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Canarias encabeza en 2017 los suicidios de policías nacionales

De los más de una decena de agentes que pusieron fin a su vida hasta mediados de diciembre, cuatro lo hicieron en el Archipiélago

Ninguno se había acogido a baja por depresión, lo que significa que todos llevaban encima su arma reglamentaria

La Policía Nacional no tiene establecido todavía un protocolo de actuación para prevenir el suicidio

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Sede de los servicios centrales de la Policía Nacional en el barrio de Canillas (Madrid)

Sede de los servicios centrales de la Policía Nacional en el barrio de Canillas (Madrid)

Hace unos años, un panadero acudió de madrugada a hacer su trabajo en un edificio de Las Palmas de Gran Canaria. Cogió su saco de panes, subió al piso más alto y empezó a bajar dejando las bolsas con el preciado alimento puerta por puerta. Una vez hecho, bajó a la siguiente planta y siguió la misma rutina. Sin embargo, en algún momento concreto paró y decidió saltar por el hueco de la escalera.

Cuando un periodista llegó a la escena tras ser avisado de que se había producido un accidente, todavía quedaba sangre en el suelo. Ese día no hubo noticia porque un responsable de la policía judicial informó de que lo acaecido había sido intencionado, pronunciando una palabra que en la prensa se torna tabú por el denominado efecto de mimetismo: el suicidio.

El agente que advirtió de lo que podría haberle pasado al panadero y que dijo no poder dar más información formaba parte del Cuerpo Nacional de Policía (CNP), que este año lidera un triste ranking en Canarias. Las Islas conforman de momento la región donde más agentes se quitaron la vida durante el 2017.

Un policía de Pontevedra fue el último en sumarse a una lista que solo este año engloba a 11 personas, lo que supone un total de 152 si se tienen en cuenta todos los casos que se han dado desde principios de siglo, según datos del Sindicato Unificado de Policía (SUP). La media nacional se sitúa en unos ocho anuales desde el 2000 y afectan principalmente a la escala básica y a edades comprendidas entre los 24 y los 62 años.

De los más de una decena de agentes que pusieron fin a su vida hasta mediados de diciembre, cuatro lo hicieron en el Archipiélago. Concretamente, dos en Gran Canaria, uno en La Palma y otro en Tenerife. El primero se trataba de un joven que operaba en la Unidad de Traslados en los calabozos de la Ciudad de la Justicia de la capital grancanaria, y el último trascendió recientemente en los medios de comunicación al tratarse del número dos del CNP en Santa Cruz de Tenerife, José Miguel Camejo Gallardo.

Todos guardan un aspecto en común -aparte de que formaran parte del mismo Cuerpo policial, dependiente del Gobierno central – y es que ninguno se había acogido a baja por depresión alguna, lo que significa que todos llevaban encima su arma reglamentaria. Y esa fue, precisamente, la ejecutora.

La presión del “héroe” y su arma

La psicóloga forense Laura Monje cuenta con una amplia experiencia a la hora de evaluar estos síntomas en miembros de fuerzas de seguridad del estado que han decidido dar el paso y afrontar que necesitan hablar con un profesional. No resulta sencillo tanto por la propia naturaleza del trabajo, como la presión o el estrés al que se ven sometidos los agentes.

Monje señala otra serie de patrones comunes en cuerpos como el de la Policía Nacional que pueden agravar una depresión, como la dificultad de conciliar la vida familiar y laboral. Aspecto que no solo deriva del régimen horario que tengan que cumplir, sino también de su disponibilidad de cambiar de ciudad arrastrando con ello a su familia o, por el contrario, viéndose obligados a dejarlas detrás.

Los dos principales, sin embargo, se refieren al “estigma generalizado” que supone a un policía mostrar que su estado emocional le impide realizar sus tareas. “Se le suele etiquetar como una persona débil, dando la sensación de que el policía tiene que ser el superhéroe, que no puede encontrarse mal nunca”, explica. Una actitud que parte de quienes deberían velar por la seguridad no solo de la ciudadanía, sino de los miembros de sus propios equipos: los jefes. La falta de apoyo de los superiores se torna en rutina, aunque los compañeros tampoco quedan ajenos a este comportamiento.

Todo lo anterior se adereza con un hecho fundamental, la posesión de armas, lo que puede convertirse en un cóctel mortal.

Además, los psicólogos que atienden a los agentes forman parte del propio CNP, con lo que “tienen que ir a contarle sus problemas o lo mal que se encuentran a sus propios compañeros”. Todos los motivos esgrimidos anteriormente causas que “ellos se lo guarden todo, lo que puede desencadenar en algo tan dramático como el suicidio”.

A juicio de Monje, los policías deberían de contar con un gabinete de referencia externo que pueda trabajar con ellos sin necesidad de ser atendidos en su propio centro de trabajo.

Sin revisión

Para la psicóloga, otra de las carencias que sufre la Policía Nacional se centra en que sus trabajadores solo pasan una vez por unas pruebas teóricas, psicotécnicas y físicas para acceder a una plaza. A pesar de afrontar en ocasiones escenas de tensión o tan escalofriantes como la de un asesinato, no están obligados a pasar cada cierto tiempo por una revisión que evalúe su estado psicológico.

Sobre asuntos que se tratan de tapar profundamente en este tipo de ambientes, como la homosexualidad, Monje opina que “si todavía no está normalizada como debería estarlo en la sociedad, imagínate en un cuerpo de seguridad del Estado y, sobretodo, en la Guardia Civil, que depende del Ejército y sostiene su mismo código penal”.

Un psicólogo para todas las islas

Para el portavoz del Sindicato Unificado de Policía, José Luis Guedes, la triste gráfica que encabeza este año el Archipiélago demuestra que hace falta incrementar el número de psicólogos que atienden a los agentes en Canarias. Desde este 2017 una única facultativa se ocupa de todas las islas, tras ocupar una plaza que antes era eventual y que llevaba años vacía por falta de convocatoria.

Su trabajo se centra en supervisar las bajas que se producen por salud mental, lo que quiere decir que quienes siguen en activo no reciben esa atención.

Cabe destacar el oscurantismo existente a la hora de recabar este tipo de datos dentro del propio Cuerpo, que ha comenzado a estudiar este tipo de situaciones desde el año 2000, gracias a iniciativas no oficiales como Vive CNP, con sede en Galicia. Desde el 2008 se han contabilizado 13 casos de policías que se quitaron la vida en Canarias.

La Policía Nacional no tiene establecido todavía un protocolo de actuación para prevenir el suicidio, sino que continúa negociándolo con los sindicatos. El motivo de este repunte en Canarias es, de momento, desconocido.

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