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LA ENTREVISTA

Ignacio Rodríguez, impulsor de la primera huelga canaria de hostelería: "En el paro general de 1978 conseguimos que el poder recayera en la asamblea"

El hoy asesor sindical y jurídico de Intersindical Canaria recuerda, en el 40 aniversario del primer paro general en hostelería, lo que supusieron las protestas del 22 al 28 de diciembre de 1978, centradas en Puerto de la Cruz

"En Tenerife la FCSU y en Las Palmas el Sindicato Obrero Canario, aportaron una militancia sindical cualificada y muy activa y conocida en los centros de trabajo" de aquellos años

"Sí hubo [en la huelga de 1978] una intromisión de la cúpula dirigente del PSOE para favorecer la desconvocatoria del paro a través del sindicato hermano UGT", algo que no triunfó en ese diciembre de la transición 

Intersindical "hace posible otro sindicalismo distinto del que se ha practicado en los dos últimos decenios por los llamados sindicatos mayoritarios, intermediarios que deciden y firman acuerdos al margen de los trabajadores"

Ignacio Rodríguez rememora en esta charla los acontecimientos laborales de diciembre de 1978

Ignacio Rodríguez rememora en esta charla los acontecimientos laborales de diciembre de 1978

Ignacio Rodríguez Marrero hoy es asesor sindical y jurídico de Intersindical Canaria, pero hace 40 años, en diciembre de 1978, con algo más de 20 años, era uno de los principales dirigentes y activistas del FCSU en la primera huelga general celebrada en el que entonces se estrenaba como sector boyante de la economía en Canarias: el turismo y su necesario complemento de la hostelería y restauración.

Hace cuatro decenios se produjo ese hito histórico para la lucha sindical y obrera en las islas, y este lunes, 3 de diciembre, se conmemora en un acto previsto en Santa Cruz, a las 19.00 y en el Ateneo Miraflores, todo lo que ello significó para la clase trabajadora.

En esta entrevista, Rodríguez hace memoria y explica con gran detalle qué pasó y se consiguió con esa huelga general de 1978, centrada en Puerto de la Cruz. También subraya qué lecciones todavía hoy se deben asumir de aquella semana intensa de protestas y asambleas, durante el paro general del 22 al 28 de diciembre, solo pocas semanas después de aprobarse la Constitución española tras la muerte de la dictadura en España.

Este lunes, 3 de diciembre de 2018, se celebra un acto en Santa Cruz (en el Ateneo Miraflores, a las 19.00) para rememorar y revalorar el hito histórico de la primera huelga general en hostelería de Canarias, y ya han pasado 40 años. Usted estuvo en la organización de esa protesta. ¿Qué recuerda de esos momentos y cuáles fueron entonces los logros laborales más relevantes? 

Efectivamente, este mes de diciembre se cumplen 40 años de la primera e importantísima huelga general en la hostelería canaria que se desarrolló tanto en Tenerife como en Gran Canaria entre los días 22 y 28 de diciembre, unas fechas de máxima ocupación y afluencia turística.

De la experiencia directa que viví en Tenerife, como miembro de la Federación Canaria de Sindicatos Unitarios (FCSU), recuerdo sobre todo la fuerte movilización y la masiva participación de los trabajadores en la manifestación convocada por los sindicatos en Puerto de la Cruz, con la que se inició el conflicto, así como en las asambleas convocadas en el Parque San Francisco, convertidas, por la voluntad de miles de trabajadores, en un auténtico órgano de control de la marcha de las negociaciones con la patronal y además de decisión sobre el propio conflicto. Nada igual se había visto en una ciudad que en aquellos años era el principal destino turístico de Canarias. A ello contribuyó la unidad de planteamientos entre los sindicatos convocantes: UGT, CCOO, FCSU y CNT, tanto sobre las reivindicaciones centrales como sobre la estrategia de la movilización.

También recuerdo la valentía y el compromiso demostrados por un núcleo de sindicalistas muy reconocidos en sus centros de trabajo por su liderazgo y ejemplo, pues aportaban el factor, tan importante en los conflictos laborales, que es la confianza y la credibilidad en quienes estaban al frente de la lucha.

