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Adiós a La Ribera, el bar más veterano del Charco de San Ginés

La nueva Ley de arrendamientos urbanos aboca al cierre al bar más antiguo del Charco en el momento de mayor esplendor de la zona.

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José Ramón Arbelo, en la Ribera. Foto: Felipe de la Cruz.

José Ramón Arbelo, en la Ribera. (FELIPE DE LA CRUZ)

José Ramón Arbelo (La Isleta, 1938) tiene un hoyo en su muslo derecho, y no es de nacimiento. Se le fue haciendo poco a poco, por el empuje de la palanca de cambios de un camión americano cuando trabajaba en Port Ettiene (Nuadibú, Mauritania) para los franceses. Transportaba hierro entre esa ciudad y las minas y atravesaba 1.400 kilómetros de desierto en una pista de tierra.

Después de 22 años allí volvió a Lanzarote y montó un taller de chapa y pintura en Puerto Naos, pero los trabajadores no se llevaban bien, así que cerró y se buscó otra ocupación. Fue entonces cuando se le ocurrió montar un bar, y abrió La Ribera en una esquina del Charco, a principios de 1975, cuando no había ningún otro bar a excepción de Casa Ginory a unos metros, cuando el Charco no era como es ahora el Charco, el centro de la restauración de la ciudad, y Arrecife no era como es Arrecife.

La pasada víspera de San Juan, La Ribera cerró después de 40 años. La nueva Ley de arrendamientos urbanos y las disputas con la propietaria del local han llevado al cierre del bar más veterano del Charco, precisamente en el mayor momento de esplendor de la restauración de la zona. “Yo cuando entré allí, estaban sólo las cuatro paredes”, asegura Pepe, que desde hace años ya no llevaba el bar, que regentaban dos de sus hijos, de 48 y 42 años, y abría los 365 días del año. “El más chico ni tiene paro porque es autónomo; si a mí me duele esto es por ellos no por mí”, asegura.

La historia de los desencuentros o pleitos con la propietaria del local es casi tan antigua como el bar. El primer problema fue dos o tres años después de abrir “porque lo quería para el hijo”. Arbelo ganó el juicio. El local era de un antiguo compañero de trabajo en África, que falleció en los años setenta: “Cerré el bar tres días por luto”, dice. Después reformó el bar  y tuvo otro juicio más, que también ganó, y otro más por impago, que volvió a ganar “porque yo había pagado”.

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