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Cita con los volcanes más jóvenes

El parque nacional de Timanfaya ofrece al amante de la naturaleza la belleza extrema de un caos de conos, lavas y piroclastos de época histórica

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Parque de Timanfaya.

Parque de Timanfaya.

Lanzarote es sobre todo Timanfaya. También más cosas, pero principalmente ésa. El parque nacional creado en 1974 y reclasificado en 1981 domina la isla más oriental de Canarias y le da algo que la diferencia de forma radical de todas las demás. Ese algo son formas y estructuras volcánicas conmovedoras (únicas, en algunos casos), de las más imponentes, perfectas y mejor dotadas que hay en las islas en lo que a volcanismo histórico se refiere; esto es, en el capítulo de construcciones creadas por erupciones acaecidas tras la conquista castellana o, lo que es lo mismo, con la entrada de Canarias en la historia de la era moderna.

Timanfaya es, junto al Teide, Garajonay y Caldera de Taburiente, uno de los cuatro parques nacionales que hay en Canarias. Con 5.107 hectáreas de extensión protegida y bautizado como tal en el año 1974, se puede considerar la gloria de Lanzarote y uno de los lugares más espectaculares que existe en el planeta para disfrutar de formas eruptivas jóvenes y de origen basáltico.

Declarado Reserva de la Biosfera en 1993 y Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) en 1994, suma galardones en todos sus flancos. La espectacularidad de sus paisajes y de sus grandes y pequeños relieves, su diverso colorido y la amalgama de estructuras que acoge convierten este espacio en lugar de visita obligada para los amantes de la naturaleza y, en especial, para los enamorados del fuego, de la lava y de las montañas de origen eruptivo.

La geógrafa Carmen Romero Ruiz, profesora en la Universidad de La Laguna y especialista en volcanismo reciente que ha estudiado el parque en profundidad, utiliza una cita en castellano antiguo para acercar a los interesados la magnitud del desastre que dio lugar a lo que hoy conocemos como Timanfaya: “Esta isla la destruyó quasi la mitad un furioso volcán que rebentó el día viernes primero de septiembre del año de mill septecientos y treinta, a las diez de la noche en la Aldea de Chimanfaya, tres leguas de la Villa capital Teguise, que rrepitió, abriendo diversas vocas, quatro años, devorando muchas aldeas y levantando grandes montañas donde no las avía, alcansando sus arenas menudas más de seis leguas de distancia”.

Los procesos que han dado la forma actual a Timanfaya son de anteayer. Tal es así que resulta fácil encontrar y consultar crónicas de muchas de las erupciones que se produjeron en los siglos XVIII y XIX, hace nada, se puede decir.

Timanfaya se encuentra en el centro de la isla de Lanzarote, mirando hacia el oeste. En la actualidad, es un espacio con acceso restringido, por razones de conservación, y también uno de los sitios protegidos del archipiélago más visitados por lugareños y turistas nacionales y extranjeros.

Como es habitual en Canarias, este parque nacional alberga hábitat con flora y fauna endémicas de las islas, lo que lo convierte, aparte de por sus características volcánicas singulares, en un lugar de obligada protección y a la vez irrepetible.

Vista del espacio agrícola de La Geria, en un campo de piroclastos.

Vista del espacio agrícola de La Geria, en un campo de piroclastos.

LA GERIA, PICÓN Y VID

Naturaleza y hombre forman un binomio en el que a veces se producen fricciones con nefastos resultados para el medio natural. No es el caso de La Geria, donde el volcán, el picón y la agricultura se han dado la mano para construir un paisaje diferente e impactante y para crear al mismo tiempo un modelo único de hacer viticultura en el mundo. En La Geria es justo esto lo que pasa: la adversidad del terreno ha obligado al hombre a ingeniárselas, a sacarle provecho, lo que ha conseguido con la creación de una forma propia de cultivo de la vid; o sea, con la definición de microespacios protegidos del viento con escorias, en forma de embudo y con cepas que sacan la humedad del subsuelo, que se halla debajo del volcán reciente. Todo ello con el abrigo del picón, que atrapa la humedad y da frescura. De esta tarea, ha resultado un excelente vino de malvasía, por citar la variedad de uva más reconocida en el lugar, y una cultura y actividad económica ligadas a la producción de caldos y a la conservación del paisaje que han dado buenos resultados. El sabor obtenido de esta sabia combinación de naturaleza y hombre se puede disfrutar en los vinos de la zona, en botellas con contraetiqueta de la denominación de origen Lanzarote.

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