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Viviendo en un garaje y sin poder salir

Onofre y Guaya, que tiene agorafobia, han acabado viviendo en un garaje en Lanzarote y lamentan que los servicios sociales, en lugar de buscar un alquiler social, les adviertan con enviar a un centro a sus hijos menores, de 14 y 16 años

Cuando ocuparon unos apartamentos abandonados, la mayor parte del tiempo no tuvieron ni luz ni agua. Ahora están igual. Tienen luz por un generador y cogen el agua de las gasolineras, pagando el precio por litro más caro que el agua corriente

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Onofre y Guaya en el garaje en el que viven.

Onofre y Guaya en el garaje en el que viven.

En la mayoría de los casos no se sabe en qué momento se puede torcer la vida. En otros sí. La de Onofre y Guaya tomó otro rumbo el día en que murió ahogada su hija de siete años, hace ya cinco, en la playa lanzaroteña de La Garita. “Te cambia la vida radicalmente, es lo peor que te puede pasar”, dice Onofre. Desde entonces, efectivamente, las cosas no han ido bien.

Onofre es músico profesional desde los 17 años. Vivió en Lanzarote hasta 1992. Tocó en el Meliá Salinas y en casi todos los hoteles de Costa Teguise. Ganó dinero y se marchó. Montó un negocio con otra pareja y todo salió mal. Se arruinó. Volvió hace doce años, con Guaya, pero nada era igual. En estos años han participado con diversas iniciativas en las últimas bienales del Cabildo, han mantenido varias propuestas musicales y han presentado proyectos musicales y educativos, muchos de ellos alrededor de la música electrónica. Pero no ha habido éxito.

Los únicos ingresos que tienen ahora salen de lo que recauda Onofre cada tarde tocando en la Calle Real de Arrecife. Eso y algo más de 200 euros que cobra Guaya de la mutua. Trabajaba de camarera y tuvo que dejarlo hace unos meses porque está enferma. “No le di importancia al principio, pero te vas quedando asfixiada...”. Guaya tiene agorafobia, que, de forma simplificada, es el miedo a los espacios abiertos. Le molesta la luz hasta tal punto que cuando se abre la puerta del garaje, que ilumina toda la estancia, se refugia en las escaleras que dan a la planta baja y aparece después con unas gafas de sol. Todo tiene que estar en penumbra.

Onofre, Guaya y sus dos hijos de 14 y 16 años viven en un garaje en la localidad de Tahíche. Es el segundo lugar que han ocupado en los últimos dos años. Primero vivieron en los apartamentos abandonados Senator, de Costa Teguise, hasta el desalojo el pasado mes de julio. Un amigo que vivía allí les dio la llave de un apartamento que antes ocupaba su hermana y se trasladaron porque no podían afrontar ni los 300 euros que estaban pagando de alquiler.

Dicen que en los Senator vivían “en el lado tranquilo” y que había dos realidades aunque “el ayuntamiento se empeñó en hacer ver que allí no había gente con necesidades”. Cuentan que el día del desalojo llamaron a la Guardia Civil y no acudió, que no había orden judicial de desahucio y que los nuevos propietarios pagaron a la gente para que se marchara. Guaya asegura que le dieron ocho ataques de ansiedad. “Estamos negociando, no echándoles”, dijeron, así que hicieron la mudanza en cuatro horas. “Hay gente que ocupa para que les paguen, no digo que no, pero no es nuestro caso”, señala Onofre.

En los Senator, la mayor parte del tiempo no tuvieron ni luz ni agua corriente. Ahora están igual. Tienen luz por un generador y cogen el agua de las gasolineras, pagando el precio por litro más caro que el agua corriente: “Prueba a estar una semana sin agua y luz y me dices si ocupar merece la pena”, dice Onofre.

Durante el tiempo en que estuvieron en los Senator pidieron una entrevista con el alcalde de Teguise, que no se llegó a producir. Sí se reunieron con dos concejales. Consiguieron una ayuda de emergencia para alimentos y medicamentos y otra del banco de alimentos “que se acaba en un día”. Dice Onofre que le piden un montón de papeles y que tiene “cuarenta calderos al fuego a la vez”. Guaya asegura que no quiere tener que acudir a servicios sociales pero sí poder acceder a un alquiler social.

Dice que los servicios sociales de Teguise han sido una complicación más que una solución: “Con nosotros, seguimiento cero”. Tras la primera visita al garaje, cuando aún tenían los colchones en el suelo, les dijeron que si no resolvían la situación y enviaban a los niños a otro lugar, en septiembre iniciarían ellos el proceso para que los niños no vivieran en esas condiciones. El garaje, por otra parte, a pesar de que no es una casa, está adecentado “y los niños no son unos bebés”, recalca ella, que asegura que le dijeron que su enfermedad es un agravante, “una razón más para quitarme a los niños”.

Guaya cree que “la gente necesita vivienda no solo ahora sino desde hace muchos años y no se ha hecho nada, y nos dicen que las competencias son del Gobierno de Canarias, pero si ellos solo son intermediarios, para qué queremos a los intermediarios”.

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