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Tiempos de censura en Canarias

Solo se han presentado dos iniciativas para sustituir al presidente en la historia de la autonomía y solo una salió adelante

La moción de censura, mecanismo constitucional y estatutario, es un procedimiento constructivo, y no destructivo, pues lleva incluida la propuesta de un candidato alternativo

En 2001, Juan Carlos Alemán presentó una censura contra Rodríguez para visualizar “los escándalos, irregularidades y el reparto de consejerías como botines de guerra entre facciones de una coalición de intereses que se han adueñado de la vida pública en las islas”

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Fernando Clavijo, Patricia Hernández y Asier Antona. (Canarias Ahora)

Fernando Clavijo, Patricia Hernández y Asier Antona. (Canarias Ahora)

Tras la decisión del presidente Fernando Clavijo de expulsar a sus socios del PSOE del Gobierno de Canarias e intentar timonear la autonomía en minoría absoluta durante los dos años y medio que aún restan de legislatura, son muchas las voces que desde la oposición, incluidos los damnificados socialistas, afirman que es menester presentar una moción de censura, aunque sea para perderla, con el fin de que se visualice la soledad a la que ha quedado esclavizado el jefe del Ejecutivo.

Ante todas las voces que se alzan pidiendo censurar a Clavijo convendría, aunque fuera someramente, explicar al respetable que este mecanismo constitucional y estatutario es un procedimiento constructivo, y no destructivo, pues lleva incluida la propuesta de un candidato alternativo a la Presidencia del Gobierno en el caso de que la moción prospere, toda vez que eso significa que la Cámara legislativa expresa su desconfianza al Ejecutivo y da su respaldo a una alternativa de gobierno.

No se trata, pues, de derribar al presidente del Gobierno sino de ofrecer una alternativa de cambio. Así las cosas ¿existe en estos momentos una alternativa real para cambiar a Clavijo del mando de la nave y construir un gabinete que no esté sustentado solo por 18 de los 60 diputados? Sobre el papel, si; aunque el problema radica, precisamente, en que la alternativa se ponga de acuerdo en que el sustituto sea bien la socialista Patricia Hernández bien el conservador Asier Antona.

Felipe González y Antonio Hernández Mancha. (Canarias Ahora)

Felipe González y Antonio Hernández Mancha. (Canarias Ahora)

Y es que lejos de ser un mecanismo inocuo, las mociones de censura tienen bastantes riesgos para la oposición, aunque también es cierto que, como le sucedió a Felipe González en 1980 cuando la presentó al presidente Adolfo Suárez, la misma se perdió en votos, pero se ganó de cara a los ciudadanos, y a pesar de no arrancar la mayoría suficiente, consiguió posteriormente arrasar en las urnas en las elecciones de 1982.

El caso contrario lo sufrió en 1987 el entonces recientemente elegido presidente de Alianza Popular (AP), Antonio Hernández Mancha, que quiso mantener un cara a cara con González (el líder del PP no era diputado y era invisible en el Congreso) pero lo que consiguió fue fracasar tanto en votos como políticamente con su moción al demostrar que no era un líder de suficiente solidez para oponerse al por entonces aún muy fuerte Gobierno del PSOE.

En Canarias, también se han presentado solo dos mociones de censura en la historia de la autonomía. La primera, en 1993, fue de Manuel Hermoso contra Jerónimo Saavedra y se ganó tanto en votos (desde ese momento CC no se ha apeado del Ejecutivo) como políticamente, ya que lo socialistas estuvieron dos décadas en la oposición.

El segundo intento fue claramente a perder (como las de González y Mancha) y lo protagonizó en noviembre de 2001 el fallecido líder socialista Juan Carlos Alemán contra el entonces presidente Román Rodríguez. La decisión de Alemán, aún consciente de que iba a ser difícil sumar los votos del Parlamento necesarios para derrocar al presidente nacionalista, fue la misma que la de González en su momento: mostrar la debilidad y el desgarro intestino del Gobierno y presentar un programa alternativo.

