'Cum laude' en experiencias

Un grupo del programa para mayores de la ULL durante una de las clases

José R. Hernández

Santa Cruz de Tenerife —

Hay quien dijo que aprender es como remar contra corriente, porque en cuanto se deja de hacerlo se retrocede. Esta misma idea es la que anima a muchas personas a intentar seguir aprendiendo cosas todos los días para sentirse vivos y, a su vez, es uno de los fundamentos del Programa Universidad para Mayores de la Universidad de La Laguna, que este curso cumple su decimosexto aniversario.

En esta línea, el director del proyecto, José Arnay, explica que “desde hace décadas estamos asistiendo a un gran fenómeno social que es el envejecimiento de la población. De hecho, España es uno de los países que tiene mayor tasa de envejecimiento. Por tanto, después de que una persona se jubila está en torno a 20 años sin trabajar y lo que pretendemos es llenar de contenido esos años de vida, porque lo importante no es envejecer, sino hacerlo bien”.

En este contexto, Arnay, que además es profesor del departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, recalca que “está demostrado científicamente que mantener la mente activa es uno de los elementos que sirve para prevenir enfermedades degenerativas como es el caso del alzheimer, así que también se podría decir que el aprendizaje posee efectos terapéuticos”.

A su modo de ver, la explicación es simple: “Si mantienes tus neuronas activas, es bastante probable que te sirva para prevenir enfermedades tanto físicas como mentales, incluso enfermedades tan duras como la depresión, que, en esta franja de edad, está fundamentelmente propiciada por el aislamiento y la falta de contacto social”.

Es por todo ello que “el propósito esencial que nos planteamos con el Programa para Mayores es la prevención de todas estas cuestiones y el bienestar subjetivo de este segmento de la población, es decir, lograr que las personas se encuentren bien, a través de la educación”. A esto agrega que, no sólo se trata de una cuestión de impartir una selección de contenidos específicos, sino que entendemos que, en muchos casos, lo que estamos propiciando es que los mayores salgan de sus casas y que tengan una actividad que realizar, que sientan que, a lo largo de la semana, deben cumplir con el compromiso de ir a clase“.

Igualmente, subraya que “el mero hecho de entrar en contacto con otras personas distintas al de su entorno habitual, compartir sus experiencias y confrontar distintos puntos de vista o diferentes maneras de ver el mundo es tremendamente enriquecedor para ellos”.

Al respecto, apostilla que “la gente suele pensar que los mayores son unas personas rígidas, inflexibles, con unos puntos de vista muy cerrados, pero no siempre es así, y, además, lo que nosotros intentamos a través de la educación es que esas mentes se abran”.

Así, defiende que “el acceso a otras opiniones contrarias a las tuyas te va obligando a ir saliendo de tu dogmatismo, y de darte cuenta de que no lo sabes todo”. Por todo ello, “no sólo se puede, sino que se debe seguir aprendiendo o cambiando tu forma de pensar, aunque tengas 70 o 75 años. Es decir, la jubilación o la prejubilación es una etapa en la que las personas pueden aún hacer muchas cosas y, además, es bueno que lo hagan”, sentencia.

La avanzadilla lagunera

Aunque ya la práctica totalidad de los centros de enseñanza superior públicos y privados de España cuentan con algún tipo de programa con éstas características, la ULL fue uno de los que tomó la avanzadilla y apostó seriamente por incluirlo dentro de su oferta cuando solo se impartía en algunas universidades del país.

Arnay destaca que “las universidades para mayores surgen en el año 1995 en el territorio nacional con la de Alcalá, la de Granada y unas pocas pioneras más”.

A partir de ahí, fue el ya fallecido Eduardo Camacho, que entonces ejercía como vicerrector de Extensión Universitaria, el que primero planteó la idea de implantar en la ULL una iniciativa similar.  

La propuesta, que fue bien acogida en el seno universitario, comenzó a madurar y a tomar forma hasta que se puso definitivamente en marcha en el curso 1999-2000.

Desde entonces, no ha dejado de crecer y evolucionar hasta el punto en que ya está plenamente integrada dentro de la oferta del centro y, además, es una de sus señas de identidad por la que ha recibido diversos reconocimientos.

En cuanto al tipo de materias que forman parte de los planes de estudio, Arnay  destaca que “es un programa multidisciplinar ya que, prácticamente, incluimos todas las grandes áreas del conocimiento científico y humanístico; desde matemáticas, hasta astronomía, pero también la biología, la química, literatura, arte e historia, porque creemos que lo bueno es tener una oferta muy variada para que las personas puedan encontrar todo aquello que quieran estudiar”.

