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El negocio en la sangre

Naresh Kumar (India, 54 años), llegó con 18 a Las Palmas de Gran Canaria, donde abrió hace 31 años una tienda de relojes y electrónica

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Naresh Kumar. (ALEJANDRO RAMOS)

Naresh Kumar. (ALEJANDRO RAMOS).

Naresh Kumar nació en 1964 en la ciudad india de Ajmer, en la región de Rajastán. Con 18 años, en 1982, llegó a Gran Canaria, dejando atrás su país y los estudios universitarios. A España llegó gracias a una llamada de su tío que le ofreció trabajar en una empresa de contabilidad, donde duró apenas tres meses porque le aburrió. Ese año fue contratado en un almacén de ventas al por mayor, con clientes sobre todo de África.

Cinco años más tarde, en 1987, su tío y él montaron una tienda de relojes y electrónica. Fue en la calle La Naval del barrio del Puerto, que en los años 80 y 90 estaba llena de paisanos hindúes con negocios de ventas al por mayor y detalle como el suyo. "Somos de la raza sindhi, desde siempre llevamos el negocio en la sangre".

Durante esa época los comerciantes de la India tenían muchos clientes de todas partes. "Nos venían desde los pueblos de la isla, pero también peninsulares". Esto era por la fama de la electrónica japonesa a buen precio gracias a los bajos impuestos por contar la ciudad con una Zona Franca.

Ahora, sus compradores suelen ser turistas de los cruceros y marineros del puerto, aunque también ha logrado fidelizar a clientes del barrio que confían en él antes que en las tiendas de los centros comerciales. Precisamente la apertura de estos y las ventas 'online' fueron los que hundieron la calle La Naval, donde hoy el relevo lo ha tomado los comercios chinos.

Cuando se casó, emprendió la aventura en solitario en la calle Sagasta, en la zona del parque Santa Catalina. Corría el año 1997 cuando Abrió Casa Murshid donde hoy, 21 años más tarde, trabaja con su hermano. Entre los más de 3.000 relojes que tiene a la venta, hay una pequeña silla en la que muchos vecinos pasan el día charlando con los dos hermanos.

"Casi todos los amigos míos son españoles, indios son contados", insiste, aunque cada sábado acude a la iglesia hindú a rezar, lo que le permite mantener el contacto con su cultura. Cuando se jubile lo tiene claro, quiere seguir trabajando ayudando a ancianos del barrio.

Aunque su hija nació en India, con nueve meses se la trajo a las Islas, por lo que se considera canaria. "De España me gusta la gente, es maravillosa. Nunca he tenido problemas por ser extranjero".

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