El Parque Nacional del Teide estudia si Tenerife tuvo bosques de cedro en las cumbres

Parque Nacional del Teide.

Europa Press

Santa Cruz de Tenerife —

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El Parque Nacional del Teide, de la mano del Cabildo de Tenerife y de la Universidad de La Laguna, ha llevado a cabo un estudio para analizar si las cumbres de la isla tuvieron bosques de cedro canario (Juniperus cedurs spp cedrus) para proceder a su recuperación.

Así lo ha informado la corporación insular, que añade que se trata de una especie endémica de la Macaronesia con presencia en las islas de Madeira, Tenerife, La Palma, La Gomera y Gran Canaria; mientras que en la actualidad, la existencia de cedros en el Parque es bastante limitada, pero se supone que en otras épocas su presencia fue mucho mayor.

En este sentido, recientemente se ha conocido gracias a una prueba realizada con el Carbono 14 que un ejemplar denominado popularmente como 'El Patriarca' supera los 1.100 años de edad. Desde épocas prehispánicas la explotación de este árbol fue muy abundante.

El director del Parque Nacional del Teide, Manuel Durbán, ha dicho que “la gestión de un parque nacional debe realizarse bajo estrictos criterios científicos, por este motivo se organizan numerosos estudios. En este caso hablamos de uno sobre el cedro canario”.

“Algunos especialistas --continuó-- indican que, en otras épocas, las cumbres de la isla de Tenerife pudieron estar pobladas de bosques de cedros, los cuales comenzaron su regresión en el paisaje a partir de la población humana de la isla. Es por ello que la administración del Parque ha puesto en marcha, junto a la Universidad de La Laguna, un estudio que pretende demostrar esa hipótesis para recuperar esos bosquetes que en el pasado convivían con la flora de este espacio natural”.

Durbán explicó que con los resultados obtenidos se espera que en breve se puedan tener ya criterios para comenzar una campaña de reintroducción del cedro canario en aquellos lugares donde llego a existir con anterioridad.

Por su parte, estos trabajos se vertebran en base a cuatro grupos de investigaciones: los estudios genéticos, la paleopalinología, el análisis de los vectores de dispersión y el seguimiento por gps de ciertas especies animales implicadas en la dispersión de sus semillas.

El primero de ellos consiste en analizar las diferencias entre los diferentes ejemplares existentes en distintas zonas del parque. Con ello, se ha evidenciado que pese a las diferencias que puedan existir el flujo genético entre ellos es bastante limitado.

Asimismo, el segundo grupo de estudio, llamado paleopalinología, consiste en reconstruir, a partir de catas en el terreno, cómo era la vegetación en ese entorno, aproximadamente hace 5.000 años. Esta reconstrucción se anticipa a la presencia del hombre y de animales herbívoros introducidos y sus resultados son de un alto valor para saber si existieron esos bosques de cedros en las cumbres de la isla.

Además, los otros dos estudios que se realizan están relacionados. El primero de ellos analiza el trabajo de dispersión que pueden realizar cierto tipo de aves y lagartos de las semillas de la planta, y cuál es su incidencia y despliegue en el terreno. Por otro lado, se usa tecnología de GPS para “seguir” a ciertos individuos de cuervo (Corvus corax) y de mirlo capiblanco (Turdus torquatus) y delimitar sus movimientos.

Con todo, en los resultados de estos seguimientos se ha evidenciado que los cuervos tienen recorridos mayores mientras que los mirlos capiblancos se desplazan por una zona más limitada, cercana a recursos hídricos y poblaciones de cedro, cuyos frutos le sirven de alimento.

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