La preparación de la huelga fue relativamente sencilla puesto que había una realidad laboral muy dura caracterizada por los bajos salarios (no existía convenio colectivo), la dureza por los fuertes ritmos de trabajo, la imposición de horas extras que no se retribuían, la jornada semanal de 48 horas y un solo día de descanso semanal, la jornada partida hasta en tres turnos diarios en departamentos como restaurante y bares, la sobreexplotación de las trabajadoras de pisos, lencería y limpieza, el trato despótico y autoritario de muchos directores y jefes de departamento de la época, la precariedad laboral más descarnada en el ámbito de las pequeñas empresas de restauración, etcétera.

Esa realidad era la que alimentaba la aspiración y el deseo de provocar un cambio, tanto en las condiciones materiales de trabajo como en la necesaria humanización de este. Algo que definía muy bien la opinión sobre cómo era el trabajo en la hostelería de los años setenta fue la expresión extendida entre los trabajadores: 'Para ganar un sueldo miserable tengo que estar todo el día disponible para la empresa'.

¿Qué papel central jugaron en esa huelga los llamados sindicatos alternativos, entre ellos el FCSU y el SOC?

Fue sin duda un papel muy destacado el que jugamos los sindicatos alternativos. En Tenerife la FCSU y en Las Palmas el Sindicato Obrero Canario (SOC), aportaron una militancia sindical cualificada y muy activa y conocida en los centros de trabajo, con la que pudimos desarrollar una estrategia basada en la explicación e información  detallada de las reivindicaciones centrales y en una dinámica de asambleas,  participación y control sobre el desarrollo del proceso negociador, para evitar el riesgo de que la comisión negociadora de la parte social firmara acuerdos sin estar convalidados por la asamblea general. Usando la terminología de hoy en día, hicimos todo lo posible para facilitar el empoderamiento de los trabajadores desde la asamblea y creo que lo conseguimos.

Especialmente destacable en Tenerife fue la conexión del grupo dirigente de la FCSU con la movilización en marcha, como demostró el hecho de que, a pesar de la desconvocatoria de la huelga de manera unilateral y sorpresiva que hicieron los dirigentes de UGT a las pocas horas de esta comenzar el día 22 de diciembre, anunciando un acuerdo con la patronal al margen de la comisión negociadora, la huelga se mantuvo hasta el día 28 por decisión prácticamente unánime de la asamblea general, donde participaban miles de trabajadores. Estos respaldaron la propuesta de la FCSU de mantener la movilización hasta que se consiguieran los objetivos centrales que justificaban el conflicto, además de que cualquier acuerdo debía ser convalidado por la propia asamblea general. Así, los trabajadores desautorizaron contundentemente a los dirigentes de UGT que, en contra del sentir de la inmensa mayoría, incluyendo a sus propias bases, se atrevieron a desconvocar la huelga con un vergonzoso acuerdo de cúpulas sindical y patronal.

El actual asesor sindical y jurídico de Intersindical Canaria, en su despacho de esta organización en Puerto de la Cruz

El actual asesor sindical y jurídico de Intersindical Canaria, en su despacho de esta organización en Puerto de la Cruz

Esa movilización masiva e histórica forzó o condujo a la negociación y al cierre de los dos primeros convenios provinciales de hostelería en Canarias. ¿Qué implicaron esos nuevos marcos regulatorios para los trabajadores?

El efecto inmediato de la huelga fue la firma de los primeros convenios colectivos provinciales, con los que se abría una nueva etapa en las relaciones laborales, superando así la vieja regulación de la Ordenanza Laboral en un sector que ya entonces anunciaba su potencialidad de crecimiento y desarrollo.

