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Entrevista

“El periodismo es una institución de la democracia, no solo una actividad empresarial”

El prestigioso periodista Paco Lobatón se ha desplazado a la Isla para impartir la lección inaugural del curso académico de la Uned. Considera que el actual papel de los medios de comunicación no se traduce en “una sociedad correctamente informada y sólidamente democrática”.

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Paco Lobatón pasa unos días en La Palma. Foto: LUZ RODRÍGUEZ.

Paco Lobatón pasa unos días en La Palma. Foto: LUZ RODRÍGUEZ.

Ve el futuro de los medios de comunicación desde un punto de vista “esperanzador”. El prestigioso periodista Paco Lobatón, que dirigió y presentó en los años 90 el conocido programa televisivo ‘¿Quién sabe dónde?’, que se convirtió en un fenómeno social, se ha desplazado a La Palma para impartir la lección inaugural del curso académico de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned). En una entrevista concedida a LA PALMA AHORA asegura que, a pesar de su visión optimista, “no hay que cruzarse de brazos a esperar que ocurra el milagro, porque la posición esperanzada requiere quizá un trabajo mucho más intenso que si uno se coloca en la apocalíptica”. “Los ciudadanos tenemos que entender que el periodismo, y la comunicación en su conjunto, es una institución de la democracia, no solo una actividad empresarial o profesional”, sostiene. "Ahora dedico todas mis energías a la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas QSD Global", afirma.

-¿Cómo ve el panorama periodístico actual y el futuro de los medios de comunicación?

-Yo hago una pregunta que creo que nos tenemos que hacer como colectivo profesional y también como sociedad, y es qué porvenir tiene el periodismo por venir. A esta pregunta yo me enfrento con una mirada a los dos escenarios que hay, con matices. Las respuestas se agrupan en dos pensamientos, uno que diría que es más bien apocalíptico, y otro que es más esperanzador. El apocalíptico viene a decir que estamos arrasados por las tecnologías de la información, por toneladas y toneladas de información que, sin embargo, no generan un grado de conocimiento proporcional, ni siquiera mínimo, más bien estamos un poco como aplastados, de ahí esa visión apocalíptica. Pero hay otro manera de ver las cosas, en la que yo me sitúo, que es más esperanzada. Reconocer que las nuevas tecnologías por un momento nos han generado un pasmo electrónico y nos hemos quedado mirando al becerro de oro, a los inventos tecnológicos, les hemos dedicado más atención pensando que en ellos estaba casi una clave, cuando no dejan de ser un medio ‘para’, un instrumento. Aunque la verdad es que Internet, por ejemplo, aparte de los dispositivos que son pura herramienta, es un hecho de una envergadura cultural decisiva si se mira con un sentido panorámico de la historia. Estamos en la era digital, y asistimos a un cambio de era, pero cuando uno está en mitad de un cambio percibe un poco el vértigo del final de la época anterior y la incertidumbre de la época por venir. Sin embargo, si se hace el esfuerzo de situarse un poco arriba es fantástico saber que estamos iniciando una nueva era y que en ella toda la gente puede acceder a la información, lo que no es suficiente, y ahí viene la segunda parte. ¿Es suficiente todo eso para que la sociedad esté correctamente informada y se haga sólidamente democrática? No. Precisamente esa situación reclama de una acción sistemática, profesionalizada, que es la acción periodística con la que vamos a ayudar al conjunto de los ciudadanos a identificar la veracidad de la fuente, a ejercer una vigilancia sobre los poderes para que no se excedan en sus funciones, para que respondan a los intereses de la gente y no a los suyos particulares, y vamos, por tanto, a que comunicación sea sinónimo de conocimiento. Veo el futuro con un punto de vista esperanzado, aunque no hay que cruzarse de brazos a esperar que ocurra el milagro, creo que la posición esperanzada requiere quizá un trabajo mucho más intenso que si uno se coloca en la apocalíptica. Los ciudadanos tenemos que entender que el periodismo, y la comunicación en su conjunto, es una institución de la democracia, no solo una actividad empresarial o profesional.

-¿Cree que los periódicos digitales harán desaparecer los diarios de papel?

-No. Cada vez que hay una transición hay siempre un vértigo. Pensamos que lo nuevo va a aniquilar lo viejo, pero no es así. Cuando en los años sesenta en España aparecieron los hilos musicales, alguien dijo: “Esto va a acabar con la radio”, y cuando apareció la televisión, también; pero eso no ha ocurrido sino que la radio ha consolidado un lugar determinado, y la televisión –de la que habría mucho que hablar- tiene el suyo. El papel está en un momento difícil, porque el lado negativo de la ‘experiencia Internet’ es el todo gratis, el acceso a la información sin hacer un ejercicio de decir: “Yo compro algo que cuesta porque es el resultado de un esfuerzo, de un trabajo”. Ese equívoco es el que hay que superar, pero si lo superamos, el papel deberá seguir existiendo, y ya hay algunos indicios de esto que digo. Para mí el más estimulante es el semanal ‘Ahora’ que ha puesto en marcha Miguel Ángel Aguilar con todo un equipo de profesionales a los que admiro y respeto muchísimo, que tiene papel y digital. Así creo que tienen que plantearse las cosas, de una manera integradora y no excluyente.

-¿Cómo ha sido su regreso a Televisión Española con el ‘Informe Lobatón’?

-En realidad nunca me he marchado del todo del medio televisivo. Lo que ocurre es que cuando uno ha vivido una etapa como la que yo viví en los años 90 con ‘¿Quién sabe dónde?’, que supuso un impacto en términos de audiencia, y como decían los analistas, un cierto fenómeno social, es luego difícil decir que estás haciendo algo en una escala más pequeña, en una televisión autonómica, o en la propia Televisión Española, pero en realidad yo no he dejado de estar. Mi vuelta reciente tiene que ver con una apuesta que tenía siempre en mente, y que era la de que el tema de los desaparecidos merecía una atención constante y no solo ocasional alrededor de un programa. Estaba muy bien el programa que hicimos y hubiera estado bien poder continuar, pero no hay que lamentarse de lo que no se puede hacer sino hacer lo que se puede, y lo que he hecho es poner en marcha una fundación que se llama Fundación Europea por las Personas Desaparecidas QSD Global. Con esta fundación es con la que estoy trabajando a fondo, con todas mis energías, y con ella, digamos, bajo el brazo, fui a Televisión Española y me abrió una pequeña ventana en sus espacios matinales, y ahí estoy. Ha habido un paréntesis pero volveremos en noviembre.

-¿Qué supone venir a La Palma a dar la lección inaugural del curso de la Uned?

-Es un privilegio porque no había tenido esa oportunidad, y venir además en el marco de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned), con la que la Fundación QSD Global tiene un acuerdo porque se ha mostrado muy sensible con el tema de las personas desaparecidas, me parece algo privilegiado. La Uned cumple un papel fundamental en la cohesión cultural española, y creo que, además, cumple otro papel muy importante en darle una oportunidad a las personas de toda edad y condición, y ser partícipe aunque sea bajo la forma episódica de un conferenciante o ponente me parece una ocasión muy hermosa.

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