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El Tenerife asalta Ipurúa y presenta su candidatura al ascenso (1-2)

El Éibar fue ahogándose en su propia ansiedad, y no pudo evitar la victoria de un Tenerife que volvió a demostrar, una vez más, que ninguno de los mejores de la categoría ha sido capaz de superarle. El ascenso es posible.

El Tenerife celebra uno de los goles ante el Éibar.

El Tenerife celebra uno de los goles ante el Éibar.

El Tenerife se olvidó de sus complejos en Ipurúa, y logró un triunfo, en la cancha del segundo clasificado, que lo posiciona como un serio candidato al ascenso a Primera División. Sin Ayoze Pérez, los de Cervera se encontraron con un gol a los pocos minutos, tras otro error de Roberto en una jugada a balón parado. Sin embargo, en la segunda parte, Bruno empató de cabeza, y la entrada de Suso y Aridane le dieron la puntilla a los vascos. Aridane anotó un gol antológico e inolvidable, que le dio los tres puntos a un Tenerife que se olvida de la permanencia, y entra a formar parte, por méritos propios, de la terna de aspirantes a todo.

A pesar de que Aitor Sanz protagonizó el primer disparo del partido, otra vez a balón parado el Tenerife le dio alas a su rival. De nuevo, un error garrafal de Roberto Gutiérrez posibilitó que el adversario sacase petróleo de una falta lateral. En este caso, el guardameta Icodense ni si quiera salió a por un balón aéreo, que acabó prolongando a la red Bóveda, desde el área pequeña. En el minuto 6, ya perdía el Tenerife en Guipúzcoa.

El peor guión posible volvió a repetirse, como ocurrió quince días antes en Coruña, ante el Éibar. Los de Cervera no pudieron coger el mando del partido, toda vez que, con el gol a favor, los armeros se limitaron a esperar las acometidas de los rivales.

Nano y Edgar se convirtieron, por ese entonces, en la única esperanza isleña de crear peligro y de abrir brecha en la zaga local, aunque siempre sin conseguir abrir una herida en el rival. Con todo, los contragolpes de los vascos comenzaban a ser muy peligrosos para los de Cervera, que seguían perdidos en un partido malo de solemnidad.

Por el camino, la mala fortuna se cebó con los visitantes. En el 41, Juanjo peinó un saque de banda para que, Edgar, desde la frontal del área pequeña, rematase a bocajarro un balón que iba a gol, pero que acabó desviando Nano. Fue la mejor ocasión de la primera parte, en la que se llegó a cantar el empate, que hubiera sido fundamental. Sin embargo, al descanso, se llegó con 1-0, y una sensación de aburrimiento generalizado.

Tras el asueto, Cervera no se decidió a modificar ninguna pieza, a pesar del resultado. Hombres como Aridane, Cristo Martín o Suso continuaron en el banquillo, en el inicio de la segunda manga.

En el seis de la reanudación, el Tenerife le endosó a su rival su propia medicina. Tal y como había ocurrido en la primera mitad, en una jugada a balón parado, los blanquiazules asestaron un duro golpe al contrario. Fue en otra falta lateral, esta a favor de los insulares, cuando, un gran centro de Ayoze Díaz, le sirvió a Bruno González para peinar, desde el punto de penalti, el gol del empate. Todo volvía a empezar, con cuarenta minutos por delante.

Por si fuera poco, la entrada de Suso Santana, que sustituyó a Edgar, le metió el miedo en el cuerpo al segundo clasificado, que ya no podía abandonar sus posiciones defensivas tan alegremente, ante la constante amenaza del puñal de la banda tinerfeño.

En el 64, Jota comandó la reacción armera. El mejor jugador de los de Garitano era el único que podía sacar del letargo a los suyos, y así lo demostró al agarrar un balón en la banda, driblar a dos contrarios, y meter un balón medido para que Eizmendi se plantase en el área. El atacante eibarrés no pudo aprovechar la ocasión, toda vez que Bruno y, sobre todo, Aitor Sanz, estuvieron rápidos para estorbar y desbaratar la avanzadilla local.

La oportunidad de Eizmendi espoleó a los futbolistas del Éibar, que comenzaron a acercarse más al área tinerfeña. Fue entonces cuando Cervera introdujo a Aridane por un inédito Juanjo.

Ante la amenaza vasca, Cristo Martín entró por Nano. A veinte minutos del final, todo podía pasar en Ipurúa. Garitano metió al delantero brasileño Gilvan, en una clara muestra de sus ambición, pero fue entonces cuando llegó uno de esos momentos inolvidables que se producen muy pocas veces al año.

Aridane, que acababa de entrar al campo, anotó un gol antológico. El de Vecindario agarró un balón en el vértice del área grande, se orientó el balón a su pierna derecha y soltó un disparo que se coló por toda la escuadra del meta vasco. Un gol que metió al Tenerife, de lleno, en la lucha por el ascenso a Primera División.

Fue entonces cuando el Éibar se puso manos a la obra. Urko Vera fue el último cambio de Garitano, en el acoso y derribo que trataría de hacer el conjunto guipuzcoano en los minutos finales. Jota lo intentó, de semichilena, en el 84, pero el balón se marchó fuera.

Poco después. Yurib vió la segunda amarilla por protestar un penalti de Suso que no lo fue. En la última jugada del partido, Arruabarrena tuvo el empate en sus botas, pero echó el balón fuera. El Éibar fue ahogándose en su propia ansiedad, y no pudo evitar la victoria de un Tenerife que volvió a demostrar, una vez más, que ninguno de los mejores de la categoría ha sido capaz de superarle. El ascenso es posible.

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