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El amargo trance de una vejez en soledad: soluciones desde la proximidad

“Y me digo, bueno y ahora, ¿para qué vivo? Ya mi marido no está, mis hijos no me necesitan, estoy jubilada. ¿Y ahora qué va a ser de mí? Me empecé a hundir”, relata Elisabeth Cazenave, de 72 años

En Canarias existen cerca de 200.000 personas que viven en una situación de soledad no deseada, de las cuales, más de 60.000 son mayores y, de ellas, 40.000 son mujeres

José Cabrera, director técnico en Canarias de la ONG Teléfono de la Esperanza, considera que “hay mucho por mejorar: desde eliminar barreras arquitectónicas a promover la participación de los mayores, evitando la discriminación y recuperando una imagen que no esté limitada a los problemas, sino a las oportunidades y a lo que pueden aportar a la sociedad”.

Gustavo García, de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, explica que se trata de una situación “muy compleja porque son muchas las causas interactuando entre ellas; “las administraciones por sí solas, prestando servicios, no son capaces de resolverla. Y la sociedad, por sí misma, tampoco. Nos necesitamos y deben ser respuestas integrales”

El Gobierno de Canarias ha anunciado que creará un plan con el que pretende potenciar el voluntariado, el uso de viviendas compartidas o el incremento de actividades intergeneracionales

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Imagen de archivo de las manos de dos personas mayores.

Imagen de archivo de las manos de dos personas mayores.

“La soledad es hoy una de las causas de riesgo de exclusión social más extendida de España, es algo silencioso, porque no molesta, solamente preocupa cuando un mayor aparece muerto. Se preocupan de que muera solo, no de que viva solo”, explica Gustavo García, de la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, quien añade que es una situación “muy compleja, pero hay muchas soluciones y todas deben hacerse desde la proximidad”.

Cuando Elisabeth Cazenave se quedó viuda a los 67 años, la golpeó el peso de la soledad. Salía a la calle, caminando sin rumbo, sintiéndose sola rodeada de gente. Visitaba a sus hijos y a sus nietos, pero no les contaba cómo se sentía, no quería ser una carga. “Y me digo, bueno y ahora, ¿para qué vivo? Ya mi marido no está, mis hijos no me necesitan, estoy jubilada. ¿Y ahora qué va a ser de mí? Me empecé a hundir”, relata.

En Canarias existen cerca de 200.000 personas que viven en una situación de soledad no deseada, de las cuales, 60.000 son mayores y, de ellas, 40.000 son mujeres, según la ONG Teléfono de la Esperanza. El director técnico en Canarias de esta organización y responsable del proyecto Escuchando a nuestros mayores, José Cabrera, explica que la población por encima de los 65 años en las Islas supera el 15% y “en 2026 aumentará al 20% y llegará al medio millón en 2030”; además, la esperanza de vida ha aumentado. 

Aunque la soledad es algo común en la sociedad actual que se da en diferentes rangos de edades, en algunas personas mayores es más complejo porque, además de esta situación, “tienen procesos de pérdida más frecuentes”, como el final del periodo laboral o la muerte de seres queridos. Y, si además hay falta de autonomía o de dependencia, se agrava, según Cabrera.

“Primero te encuentras golpeado. Consideras que es algo injusto, porque no lo has buscado tú. Entonces estás como enfadado con la vida porque te ha dado algo que no te gusta. Cuando eres mayor, te sientes más lábil, más desprotegido, te sientes como que estás perdido y quieres agarrarte a algo que no tienes. Es una sensación terrible”, relata Cazenave.

Un día vio un folleto del Teléfono de la Esperanza cuando fue a una conferencia y decidió acudir a la sede de la ONG en Las Palmas de Gran Canaria. Allí, comenzó a hacer cursos, “que fueron maravillosos”, y comenzó su “rehabilitación”. Ahora, colabora como voluntaria en la atención telefónica. “No le digo a la gente lo que tiene que hacer, los escuchamos con mucho cariño, siendo lo más empático posible, porque la gente no necesita que le digas lo que tiene que hacer, sino que los escuches”.

En Canarias, además de las organizaciones no gubernamentales que prestan atención telefónica, imparten cursos, acompañamientos o fomentan proyectos para que convivan personas jóvenes y mayores, el Gobierno regional cuenta con 26 centros de día de no residencia, 17 en encomienda con los ayuntamientos y siete gestionados directamente por el Ejecutivo autonómico, según explica Jonás González, director general de Servicios Sociales, en los que “se trabaja el envejecimiento activo, la prevención de dependencia, la soledad o el ocio inclusivo”. 

