Rock es en realidad Pancho: cuando fallan los sistemas de adopción de mascotas

Perro adoptado por una persona en el Albergue Insular de Animales de Gran Canaria.

Silvia Álamo

Las Palmas de Gran Canaria —

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La vida de una familia de Gran Canaria cambió el pasado 5 de noviembre cuando llegó a la casa Rock, un pequeño beagle de seis años. Lo conocieron en el Albergue Insular de Animales de Gran Canaria y esperaron 20 días hasta que el refugio autorizó su adopción después de considerarlo abandonado al ver que nadie lo reclamaba. Por casualidad la anterior familia se tropezó con el animal y sus actuales dueños en la calle y desde ese momento reclaman la custodia de Pancho, que así es como lo llamaban en su antigua casa.

Roger Jean es un alemán amante de los animales afincado en el municipio grancanario de Telde. Durante muchos años convivió con un perro hasta que se le murió en una avanzada edad. En ese momento decidió ir al albergue insular en busca de un nuevo compañero. Allí conoció a un beagle del que se enamoró y que decidió adoptar a pesar de que, según su versión, desde el alojamiento le informaron que tenía varias enfermedades, que le iba a suponer un costoso tratamiento y que tenía que esperar los 20 días reglamentarios hasta que el perro fuera dado por abandonado desde la administración. Lo hizo. Esperó y al pasar 21 días fue en busca de Rock para adoptarlo asumiendo todas sus obligaciones.

Jean cuenta que de camino a casa paró en el veterinario y le diagnosticaron filaria (gusanos en sangre), una dermatitis crónica y callos en las patas. Se comenzó con el tratamiento apropiado para estas enfermedades. Desde que el perro entró en casa se ha convertido en parte de la familia, “el perro está aquí eligiéndonos a nosotros”, asegura el actual dueño del beagle. “No tiene restricciones, puede andar y jugar por donde él quiera. ¿Cómo lo voy a soltar? Sería un trauma para él”, reprocha.

En un encuentro fortuito, las dos familias del perro se topan en la calle y los anteriores dueños de Rock, que lo llamaban Pancho. Según cuenta Roger Jean, el perro no reaccionó, no mostró ningún sentimiento. Él les explicó que lo había adoptado en el albergue de forma legal. Por causas que se desconocen, los anteriores dueños localizan a la persona que tiene en estos momentos a Rock y le ponen una denuncia en la Policía que llega a un juzgado de instrucción. Allí lo activan como una apropiación indebida, explica el abogado del alemán, José Antonio Pérez. “Al parecer ahora el juzgado ha archivado el caso y ellos han puesto un recurso”, indica el letrado. Tras esta actuación, los antiguos dueños enviaron un burofax a Roger Jean reclamando la custodia del perro.

Por causas que se desconocen, el beagle llegó al Albergue Insular de Animales de Gran Canaria, en Bañaderos. Cuando trataron de identificar al perro se percataron de que no contaba con el chip para identificar a los animales, después se pudo averiguar que quizás el identificador habría fallado. El asunto está en que nadie reclamó al perro en el centro, pero si constaba una denuncia de desaparición por parte de su familia que no se tuvo en cuenta.

Tras pasar el protocolo de actuación del albergue y, según la Ley Canaria de Protección de los Animales 8/1991 que detalla que cuando un animal está en un albergue si nadie lo reclama en 20 días se considera abandonado, el refugio puede sacrificarlo, cederlo o mantenerlo un tiempo más hasta que alguien quiera adoptarlo. En esta ocasión fue entregado a una nueva familia.

Ahora, las dos familias se disputan en los juzgados la custodia de Rock o Pancho, que se ha convertido en un animal víctima de los errores del sistema oficial de adopción de mascotas. “Esto releva un cierto problema de funcionamiento del servicio. No está funcionando bien el sistema para identificar a los perros perdidos, porque cómo es posible que pese a existir una denuncia fue entregado a una tercera persona”, manifiesta Pérez. “Si esto es así, cualquier persona que adopte un perro y que le coja cariño de repente se lo pueden quitar”, reprocha.

El letrado sostiene que si compras un perro en una tienda la ley te protege en todo momento, aunque el vendedor no sea el verdadero propietario, porque lo has comprado en un establecimiento abierto al público. “Esto no es una compra, es una adopción y sólo es válida si el perro estaba abandonado”, afirma. “El dueño del perro no tiene culpa y el nuestro tampoco, esto es algo que puede preocupar mucho a los dueños de los perros y a la persona que lo adopta”, lamenta Pérez.

Por su parte, Roger Jean considera que “el propietario original sólo hubiera tenido que preguntar en el albergue si habían encontrado a su perro, y no lo hizo, por lo que legalmente lo abandonó. Lamento su pérdida, pero tengo al perro desde hace casi dos meses, lo he cuidado intensamente, he incurrido en gastos y le he cogido intensísimo cariño a Rock, por lo que no tengo intención de devolverlo salvo que un juez me indique lo contrario”, sentencia a través de un escrito a la Guardia Civil.

Este periódico localizó a la anterior dueña de Rock y, aunque se le observa notablemente afectada por la situación que están viviendo las dos familias por este animal, y sobre todo por el lugar en el que está su Pancho, no ha querido contar su versión de esta historia. Lo que está claro que un conjunto de errores relacionados con la Administración Pública está ocasionando tristeza y dolor en dos familias.

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