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#acampadalaspalmas, en el 'corazón' de Barcelona

DESDE LA PLAZA DE CATALUÑA

El representante del movimiento en Gran Canaria ha vivido en primera persona la carga de los Mossos.

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Paco González voló hace una semana a Barcelona. Se llevó a su hija de cinco años, unos cuantos enseres y la orden de convertirse en el enlace del movimiento 15-M en Gran Canaria con los acampados en la Plaza de Cataluña. Allí ha estado plantado esta mañana y ha vivido en primera persona la carga de los Mossos d'Esquadra contra los manifestantes para intentar desalojar la plaza, que se ha saldado con 121 heridos, la mayoría de carácter leve y de los que 37 son agentes, según la agencia Europa Press.

"Llegaron de madrugada con orden de la Generalitat de desalojar la acampada", cuenta Paco, animador socio-cultural, de profesión, y activista voluntario. "El Gobierno ha actuado con nocturnidad y alevosía", dice, "cuando todo el mundo estaba durmiendo". La razón de la actuación policial, según han declarado el consejero de Interior, Jordi Puig, no era desalojar la Plaza de Cataluña, sino limparla y retirar los objetos peligrosos -como bombonas u hornillos eléctricos- para reducir el riesgo ante la celebración de una posible victoria del FC Barcelona, mañana, en la final de la Liga de Campeones. "Esa es la excusa", asegura Paco, "también han dicho que era por higiene".

Los concentrados en Cataluña mantienen que la verdadera intención de la Generalitat era desmontar el campamento, por el que transitan (ya sea durmiendo a la intemperie o pasando el día) entre 10.000 y 15.000 personas diarias desde hace dos semanas, según el canario. "Llegaron equipados hasta los dientes", ilustra, "tenemos hasta bolas de goma de las que han lanzado".

Los agentes, que se escudan en que el objetivo de su actuación era asegurar "la entrada de los camiones de la limpieza", según el director de los Mossos, Manel Puig, no solo se han llevado objetos "peligrosos". La versión de Paco es otra. Los agentes se han incautado también de ordenadores y otros objetos personales. "Hasta el material de los niños", apostilla, que se utiliza en los talleres de la guardería instalada en la plaza.

Puig ha asegurado que "todo el material que se está retirando se está etiquetando convenientemente y será retornado a todos sus propietarios". Pero, por si acaso, los indignados ya han tomado medidas: "El servicio jurídico ha presentado una denuncia por el robo", asegura el representante grancanario en Barcelona.

"Unas 200.000 personas"

"A las nueve de la mañana se había montado el campamento de nuevo", asegura Paco González. Precisamente, el "efecto llamada" ha sido uno de los principales detonantes de las cargas, ya que eran quienes llegaban a la plaza al ver a la policía los que bloqueban las labores de limpieza. En cualquier caso, el canario cuenta cómo "la represión ha reactivado la protesta". Instantes después, cientos de ciudadanos comenzaron a bloquear todos los accesos a la plaza y cortaron las calles circundantes al grito de "la plaza es nuestra" y "la constitución nos ampara". Durante la tarde ha llegado también a la Plaza de Cataluña, punto neurálgico de capital, una manifestación convocada por trabajadores en contra de los recortes de la Generalitat en Educación y Sanidad. "Se han sumado", asegura, "ahora somos unas 200.000 personas". "El centro de la ciudad está rodeado".

En decenas de ciudades españolas se celebran esta tarde concentraciones de protesta contra el intento de desalojo bajo el lema Flores contra porras. "Unas 30 o 40 personas están regalando flores", cuenta Paco, "mi hija está participando en el taller de coronas para el pelo". La consigna es clara: resistencia y protesta pasiva frente a la actuación "contundente" de las fuerzas de seguridad. "Nos parece indignante", dice, "la gente apaleada y avasallada".

De momento, la acampada continúa. "Se ha decidido seguir", explica González, "la idea era mantenerse hasta este domingo, pero ahora se está decidiendo la fecha en la asamblea". Los comercios de la zona están colaborando con los acampados, especialmente bares y restaurantes, que les han servido comida. "Mientras lo sigan tirando lo vamos a montar de nuevo", reivindica este activista. "Esto va más allá, es una semilla", dice, "y cuando paremos, ya estará plantada".

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