En este sentido, arguye que “nos hemos propuesto ir cambiando los contenidos todos los años. Así, de repente ponemos una asignatura en Primero, que en el curso siguiente puede estar en Tercero. En realidad, con esta gran rotación lo que nosotros pretendemos es que la gente encuentre cada año asignaturas distintas, aunque bajo el mismo rótulo, con lo cual un alumno puede matricularse tres años seguidos en literatura y aprender cosas nuevas porque un año puede centrarse en la literatura del siglo XIV y al siguiente en literatura hispanoamericana contemporánea”.

Además, confiesa que esta fórmula sirve para fidelizar al alumnado que puede combinar asignaturas de todos los cursos y repetir cuantas veces lo desee, más allá de los tres cursos en los que está configurado el programa. Tanto es así que “tenemos a gente que llevan ya con nosotros diez o doce años”, indica.

Todo esto se acompaña de talleres, excursiones y visitas culturales, salidas, convivencias y una amplia selección de actividades paralelas que amplían la oferta mucho más allá de las aulas.

En el transcurso de los 16 años de actividad, el perfil del alumnado ha ido variando, y si bien, al principio el nivel cultural y de formación era muy bajo, con la mayoría de ellos únicamente con estudios primarios, cada vez se matriculan más personas con formación universitaria, profesionales liberales, etcétera.

Así, se da la circunstancia de que “en las clases hay muchos jubilados o prejubilados que han sido docentes, abogados, médicos, empleados de banca o trabajadores de grandes compañías como Iberia o Cepsa”, detalla.

No obstante, incide en que, “a pesar de esta evolución, los contenidos siguen siendo asequibles para todos los niveles y seguimos sin exigir ningún requisito de formación previa para acceder”.

Por tanto, enfatiza que pueden encajar en un mismo grupo “esa gente que por sus circunstancias personales o por la época que les tocó vivir no tuvieron la oportunidad de estudiar con aquellos que ya tienen una o varias carreras”.

En cuanto al desglose por sexos, aclara que “siempre ha habido más mujeres que hombres, porque son más activas, tienen mayor capacidad de iniciativa y cuando algo les interesa se apuntan enseguida, mientras que los hombres son un poco más reticentes a emprender aventuras de este tipo”.

Un alumnado diferente

En lo que respecta al profesorado que imparte docencia en este programa que, en su inmensa mayoría, forma parte de la plantilla docente de la ULL, “tiene que hacer un esfuerzo de adaptación a este tipo de alumnado, porque no es lo mismo darle clase a un chico o chica de 20 años que a uno de 60 o más”.

“Nada más por la experiencia de vida que han tenido estas personas, la diferencia ya es significativa”, señala al tiempo que argumenta que “si tienes a un grupo de personas que han leído, sabe de literatura, arte, o música, y el profesor lo sabe aprovechar es estupendo, porque la gente participa más, se generan unos debates más interesantes, con lo cuál el feedback puede ser mucho mayor en estas clases que en la formación reglada”.

Como dato anecdótico, Arnay confiesa que, al contrario de lo que pudiera parecer, en el capítulo de la disciplina hay de todo, también suenan los teléfonos móviles de vez en cuando, también los hay que llegan tarde y los que se ponen a hablar entre ellos e interrumpen la clase. De hecho, es tal vez donde más similitudes existen con el alumnado de otras edades“.

Igualmente, revela que el índice de abandono o absentismo se sitúa en torno al 10% o el 15%, aunque suele tratarse por razones de peso como la necesidad de atender a un familiar enfermo u otro tipo de problemas personales. Sin embargo, en el lado positivo resalta que “casi una cuarta parte de los que dejan momentáneamente el programa para mayores lo retoma de nuevo en cuanto se reconduce la situación”.

En otro orden de cosas, Arnay, que comenta que, en un primer momento, las clases se impartían en el edificio central, a continuación en el aulario de Guajara y, desde hace unos años en la Pirámide de la Facultad de Periodismo, ha conseguido un hecho muy importante que es “cambiar el paisaje universitario”.

“Antes los alumnos se sorprendían cuando se encontraban a gente mayor en los pasillos de las Facultades o en los bares, pero eso hoy se ha normalizado totalmente, ya nadie se extraña y, por tanto, debe entenderse como un logro haber abierto la universidad a ese colectivo que representa un parte importante de nuestra sociedad”.

