ninette y un Señor de Murcia’. Todas los días a las seis de la mañana me levantaba a ordeñarla. Con la leche hacía yogurt y kéfir; como aún me sobraba leche, hacía queso con la denominación de origen de La Palma. Una de esas madrugadas en que la ordeñaba, se puso a hablar conmigo, pero no de cosas superficiales, de esas del tiempo o de la  moda, la política y la prensa amarilla; se puso a hablarme del sentido de la vida, y de que necesitaba conocer mundo y a sí misma. Al día siguiente, después de ordeñarla, continuamos con la misma conversación; voy a ducharme, y cuando salgo del baño me encuentro el desayuno puesto y a ella sentada, esperando por mí para seguir hablando. Al acabar, me dice que me recogía la casa y que si no me importaba que encendiese la televisión.

 Ninnette puso cadenas nacionales, y al día siguiente, ya hablaba peninsular correctamente. A los pocos días me llamaron por teléfono de la denominación de origen del queso palmero para preguntarme qué pasaba con la leche de Ninnette, que ya no sabía a leche palmera. Cuando se lo comenté a Ninnette, me preguntó qué ocurría por eso. Le contesté que al comer su queso  podríamos perder nuestra habla, y empezar a pronunciar las ‘ces’ y las ‘zetas’, y que en la denominación de origen estaban preocupados.

Mi vecino se fue a dar varias conferencias sobre La Graja Palmera y su capacidad de adaptación a los guiris que suben al Roque de Los Muchachos, al país ese del que no sé escribir su nombre, al país de donde mi amigo me había traído a Ninnette. Le regalaron una cabra de ojos verdes cuando lo llevaron de regreso al aeropuerto. Me llama por teléfono desde  el mismo aeropuerto diciéndome lo que le había ocurrido, y que es mal gesto en ese país rehusar los regalos; me pregunta que si a mí no me importaría hacerme cargo de ella. Le pregunto a Ninnette que estaba desayunando conmigo su parecer, me dice que le hacía ilusión, que así ella no estaría  tanto tiempo sola. Le dije a Ninnette que le  buscara un nombre. Me respondió que ya lo tenía, que había leído todos los libros de la biblioteca, y que el nombre femenino que más le gustaba era Lisette, pero con dos ‘eses’, es decir, Lissette; pues si el nombre de ella llevaba dos ‘enes’, el de Lissette, tendría que llevar dos ‘eses, y porque que además, el nombre de su país tenía también tantas ‘eses como ‘enes’.   

Cuando llegó Lissette a casa, todo lo que había aprendido Ninnette, hablar, hablar peninsular, leer y escribir, ella ya  lo traía aprendido (esto no es nada de extrañar, la mayoría de los inventos de la humanidad han ocurrido en un mismo tiempo, pero en distintos sitios, desde que el hombre, o el mono que fuere, descubrió el fuego ). Durante el tiempo que yo no estaba en casa se dedicaron a ver películas en francés. Aprendieron este idioma en una semana, el tiempo justo que tardaron en volverme a llamar por teléfono de la denominación de origen del queso palmero para decirme que el queso de la leche de  Ninnette y Lissette empezaba a saber también a queso francés. Al comentárselos a ellas, Ninnette se puso a bromear conmigo, me dijo qué iba a ocurrir ahora, que si el que comiese su queso iba a  hablar francés. Nos reímos un buen rato. Luego me dijeron que no me preocupase, que al día siguiente iba a venir un Chivato Tántrico, traído por mi mismo amigo, el que me había regalado a Ninnette, que vivía en El Mudo, Garafía, y que las iba a iniciar en la Sexualidad Sagrada. Una vez se convirtiesen en sacerdotisas sexuales, pensaban abrir una consulta en el pajero, después de arreglarlo, en donde anteriormente se alojaba Ninnette, y decirle ‘adieu’ al queso, que ya no iban a dar más leche. Me comentaron que este chivato lo trajo mi amigo del Nepal para dar placer a las cabras, para hacerlas felices, no para fecundar, pues ellos, los Chivatos Tántricos, solo eyaculan para dentro; y para iniciar en esta práctica tan antigua de la sexualidad a alguna cabra que esté preparada para ello. Ya sabéis, el maestro, el Chivato Tántrico en este caso, solo aparece cuando la  discípula está preparada.

