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La Palma (XIV) / Gallegos y Franceses: obsequio de barrancos

El norte de La Palma ya se halla más cerca. En Barlovento y Garafía existen dos núcleos rurales, caseríos (o mejor, un conjunto de caseríos), que son la joya de la corona: Gallegos, en el lado este, y Franceses, en el oeste.

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Acantilado en Garafía

Vista del litoral acantilado existente en el municipio de Garafía. Román Delgado / La Palma

El norte de la isla de La Palma, por fortuna para muchos, entre ellos los amantes de la naturaleza, ya se halla más cerca. En los municipios poco poblados, agrarios (como casi toda la isla) y repletos de naturaleza con distintivo de calidad La Palma, en Barlovento y Garafía, existen dos núcleos rurales, caseríos (o mejor, un conjunto de caseríos), que son la joya de la corona: Gallegos, en el lado este, y Franceses, en el oeste.

El primero está en el término municipal de Barlovento (topónimo que indica que este lugar está acariciado por el alisio), y el segundo, en el de Garafía, donde se impone, en su tramo bajo, el hermoso e impresionante, por su descomunal cavidad, barranco de Franceses.

Para ir de Gallegos a Franceses, en sentido este oeste, basta con tener ganas de caminar y de disfrutar de unos paisajes maravillosos y difíciles de encontrar, al menos con la magnitud que se ofrece en estos núcleos, en otras islas del Archipiélago.

El punto de partida del recorrido puede ser el Lomo La Crucita, en Gallegos, desde donde se toma rumbo a la vecina Franceses, con el inicio de un trayecto que está definido por la propia vía rodada que comunica esos dos lugares.

Tanto un caserío como otro aportan formas de poblamiento y modelos residenciales unifamiliares de tipo tradicional, con gran belleza y, por lo general, en buen estado de conservación. Ésta es una de las bondades de la visita, a la que se unen muchas más relacionadas todas ellas con el impacto de las estructuras erosivas que afloran en el medio y lo dominan, y con los paisajes naturales y autóctonos que pueblan el área definida para este recorrido.

Barrancos se puede decir que hay miles. En realidad, no llegan a mil, pero casi. En el trayecto ideado, se tienen que cruzar dos barrancos impresionantes, de gran desarrollo longitudinal y con tramos bajos y desembocaduras que dejan la boca abierta. Son las cuencas de Gallegos y Franceses, que miran al norte y que nacen en lo más alto de la cúpula central de la isla, coronada por el Roque de los Muchachos.

Pinares en La Palma

Parte del pinar canario protegido en el área septentrional de La Palma. Román Delgado / La Palma

Camino de Franceses, el senderista se ve obligado a pisar el lecho y las vertientes del barranco de Gallegos, justo en el límite natural de los municipios de Barlovento y Garafía. A Gallegos, siempre mirando al oeste, le sigue Franceses, y después hay tres cuencas más: Juan Díaz, Risco Caído y La Traviesa, en cuya desembocadura, en el sitio conocido como La Fajana, finaliza la ruta.

Antes de culminar el paseo, y no es poco, se han podido apreciar paisajes agrarios inolvidables, de los clásicos de medianías en las vertientes nortes de las islas con mayor altitud; acantilados, vegetación autóctona y pinares de pura cepa (hacia arriba), nada más y nada menos que los pinos canarios de Garafía, un monte protegido por la Comunidad Autónoma de Canarias.

Pinos que tocan el cielo

El monte de pinos canarios de Garafía, que está protegido con la calificación de reserva natural integral, es, sin duda, uno de los mejores conservados de Canarias. Su localización, en el norte de La Palma y en la fachada que recibe la humedad de los vientos alisios, hace que ejerza un papel relevante en la recarga del acuífero subterráneo y en la protección de los suelos, en algunos casos con pendientes acusadas. La flora propia de este espacio cuenta con algunos componentes endémicos y en peligro de extinción que están convenientemente protegidos a través de distintas disposiciones legales. Son los casos del tajinaste (Echium gentianoides) y el sauco (Sambucus palmensis). En conjunto, el pinar de Garafía ofrece un paisaje montano de estética inmensa y de interés ecológico acusado. La lejanía de este lugar y el aislamiento respecto a las zonas más pobladas y a la red de transportes han contribuido a que su actual estado de conservación sea óptimo.

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