No obstante, más alla de los triunfos colectivos de la UpM, destacan los logros individuales y es que, aunque se trate de una formación que no conduce a ningún título oficial, para muchos el haber tenido la oportunidad de recibir clases en la Universidad después de mayores y participar en el acto de entrega de orlas es un elemento de orgullo enorme, que incluso está por encima de la satisfacción que pueda llegar a tener cualquier joven cuando se licencia.

Es así que, por pequeño que pueda parecer el reto, el hecho de conseguir graduarse en el Programa de Mayores, es para muchos una experiencia que paladean como si hubieran recibido el cum laude.

La UpM en cifras

En los 16 cursos académicos que lleva en marcha el programa, son 14 promociones las que han pasado por la Universidad para Mayores (UpM).

Arnay sostiene que “es difícil hacer un cálculo del alumnado que se ha beneficiado del proyecto porque hay muchas personas que llevan con nosotros más de los tres años que habitualmente  dura el ciclo, en algunos casos más de 10 años con nosotros, otros retornan”.

Sobre este apartado agrega que “son pocas las personas que habiendo terminado el ciclo no continúan con nosotros. Tanto es así que, en este curso el 64% del alumnado pertenece a este grupo. Por ello, considero que quizás más que el número de beneficiarios es meritorio valorar la constancia”.

A este inconveniente para cuantificar la totalidad de alumnos que han pasado por la UpM se le añade que “en los primeros años no existía un registro mecanizado que ahora podamos consultar”.

“También hay que tener en cuenta ­-argumenta- que hubo años que el Programa de Mayores tuvo otras sedes (Adeje y La Palma), en el primer caso la gestión del alumnado corria a cargo del propio Ayuntamiento y en el segundo, era la Fundación Lidia García la encargada”.

Con todo, el cálculo aproximado podría rondar entre las 2.000 y 2.300 personas las que se han matriculado en esta iniciativa de la ULL.

En este año, formalizaron su inscripción un total de 224 alumnos, frente a los cerca de 90 que lo hicieron en el curso 1999-2000.

En cuanto a las edades de los alumnos, oscilan entre los 50 recién cumplidos y los cerca de 90. Sobre estos dos extremos, Arnay subraya que “ha habido gente que se ha podido inscribir por apenas un mes, mientras que la persona que recuerdo de mayor edad era una señora de 89 años que impartía clases de yoga a sus compañeros”.

Respecto al número de asingnaturas ofertadas son 30 en total, 15 en cada  cuatrimestre y además hay dos talleres.

Por último, el equipo docente de este año está conformado por nueve profesores de Humanidades, seis de Ciencias, tres del área de la  Salud, dos de Derecho, dos de Ciencias Políticas, Sociales y la Comunicación, dos de la Facultad de Educación, uno del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y siete docentes externos.

Reconocimientos y distinciones

El esmero con el que se ha ido sacando adelante el Programa Universidad para Mayores y, sobre todo, sus óptimos resultados ha sido merecedor de multitud de reconocimientos y galardones entre los que destacan el Premio de Solidaridad con los Mayores, en la modalidad Instituciones o Entidades sin ánimo de lucro, recibido recientemente, por el que se destaca “la labor de promoción educativa a través de esta actividad universitaria, con un número elevado de matrículas y un incremento constante y amplia variedad de materias ofertadas”.

Durante el acto de entrega, celebrado en el Cabildo de Fuerteventura, la Vicerrectora de Relaciones Universidad y Sociedad, Nélida Rancel, aseguró que “es una gran noticia para la Universidad de La Laguna, una institución comprometida con el envejecimiento activo y la integración que, si bien en el pasado pudo tener alguna dificultad de sostenibilidad, cuenta ahora con una propuesta docente sólida, gracias al apoyo de la Consejería de Cultura, Deportes, Políticas Sociales y Vivienda del Gobierno de Canarias, del Cabildo de Tenerife y de la propia Universidad de La Laguna”.

Años antes, concretamente en 2007, le fue otorgado el premio Valores Humanos del Cabildo tinerfeño, en la modalidad de entidades, “por favorecer la autoestima y el conocimiento por medio del aprendizaje universitario”.

De este modo, Arnay sostiene que es una “doble satisfacción que se haya renocido nuestro trabajo en favor de este colectivo, tanto a escala insular como regional”.

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