Escándalos, irregularidades y botines de guerra

Román Rodríguez y Juan Carlos Alemán. (Canarias Ahora)

Román Rodríguez y Juan Carlos Alemán. (Canarias Ahora)

En palabras de Alemán, era necesario acabar con “los escándalos, irregularidades y el reparto de consejerías como botines de guerra entre facciones de una coalición de intereses que se han adueñado de la vida pública en las islas”.

En aquella segunda mitad de la legislatura de Rodríguez como presidente el Gabinete vivió bastantes convulsiones, de la que no fue menor el llamado caso Jinámar. El anterior consejero de Política Territorial del Gobierno regional, Tomás Van de Walle, del Partido Popular, fue acusado por su sucesor (el nacionalista Fernando González) de una presunta malversación al traspasar al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria unos terrenos para construir un hipermercado en Telde, municipio gobernado por una parte de Coalición Canaria, Ican (Iniciativa Canaria), partido que era el del presidente Rodríguez, lo que según los socialistas habría creado un quebranto a las arcas de la Comunidad Autónoma de unos 24.000 millones de pesetas.

Con esas tensas relaciones entre el PP y CC gobernaba en minoría Rodríguez, pese a que firmaron un pacto de legislatura para apoyarle a cambio del entendimiento a nivel nacional en materia de financiación autonómica y todas aquellas políticas que favorecían la lejanía e insularidad.

Una nueva forma de hacer política

El propio Alemán aseguró que el problema del Gobierno no era el equipo, “sino el entrenador, pues Rodríguez ni nombra ni quita a los consejeros ni tiene capacidad para gobernar. Los partidos que sostienen al presidente están contando los días para saber cuándo llega la fecha de su sustitución”. Por ello, insistió en que esa censura no era para ganar (CC, con 24 diputados, y PP, con 15, garantizaron su derrota el 7 de noviembre de 2001) ni para acceder a cuotas de poder, sino “para que la ciudadanía sepa que existe una nueva forma de hacer política para Canarias”.

El programa de Alemán contra Rodríguez contenía compromisos en materia social, económica, de fortalecimiento del Parlamento, austeridad en el gasto público, transparencia en el funcionamiento de las instituciones, un Gobierno al servicio de los ciudadanos, control permanente sobre la calidad de los servicios públicos, reorganización política-administrativa de Canarias y respeto a la libertad y pluralismo de los medios de comunicación públicos y defensa del pluralismo.

Y eso mismo es lo que ahora analizan en las gestoras de invierno del PSOE, si hay que presentar una censura a Clavijo aunque no se gane solo con el fin de que la ciudadanía constate que hay una lideresa alternativa (Patricia Hernández) y un programa de acción política y gubernamental diametralmente distinto al que representa Clavijo.

Una tesis que avalan desde Podemos y Nueva Canarias (NC), que incluso han pedido al PP que supere sus tradicionales reticencias de apoyar un Ejecutivo del PSOE ahora que incluso Mariano Rajoy tiene a los socialistas como socios preferentes no solo en los Presupuestos del Estado para 2017 sino para el resto de reformas políticas de calado que a nivel nacional se van a llevar a cabo en los próximos años.

Fernando Clavijo. (EFE)

Fernando Clavijo. (EFE)

El tiempo corre en contra del PSOE, que incluso ha visto como el máximo dirigente del PP canario, Asier Antona, ha movido ficha sumándose a una censura siempre que la Presidencia la ostenten los conservadores. ¿Un paso adelante o una trampa? ¿Va en serio Antona o es una excusa para más tarde decir que los socialistas no han querido el cambio y que no le queda más remedio que apoyar a Clavijo?

Así las cosas, el 19 de enero el presidente con menos respaldo parlamentario en la historia de Canarias tendrá que explicar en 35 minutos cuales son sus fortalezas para seguir gobernando, y si esa fuerza se basa en el apoyo del PP y ASG, o por el contrario en el hemiciclo se visualizará que Clavijo, como ha dicho el socialista Ignacio Álvaro Lavandera, “está más solo que la una” y el resto de formaciones se ponen de acuerdo para sustituirlo como jefe del Ejecutivo.

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