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Fuerteventura, 'Little Italy': siete de cada cien majoreros son italianos

Los italianos asentados en Fuerteventura apuestan por la integración de su comunidad, que representa el 6,6 % de la población majorera

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Silva Buonavita y su hija Isabella. Fotos: Manolo de la Hoz.

Silva Buonavita y su hija Isabella. Fotos: Manolo de la Hoz.

Los datos del último padrón registraban 7.493 habitantes en Fuerteventura de nacionalidad italiana, lo que supone el 6,6 % de la población majorera. De esta cifra, 4.322 se encuentran empadronados en el municipio de La Oliva. Corralejo es uno de los núcleos con mayor población de origen italiano de la Isla.

La hostelería y las actividades deportivas han sido los principales sectores económicos promovidos por estos ciudadanos. El rumor de una formación política que represente a esta comunidad en las próximas elecciones se ha instalado en las calles del núcleo turístico. Sin embargo, los veteranos asentados en la localidad consideran que esta agrupación solo generaría “guetos” y vendría a acrecentar la distinción entre italianos y majoreros, tras años de luchar por la integración.

Fabrizio Sisti Leoni llegó a Corralejo “por casualidad”, hace ocho años, “harto de Italia” por la situación que estaba atravesando el país, con una gran crisis política. La primera vez que visitó la Isla fue de vacaciones con unos amigos. Entonces comprobó que podría asentarse con su familia. “Para mí es una Isla que se ama”, dice. Se asentó con su mujer y sus hijos de 7 y 3 años. Ahora estos niños, al igual que sus padres, son unos majoreros más. Habla con ellos en español, idioma que aprendió gracias a los programas de televisión. A su llegada a la Isla, Fabrizio invirtió en una lavandería autoservicio, tras comprobar que Corralejo carecía de este tipo de comercio, allá por el comienzo del siglo XXI, aunque tardó seis años en conseguir la maquinaria industrial. Sus antecedentes como policía y asesor en materia de seguridad en Roma le han permitido además dedicarse a otra de sus facetas profesionales y también es instructor de defensa personal. 

Está totalmente involucrado en la vida social de la localidad. Asegura que desde el principio le hicieron “sentir en familia” y gusta de compartir sus momentos con don Juan, uno de los venerables de la localidad, cuya hija regenta el bar La Hubara, próximo a su negocio. También le gusta frecuentar la pizzería La Frasqueta, de dueño italiano casado con una majorera, que es punto de reunión multicultural. Aun así, asegura que tiene pocos amigos italianos.

Desde el principio se relacionó con la población local y ha luchado por la integración. “Corralejo ahora es nuestra casa”, enfatiza y no tiene ninguna intención de regresar a Italia. Sabe que hay paisanos que no acaban de integrarse o “no quieren”. Incluso está a favor de medidas que permitan controlar el flujo de esta población, comparando datos y documentación. “En Italia se están quejando de que los inmigrantes no se integran y aquí no podemos hacer lo que no queremos que pase en nuestro país”.

Cree que uno de los problemas para facilitar la integración, no sólo la de sus paisanos, sino en general de todos los migrantes, es que “hay pocos cursos de español para extranjeros”. En este punto recuerda su estancia en EEUU, donde una de las cosas que funcionan bien es la realización de cursos de idiomas de forma dinámica, “más divertidos”, puntualiza.

También sugiere la creación de una oficina para extranjeros, en la que, al menos durante un par de horas, diferentes intérpretes puedan atender a esta población migrante en su idioma nativo. Cuando se le plantea la opción de una formación política que represente a la comunidad italiana se muestra muy contundente: “Sería hacer lo mismo que en Italia, ocuparse sólo de sus asuntos, cuando el objetivo es trabajar en común”.

La rebaja de los impuestos con respecto a Italia y la calidad de vida de la Isla ha atraído a muchos otros comerciantes a la localidad. Silva Buonavita y su marido Máximo fundaron la heladería El Gusto donde también trabaja su hija Isabella, que se ocupa de la repostería. Las elaboraciones artesanales de este establecimiento han sido reconocidas como unas de las mejores del mundo.

Silva recuerda que cuando llegó a Corralejo no había tanta población italiana como ahora. España sufría la crisis de la burbuja inmobiliaria y los bancos se habían convertido en macroagencias inmobiliarias. Había posibilidades para residir y emprender en la zona, aunque también vivieron los momentos posteriores de la caída del turismo.

Tanto Fabrizio como Silva achacan la llegada de numerosos italianos al “efecto llamada”. La artesana heladera recuerda, incluso, cuando uno de sus paisanos, que había realizado sospechosos negocios inmobiliarios en la zona, acudió a un programa de un canal de la televisión italiana para vender Corralejo como el paraíso donde se podía vivir con 500 euros al mes.

