Más de 35.000 contagios y 160 muertos: el nefasto balance de la quinta ola de la pandemia en Canarias, que ya comienza a remitir

Un hombre con mascarilla pasa junto a la vacuguagua, un punto móvil de vacunación contra la COVID en las islas

Dácil Jiménez


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Canarias está muy cerca de dejar atrás la quinta ola de la pandemia de coronavirus, una embestida que ha dejado desde junio en las islas las peores cifras de contagios, casos activos y fallecidos registradas. Comenzó el pasado mes de junio, primero en una sola isla (Tenerife) y luego se expandió por todas las demás, que marcaron datos récord de incidencia acumulada (IA) en casi todos los casos (salvo Lanzarote y El Hierro, que llegaron a sus máximos a comienzos de año). La IA media del archipiélago, como consecuencia, se disparó hasta cifras no vistas antes y que empequeñecían las alcanzadas en oleadas previas.

Todo comenzó el 1 de junio. En esas fechas Tenerife ya acaparaba la gran mayoría de los contagios diarios del archipiélago. Registró 48 positivos, con más de 1.000 casos activos, mientras Gran Canaria sumaba solo 17. La cuarta ola estaba finiquitada y parecía que la calma se iba a instalar al fin en las islas, que mostraban entonces curvas de contagios descendentes e incidencias acumuladas por debajo del umbral de 50 casos por cada 100.000 habitantes, el que toman algunos países como Alemania y Reino Unido para sus recomendaciones a turistas. Pero a los pocos días ya se dibuja con claridad una curva ascendente en la isla del Teide y para mediados de mes ya había una gran diferencia entre su tendencia y la del resto de islas, que seguían con pocos contagios. La media del archipiélago se vio impulsada por la incidencia tinerfeña y para el comienzo de la tercera semana de junio ya superaba los 50 casos.

Solo unos días después el resto de islas comenzaba también su escalada y a principios de julio tan solo Lanzarote se mantenía por debajo del umbral de referencia. El 3 de julio Tenerife batió su peor marca en incidencia acumulada a siete días (marcada en diciembre de 2020), y desde entonces y durante tres semanas seguidas (hasta el 28 de julio) superó cada día su registro con récords cada vez más altos. Si el 1 de junio registró 48 casos por cada 100.000 habitantes, a finales de julio la cifra se había multiplicado hasta llegar al máximo histórico de 325 casos. La curva de todo el archipiélago se comportó de manera similar (impulsada por los datos tinerfeños) y alcanzó el 31 de julio su récord absoluto con 259,7 casos.

Pero al comenzar agosto la tendencia, por fin, cambió: todas las curvas comenzaron a descender y a 31 de agosto La Palma y La Gomera ya se encuentran de nuevo por debajo del umbral de 50 casos. El resto de islas, aunque no ha llegado aún a esa marca, está cerca, incluida Tenerife, que ha bajado hasta los 66,8 casos y ya no es desde mediados de mes la isla con la incidencia más elevada. Ese dudoso honor le corresponde ahora a Fuerteventura, aunque por poca diferencia y también en claro descenso.

Estos tres meses de cifras desorbitadas dejaron en junio un total de 4.514 contagios en las islas y 20 fallecidos; en julio, la estratosférica cifra de 18.936, unas cuatro veces más que el mes anterior, y 36 muertes; agosto, el mes de la bajada, trajo 12.053 contagios y 116 muertes. Así, aunque este último mes ha registrado menos positivos detectados ha sido el segundo peor en cuanto a muertes en toda la pandemia, solo por detrás de enero de 2021, con 116.

Causas de la quinta ola

En un primer momento, cuando esta quinta ola no estaba considerada como tal y, de hecho, solo era vista como un empeoramiento local en la isla de Tenerife, el Gobierno de Canarias, a través de la Consejería de Sanidad, encargó un estudio para determinar por qué esta isla seguía sumando gran cantidad de contagios mientras el resto alcanzaba niveles muy bajos de nuevos positivos. Aquel informe no pudo determinar un origen concreto a la situación, pero sí apuntó como factores importantes la gran movilidad de personas dentro de la isla y un mayor número de menores de 30 años respecto a otras islas (unos 50.000). A medida que la situación empeoró y se extendió a todo el archipiélago se hizo evidente que no era un fenómeno local.

En sucesivos Consejos de Gobierno, el portavoz, Julio Pérez, incidió en varias causas: la llegada del verano y, por tanto, el fin del curso escolar, que implicaba un aumento de las reuniones sociales entre los jóvenes, así como una mayor interacción también entre otros grupos etarios; una falsa sensación de seguridad frente al virus ocasionada por el avance del proceso de vacunación; y el avance imparable de la variante delta, o india, del coronavirus, “infinitamente más contagiosa”, según expresó el propio consejero de Sanidad, Blas Trujillo.

Por otro lado, y tal vez una de las razones más importantes, es que en mayo decayó el estado de alarma, y con él, las restricciones más importantes, como el toque de queda y los cierres perimetrales. Sin esas medidas, y también sin algunas que limitaban el aforo en interiores de la hostelería en nivel 3 de alerta sanitaria o su cierre en nivel 4, el Gobierno se vio con menos capacidad para frenar los contagios. “Nos han quitado la herramienta más importante para frenar al virus”, dijo Trujillo sobre la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) de no autorizar toques de queda en las islas con peor incidencia. El TSJC tumbó hasta en cuatro ocasiones distintas medidas adoptadas por el Ejecutivo, incluida la obligatoriedad de presentar un certificado COVID para acceder al interior de locales de hostelería y restauración.

Ahora el Gobierno prepara un decreto ley para aglutinar todas las medidas con carácter general en el archipiélago, para todos los ámbitos y con rango de ley, por lo que se tramitará en el Parlamento autonómico y evitará “confusiones” a la ciudadanía, en palabras del presidente, Ángel Víctor Torres.

Este 31 de agosto Canarias alcanzó el objetivo de tener vacunado con pauta completa al 70% de su población total, un hito alcanzado cuando las curvas de incidencia se encuentran de nuevo en caída libre; una buena noticia que hay que tomar con cautela, ya que la última vez que la gráfica pintó un escenario similar fue a principios de junio y fue solo la antesala de la mayor ola de la pandemia registrada en el archipiélago.

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