En Tenerife, con el convenio colectivo de 1979, se alcanzaron objetivos muy importantes respecto a la situación anterior al conflicto, entre los que destacaría un incremento salarial en torno al 28%; el complemento salarial en situación de incapacidad temporal hasta el 100% del salario de convenio, más antigüedad durante doce meses; la reducción de la jornada a 44 horas semanales, que facilitó el acceso progresivo al descanso semanal de día y medio que se consolida en el convenio de 1980, ahí junto a la jornada semanal de 40 horas; la jornada continuada como principio general, sujeto a algunas exclusiones, como en las empresas de menos de 20 trabajadores y 50 camas; la obligación de las empresas de cubrir las vacantes, salvo que hubiera amortización de plazas; la regulación de las horas extraordinarias con un incremento del 75% sobre el valor de las horas ordinarias, así como de las horas nocturnas con un incremento del 50%; un seguro colectivo de vida e invalidez permanente que garantizaba un capital de 700.000 pesetas; el mantenimiento del complemento salarial de antigüedad en una franja que partía del 3% del salario del convenio a los tres años y llegaba hasta el 45% al cumplir los 24 años de servicio; la acumulación de los 14 días festivos anuales a los 30 días de vacaciones para disfrutar 35 días de forma continuada y nueve días en las fechas que se acordara entre empresa y trabajadores; el derecho a una manutención común, variada y de calidad, y ampliación de los permisos y licencias con retribución, entre otros.

El avance conseguido con la firma de los convenios de 1979 y 1980 también se manifestó, en nuestro caso particular [para el FCSU], con un notable incremento de la afiliación sindical como expresión del reconocimiento a una labor bien realizada.

El acto de conmemoración del 40 aniversario de esa primera huelga en hostelería qué recuerdos principales devuelve a uno de sus precursores, entonces muy joven, y me refiero sobre todo en las vertientes sindical y emotiva. ¿Cómo se vivió ese momento tan político y de militancia en plena la transición, nada más salir del franquismo?

En el plano personal, fue una experiencia bastante exigente para el grupo de compañeros y compañeras que representábamos a la FCSU, en su mayoría jóvenes y con alguna experiencia sindical adquirida en las comisiones obreras clandestinas. En mi caso, fue una ocasión para someter a prueba las convicciones ideológicas de alguien que con 24 años había militado en las Juventudes Comunistas y que en esos años compartía con aquel grupo de compañeros la tarea de impulsar el llamado sindicalismo unitario que, en el conjunto del Estado, apoyaban organización políticas de izquierdas como la ORT (Organización Revolucionara de Trabajadores) y el PTE (Partido de los Trabajadores de España).

¿Qué papel jugaron los partidos políticos en la organización y el apoyo a esa huelga sectorial de 1978? ¿Se escondieron o fueron activos?

No hubo, en sentido estricto, participación o apoyo de los partidos políticos de la izquierda clásica (PCE y PSOE) en aquel conflicto, más allá de lo que suponía que algunos dirigentes sindicales militaran en tales formaciones políticas. Sí hubo, en cambio, una intromisión de la cúpula dirigente del PSOE canario para favorecer la desconvocatoria de la huelga a través del sindicato hermano UGT, atendiendo a las presiones del empresariado y de la patronal hotelera, que temían que el conflicto laboral quedara fuera de control. En cuanto a la izquierda nacionalista canaria, entonces poco articulada y limitada en sus posibilidades, apoyó en todo lo que pudo la movilización sindical, a través esencialmente de un grupo de militantes del Partido de Unificación Comunista de Canarias (PUCC) que, como yo mismo,  formábamos parte de la FCSU.

¿Y los medios de comunicación locales...?

Los medios de comunicación locales se reducían en esa época a las delegaciones de los periódicos El Día y Diario de Avisos en el norte de Tenerife, así como la emisora de RNE. La huelga ocupó muchos titulares antes y durante su desarrollo, con editoriales muy sesgados y claramente influidos por los intereses empresariales. No obstante, recuerdo la profesionalidad e imparcialidad de algunos periodistas que siguieron muy de cerca el desarrollo del conflicto hasta su final.

Hace pocas semanas, el sindicato al que ahora usted representa, Intersindical Canaria, ha criticado con dureza el nuevo convenio provincial de cuatro años firmado entre Ashotel y Sindicalistas de Base, organización hoy mayoritaria en el sector tinerfeño de la hostelería. ¿Qué estrategia han definido para volver a tener representatividad en las mesas negociadoras a escala provincial y qué trabajo queda por hacer para remover la actual dinámica de pactos?

