El Puerto de Granadilla, historia de un fracaso

Propuesta de reconversión parcial del Puerto de Granadilla en puerto base de cruceros, marina náutico-deportiva con 1.500 atraques y parque marítimo de 750.000 metros cuadrados de superficie.

Joaquín Galera Gaspar

Santa Cruz de Tenerife —

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El día 2 de marzo de 2018 se inauguró el Puerto de Granadilla, en un acto precipitado y un tanto surrealista, donde acudieron todas las autoridades de la Isla y de los gobiernos de Canarias y del Estado, incluidos ministros y el entonces presidente Mariano Rajoy. Aquel día la naturaleza habló alto y claro, demostrando a todos los presentes que la obra que estaban inaugurando no servía para nada. Al parecer, en dicho acto se le escuchó decir a un alto cargo del Estado: “Pero, ¿a quién se le ocurrió hacer un puerto en éste lugar?”, sintetizando así el sentir de las miles de personas que nos preguntábamos exactamente lo mismo y decidimos hacer algo para frenar esta brutal infraestructura portuaria.

Aunque en el Parlamento de Canarias se impidió siquiera debatir la ILP tramitada por colectivos ecologistas y respaldada por miles de canarios, finalmente, tras la mayor lucha en defensa de la naturaleza que se ha producido en toda a historia de la Unión Europea, se logró que “solo” se construyera la tercera parte del proyecto completo previsto por las diferentes administraciones públicas. 

Y así comienza una historia que continuará, dando mucho que hablar.  Sin embargo, por el lado de los opositores, se han acertado e incluso superado todas las predicciones que se hicieron, como que los vientos impedirían el normal uso del puerto, que solo se generaría el empleo que conlleva su construcción, que la obra se presta a la corrupción, etc.

La triste realidad de este puerto es que se conoce más allá de nuestra geografía, por ser uno de los mayores ejemplos de despilfarro de los dineros públicos de nuestro país en los últimos 20 años, nada menos que 300 millones de euros. A Europa la engañaron para “sacarles las perras” y además, como no, se dieron presuntamente comisiones o mordidas del ya famoso 3% a políticos locales, entre otros, lo que aún se encuentra en fase de investigación

En cuanto a la utilidad del puerto de Granadilla, primero fueron las gigantescas plataformas petrolíferas, que dañaban brutalmente el paisaje del sur y le daban la bienvenida o despedían a los numerosos turistas de los que depende nuestra economía. En algunos momentos de su estancia en el puerto, el personal de las plataformas se temían lo peor, es decir, que el fuerte viento acabara por romper los amarres y dejara las estructuras sin control alguno dentro del ámbito portuario. Posteriormente, llegó el “mayor barco del mundo” que, tal y como se presentó, no sabemos si vinieron por voluntad propia o se les pagó para que atracaran unos días y así poder ocultar en alguna medida la realidad del fracaso de esta infraestructura portuaria. Se difundieron conversaciones entre tripulantes y mandos que describían las dificultades y las nefastas condiciones que presenta ese puerto para el atraque de los barcos. 

En tercer lugar, a mediados del pasado año, llegó la polémica de los trabajadores afectados por el empeño de la Autoridad Portuaria de trasladar las labores de reparación naval y de plataformas al puerto de Granadilla. Por aquel entonces, los trabajadores de las empresas que actualmente desempeñan sus trabajos en el Muelle de Este, afirmaban rotundamente que “el viento no permite muchas veces ninguna operación”. “Tienen que estar continuamente propulsándose hacia el muelle por culpa del viento; y, además, no hay nada alrededor . El puerto está en medio de la nada, a 60 km de Santa Cruz. No hay ni empresas, ni pueblos ni hoteles, de modo que las empresas afectadas rechazan esta opción. De hecho, las plataformas de Pacific, con 4 barcos perforadores, se marcharon a Las Palmas de Gran Canaria porque sabían que el puerto de Granadilla no es viable”.

Por su parte, el ayuntamiento de la capital y la patronal del metal, respaldaron que “la actividad de reparación naval se mantenga en Santa Cruz y no sea trasladada, ni es su totalidad ni en parte, al puerto de Granadilla, algo que conduciría a la perdida de empleos y a la huida de importantes inversiones en Tenerife”. 

Es por ello que no se entiende que, en la visita que el pasado 3 de febrero realizó a nuestra isla el presidente de Puertos del Estado, Salvador de la Encina, asegurara que “el puerto de Granadilla estará plenamente operativo en un plazo de tres años”, por prever algunos servicios y continuar rellenando otros 300.000 metros cuadrados de superficie, lo que significa más degradación territorial y más despilfarro en crear una base de contenedores donde sólo se puede operar la mitad del año, con grandes dificultades para encajar unos contenedores con un margen de pocos centímetros, en un puerto con aguas no precisamente tranquilas y con viento la mayor parte del año. 

Estaremos expectantes por conocer la primera empresa que se atreva a usar el puerto de Granadilla lo que, en caso de ocurrir, no será antes de cinco años tras su inauguración. Parece que el ejemplo del puerto de Arinaga, menos ambicioso pero con mejores condiciones y muchos más servicios en su entorno, no sirve a los de aquí para aprender. Continuará. 

Joaquín Galera Gaspar, arquitecto. 

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