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Con el mar en la sangre

El joven arquitecto Jorge Henríquez Yanes, con el salitre en la venas por esos apellidos que forman parte de la memoria histórica y nostálgica de nuestra Isla, parece dispuesto a embellecer nuestro litoral.

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Hace algún tiempo cayó en mis manos el libro de Alberto Campo Baeza Quiero ser arquitecto. Estos días lo he recordado al saber que a nuestro joven arquitecto Jorge Henríquez, le habían otorgado el primer premio en el prestigioso certamen internacional Isarch, creado con la finalidad de distinguir a estudiantes y jóvenes de la especialidad en el marco universitario, dando a conocer sus aportaciones a la arquitectura del futuro. El trabajo galardonado Hotel escala para navegantes  es una propuesta para la regeneración del frente portuario de la bahía de Santa Cruz de La Palma. El propio Henríquez Yanes ha apuntado en una entrevista que este reconocimiento al proyecto realizado pone en valor la bahía de nuestra ciudad y el Monumento Natural del Risco de la Concepción y no deja de ser una oportunidad para su posible desarrollo. Así son los vocacionales de la arquitectura , en un grano de arena ven un mundo y en cada flor silvestre un paraíso. Henríquez Yanes, con el mar en la sangre y el salitre en la venas por esos apellidos que forman parte de la memoria histórica y nostálgica de nuestra isla, la construcción naval y su comercio marítimo, parece dispuesto a embellecer nuestro litoral, si es que lo dejan, con una estructura por la que fluye también la música de sus ancestros en la armonía de las formas. Henríquez y Yanes, dos apellidos que abrieron horizontes y que Jorge lleva con honroso orgullo y que como su padre, igualmente arquitecto, quiere construir sueños para disfrute de la gente.

En una ciudad como la nuestra, que todavía ofrece al visitante un conjunto urbano equilibrado y nada despreciable, aunque tiempo atrás algunos edificios rompieran su paisaje y actualmente nos hieran como una estocada recordándonos historias irreversibles de malas praxis, nos resulta grato que a un arquitecto joven con un toque de rebeldía en el diseño y aspirando a un cambio contra el mal gusto, le hayan otorgado este premio. Sabemos que distinciones tan tempranas abren  importantes y sugestivas interrogantes,  pues a partir de ahora las obras del arquitecto-artista serán juzgadas, analizadas y valoradas con un mayor nivel de exigencias por ese huracán humano que, cuando se pone crítico, acaba por devorarnos. No te rindas. Alimenta tus afanes y no entierres tus sueños. La sociedad, y ese es tu caso, también suele premiar a los hombres y mujeres que trabajan seriamente como tú has hecho. Con indeclinable tenacidad y un espíritu de superación bastante encomiable, has terminado la carrera y estás a punto de culminar un máster. Así es que esta distinción compensa el esfuerzo realizado con entusiasmo y la aventura de concursar en una prueba de creatividad internacional como Isarch, la primera huella de una profesión que pronto será la lógica del día a día. El frente de batalla de un trabajo que honra y que te ofrece la posibilidad de sobrevivir en el futuro.

Es verdad que en los tiempos que corren, la de arquitecto es una profesión difícil y compleja para la que hay que tener pellejo duro, capacidad de aguante y ser inasequible al desaliento.  Sobre todo, si como a tu padre te apasiona La Palma, una isla de perímetro limitado y reducidos horizontes. Una tierra cuya actividad inmobiliaria y edificativa tiene, y no me gusta exagerar, un tono más bien bajo. Por eso, esperamos que este éxito no sea flor de un instante. Ardo en deseos de ver expuesto tu proyecto. De intuir el interés que despierta y las probabilidades que existen de realizarlo. Ten paciencia. Sabes que planificar y construir es para toda la vida y ha de hacerse con la misma calma que la miel se derrama por el borde del tarro.

He visto en los medios algunas fotografías y he advertido que se trata de una arquitectura moderna que lejos de inquietar libera, al reinterpretar el paisaje del lugar, potenciándolo sin entrar en beligerancia con el entorno. Además, como bien dices, Jorge, podría ser una actuación estratégica, que permitiría destinar el actual espacio ocupado a otros usos que para La Palma suponen la apertura al turismo de cruceros. Un deseo acorde  con la función de la nueva arquitectura: arquitectura que se usa, arquitectura que se vive. Me consta que muchos ciudadanos de Santa Cruz de La Palma esperan tu obra para usarla y vivirla.

Julio M. Marante

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