Nuestra pérdida de la representatividad exigida para estar presente en las negociaciones se debe fundamentalmente a las dificultades que hemos tenido para penetrar en el polo turístico del sur de Tenerife, donde se concentra la mayor parte de los establecimientos hoteleros de la provincia. En ese amplio y complejo entramado empresarial, se han tejido complicidades entre la patronal y un sector del sindicalismo, sobre todo en los dos últimos decenios. Esa complicidad ha consistido en garantizar la paz social en el sector a cambio de favorecer la hegemonía sindical del sindicato sectorial CCOO, en primer lugar. Posteriormente, tras la crisis interna de CCOO hace unos dos años, ha sido a favor de Sindicalistas de Base, la nueva denominación de quienes rompen con CCOO conservando el control que ya tenían sobre la estructura sectorial [bajo el liderazgo de Manuel Fitas].

Esa estrategia compartida implica que en muchas empresas se obstaculice la libre concurrencia en las elecciones sindicales mediante un juego sucio que llega a extremos como el de forzar la renuncia de nuestras candidaturas mediante presiones de todo tipo, siendo lo más lamentable que en ese juego participan activamente los hoy dirigentes de Sindicalistas de Base y ayer de la sectorial de CCOO.

A pesar de ello, somos un referente para muchos trabajadores del sector en el sur de Tenerife, donde desplegamos una intensa actividad sindical y de asesoramiento jurídico-laboral desde nuestra sede sindical en Los Cristianos [Arona]. Defendemos un sindicalismo que se base en la participación y en la capacidad de decisión de los trabajadores, así como en la imprescindible autonomía, ajeno a cualquier control empresarial, lo cual significa, entre otras cosas, no admitir representantes sindicales mediatizados por las empresas, fortalecer las secciones sindicales en cada centro de trabajo, y la formación de cuadros sindicales capaces de representar con garantías a sus compañeros con el respaldo de su  organización.

Estos son los presupuestos para hacer posible otro sindicalismo sustancialmente distinto del que se ha practicado en los dos últimos decenios por los llamados sindicatos mayoritarios, convertidos en intermediarios que deciden y firman acuerdos y convenios al margen de los miles de trabajadores afectados. Son cómplices de la creciente precarización laboral, los bajos salarios, el  endurecimiento de las condiciones de trabajo y la discriminación salarial de las categorías profesionales más bajas, sobre todo de las mujeres trabajadoras camareras de piso, limpiadoras y ayudantes en general.

Hace pocos días, la escritora Almudena Grandes dijo en Tenerife que la situación de los trabajadores en el llamado mundo desarrollado se acerca cada vez más a la del siglo XIX y se aleja de la que debe ser más razonable en el XXI. ¿Qué está pasando y cómo se da la vuelta a esta dinámica? ¿Solo con política de partido?

Es cierto que bajo los dogmas y postulados del neoliberalismo se ha producido una profunda regresión en materia de derechos laborales y sociales, con la coartada de que eran necesarios los recortes y sacrificios para salir de la crisis, es decir, de su crisis. Las dos reformas laborales son un buen ejemplo de ello y, contrariamente a lo que decían los bien pagados ideólogos y portavoces de la derecha económica y política, han venido para quedarse bajo el manto protector de los partidos  reaccionarios y conservadores que hoy gobiernan en buena parte del mundo desarrollado.

Corresponde a los movimientos sociales, a la izquierda y a los sindicatos, impedir esa deriva hacia un modelo social a la medida del poder económico, con escasos derechos laborales y sociales, con servicios públicos debilitados por las crecientes  privatizaciones y con una democracia muy devaluada.

¿Qué queda del espíritu consagrado en la huelga general de hostelería de 1978 y qué no queda? ¿Se debe recuperar algo de entonces para defender con más garantías los derechos de los trabajadores?

Pues me queda el ejemplo de cómo la unidad de acción sindical y la participación activa de los trabajadores en los procesos de lucha son la mejor garantía de éxito. Por ello resulta inaceptable que la negociación colectiva en el sector de la hostelería se haya convertido en un coto privado de la patronal y de una cúpula sindical cuyo interés prioritario es mantener su hegemonía y colaboracionismo, despreciando la unidad de acción y suplantando la participación real de los trabajadores a quienes dicen representar.

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