Calabazas mágicas chinas.

Calabazas mágicas chinas.

Esa noche ellas quisieron que  pusiésemos una película antes de ir a acostarnos y que abriésemos una botella de Gran Reserva Microcosmos Brut Nature de Llopart. Elegí ‘Cuentos inmorales’ de Walerian Borowxzyk. La película son cinco cuentos eróticos, uno de los cuentos es una adaptación libre de la novela de Mandiargues, ‘La Marea’. Quisieron volverlo a ver tantas veces como botellas de Microcosmos nos bebimos. Después quisieron ir a La Playa de Las Cabras y representar las mismas escenas de ese cuento. Yo, a ellas, no les digo nunca que no a nada.

El Chivato Tántrico llegó en su Porsche Cayenne al atardecer del día siguiente, sábado. Trajo consigo una carne muy  especial cocinada por el mismo. Nos dijo que antes de la iniciación tántrica era bueno comerla con vino. Me preguntó qué vino quería yo que tomásemos. La probé, y le dije que Mibal Selección, Ribera del Duero, de Hornillos Ballesteros. Lo probó él, y me dijo que perfecto. Mientras comíamos y bebíamos nos dijo que yo podría asistir a la iniciación, y nos comentó algunos aspectos de ella, ninguno  más  de los que debíamos de saber. La iniciación se llevó a cabo en la Playa de Las Cabras y duró hasta el amanecer del domingo.

Ninnette y Lissette bajaron el lunes a primera hora a Santa Cruz. El Chivato tenía que hacer unas diligencias antes de regresar a El Tablado, y ellas aprovecharon para hacer con él todo el papeleo para darse de alta en el Ayuntamiento, Seguridad Social y Hacienda. Por la noche, al yo llegar a casa, ellas estaban preparando la mesa; me dijeron que abriese yo el  Mibal Selección, que había sobrado carne de la que había traído el Chivato, que era una carne con poder, y que no la debíamos de desperdiciar.

Después de cenar nos sentamos en el sofá a ver fotos. Se detuvieron en la de un amigo mío, que de niño fue fotografiado con su perro, Drack, un garafíano atípico, de color negro. Ninnette me preguntó por él. Le respondí que era el amigo que me trajo a ella desde ese país que tiene un nombre tan lleno de ‘enes’ y de ‘eses’, y el que trajo al Chivato Tántrico desde Nepal. Pues se le parece algo, me respondió.  Por eso me detuve ante esta foto, añadió. Miguel, ¿no es el mismo que te trae cosas de sus viajes, calabazas mágicas de la China, piedras espanta fantasmas de los alrededores de la tumba de Confucio?, me preguntó. Sí, Ninnette, el mismo que asaltó una televisión autónoma China, y que no se qué le dijo a los chinos, que no hay día que no deje de venir alguno a comprarme la tienda entera. Miguel, la magia que mueve las calabazas chinas y las piedras espanta fantasmas, es la misma magia que mueve las estrellas; la misma por la que hemos aprendido a hablar, leer, escribir, hablar peninsular, idiomas; la misma por la que nos hemos convertido Lissette y yo en sacerdotisas tántricas, en cabras sagradas de dos patas; la misma, Miguel, que nos ha acercado bajo este firmamento a ti y a nosotras, me recitaron las dos al mismo tiempo y muy cerca de mí.

 

Abrazos por El Lado del Corazón. Salud y Alegría Interior.

Las Cosas Buenas de Miguel                      

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