Ahora lamenta que no haya dónde residir y que los trabajadores tengan que marcharse al no encontrar una residencia asequible. Isabella llegó cuando contaba 26 años y ha visto cómo los jóvenes están padeciendo ahora esta crisis en la vivienda y un futuro laboral incierto.

Silva recuerda que “elegimos esta isla porque desde los años 80 ya queríamos mudarnos. Tras toparnos con la hipoteca, los hijos y otras circunstancias, nos trasladamos. Fue algo muy atrevido, porque la Isla estaba muerta. La crisis la vació. Tuvimos mucho coraje porque ¿a quién vendíamos este helado?”, dicen. Silva y su familia han trabajado la heladería artesanal toda la vida y ya es reconocida su fama en todas las Islas. Destaca su calidad, con ingredientes frescos, en una apuesta por el producto local y sin aditivos.

“Muy artesano y casero”, enfatiza la heladera mientras rellena una tarrina con una bola de helado de gofio, uno de los mejores y al que le pone el acento italiano con el chocolate Baci perugina de su tierra. Se muestra contraria a la expresión italiano versus majorero. Defiende la integración y asegura que existe un respeto mutuo. “Esta es ahora mi casa”, señala también Silva.

Tanto es así, que está muy involucrada en mantener los valores medioambientales de Fuerteventura y conseguir que la Isla sea ecosostenible. Como empresaria se ve afectada, como cualquier majorero, por los efectos de la doble insularidad. Para compensarlo “intentamos dar mucho valor a los productos locales y de calidad, como el gofio de la molina de La Asomada. Empleamos la leche de cabra, el aloe y las frutas que se producen en la Isla”.

Aprendió el idioma relacionándose con el resto de residentes. “Entonces no había todos estos italianos y había que esforzarse para comunicarse. No es un idioma difícil para nosotros, tenemos la misma raíz y es importante que el que llega sea consciente de que tiene que aprender el idioma. Es otra forma de integración”, señala.  

El Cotillo

Por su parte, Verónica llegó a la Isla por la tranquilidad y para escapar del ruido buscando un equilibrio personal, cuando Corralejo aún no estaba tan poblado. Al igual que el resto de compatriotas consultados por Diario de Fuerteventuraconsidera que en la oleada de migración italiana al núcleo turístico confluyeron varios factores “una gran crisis política motivada por la corrupción, los altos impuestos y que Canarias, con buen clima, está a tan sólo cuatro horas de Italia”.

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Por el contrario, aquí los compatriotas se toparon con menos impuestos y una buena integración. Tanto es así, que incluso conoció en Corralejo a su pareja, que regenta la heladería La Cremería y que llegó a la Isla hace diecisiete años. Verónica ahora trabaja y vive en El Cotillo, porque, de un tiempo a esta parte, había perdido toda la tranquilidad que había logrado con su llegada a Fuerteventura.

Sobre la integración comenta que le gusta estar con la comunidad local “es muy importante porque nos han acogido y lo primero para agradecérselo es empatizar. Aunque me he integrado, no reniego de mis raíces”, subraya. No comparte, sin embargo, el pensamiento de otros compatriotas que “ni se molestan en aprender una palabra en español”. No se refiere sólo a los jóvenes que han llegado a la llamada de la prosperidad majorera, sino también a los jubilados que eligen Fuerteventura como lugar de descanso.  

Con respecto a la posibilidad de una formación política que represente los intereses de la comunidad italiana, señala que “me hubiera gustado que, conociendo la situación, ese patriotismo, lo manifestáramos en nuestro país”, de donde recuerda “nosotros nos fuimos”. Considera que contar con un grupo de gobierno italiano en La Oliva sería “absurdo”. De confluir esta formación a las elecciones municipales, “los escucharía, pero no los votaría”, asegura.

Puerto del Rosario

Natacha Mazzotti regenta, junto a su marido, la pizzería Il Pomodoro en la calle María Estrada de Puerto del Rosario. Llegó en el año 2006, al igual que su hermana. Su primera incursión en la Isla fue para disfrutar de unas vacaciones. Dos meses después se mudó a Fuerteventura. Recuerda que cuando llegó sus hijos eran los únicos de origen italiano en el colegio más antiguo del municipio. “Prácticamente son unos majoreros más, pero nacieron en Italia y hablamos entre nosotros en italiano. No quiero que mis hijos pierdan su lengua nativa ni sus orígenes”, aduce.

Aunque tiene poco libre para compartir con amigos, cuenta con amistades de ambas comunidades, italiana y local. “Cuando llegamos había pocos italianos. Se oía muy poco el idioma. Durante los últimos años he visto crecer la población italiana en la ciudad”, cuenta. Defiende la integración y en materia política “no entiendo nada”, asegura. El mal sabor de boca de la experiencia con los políticos en Italia la mantiene alejada de estos temas

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