Sin embargo, González ha constatado el “déficit de recursos” para atender a las personas mayores en soledad: “Faltan más programas específicos”. En la pasada legislatura, el Gobierno regional de Coalición Canaria elaboró un informe titulado Estrategia para el envejecimiento activo de 2017 a 2020, en la que trataba este asunto de una manera marginal, afirmando que “un 47% de las personas mayores creen contar con gente que se preocupa por ellos y otro 19% son visitados tanto como querrían”. Además, aseguraba que las personas en esta situación tienen “relativamente fácil hablar con otras personas sobre sus problemas e incluso recibir invitaciones para salir”. Al final, reconocía que la Encuesta de Salud en Canarias “no permite desagregar las características de esos mayores”. 

En este sentido, la consejera de Derechos Sociales, Igualdad, Diversidad y Juventud, Noemí Santana, anunció la creación de un plan contra la soledad de las personas mayores con el que pretende potenciar el voluntariado, el uso de viviendas compartidas o el incremento de actividades intergeneracionales. Además, González añade que, cuando se incorpore la renta ciudadana, se contribuirá a mejorar las pensiones no contributivas.

En el sistema de dependencia, donde Canarias se encuentra a la cola en los servicios sociales que presta, se incluye la teleasistencia, una prestación gestionada por Cruz Roja para las personas mayores en situación de soledad, cuyos beneficiarios (1.013 hasta el 30 de septiembre de este año) cuentan con un contacto al que acudir siempre que lo precisen y que también proporciona avisos. Pero este servicio “no está implantado en todas las Islas, aunque la vocación es que el Archipiélago la tenga en 2020”, reconoce Miguel Montero, director general de Dependencia del Ejecutivo regional. Además, la teleasistencia avanzada, que incluye acompañamiento, “en Canarias aún no lo tenemos desarrollada”, reconoce.

García explica que la simbiosis entre la tecnología y la teleasistencia permite experiencias “muy interesantes”, como “sistemas inteligentes que monitorizan a la persona en el hogar y pueden advertir que rompe una rutina. Por ejemplo, si hay un pico de consumo eléctrico entre las 8.00 a las 10.00 de la mañana, que es la hora del desayuno, cuando se enciende la cafetera o el tostador. Si un día ese pico no se produce, pues se avisa de que algo puede fallar”. Sin embargo, esto genera un problema: “¿Hasta qué punto para garantizar la seguridad de las personas les estamos invadiendo su intimidad?” 

“Hay mucho por mejorar”, reconoce Cabrera, “desde eliminar barreras arquitectónicas a promover la participación de los mayores, evitando la discriminación, deben poder decidir hasta el final todo lo que tenga que ver con su vida y recuperar una imagen que no esté limitada a los problemas, sino a las oportunidades y a lo que pueden aportar a la sociedad”.

Desde la asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, Gustavo García lo tiene claro: “Las administraciones por sí solas, prestando servicios, no son capaces de resolver la soledad. Y la sociedad, por sí misma, tampoco. Nos necesitamos y deben ser respuestas integrales”. En esta línea, pone como ejemplo el informe que ha elaborado el defensor del pueblo de Aragón junto a 36 entidades, desde ayuntamientos a gestores de fincas urbanas o farmacéuticos, referente para la estrategia nacional que está elaborando el Gobierno central contra la soledad de las personas mayores.

En el documento se propone elaborar una ley del mayor en la autonomía o el desarrollo de un protocolo de actuación para detectar las personas que vivan solas. Para García, se deben “establecer redes coordinadas desde lo público que incorporen a todos los elementos de la sociedad, concienciando”, como los denominados rádares, vecinos y comerciantes que detectan situaciones de soledad en personas mayores y acuden a los servicios sociales de su barrio para que actúen, “siempre, respetando la dignidad y las decisiones de cada persona”.

“Y para eso es imprescindible que los servicios sociales de los ayuntamientos dejen de ser oficinas burocratizadas y recuperar a profesionales que tengan esa capacidad de vincularse a las personas con necesidades, pero que nunca van a acudir a sus despachos a pedir ayuda. Y desde ese trato, utilizar todos los recursos: la teleasistencia, la ayuda a domicilio o las adaptaciones del hogar, pero, sobre todo, hay que incluir ese elemento imprescindible que es el acompañamiento humano”, concluye García.

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