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La Plaza del Cristo y las razones para un "No" a un velatorio

Para los laguneros de la generación  de la mayoría de los miembros de la Junta de Gobierno de esta asociación de vecinos, que pasamos nuestra infancia y juventud en el casco y alrededores de la ciudad, la Plaza del Cristo, al igual que otras cercanas, como la del Adelantado y la Catedral, jugó un papel importante en el día a día.

Fue un lugar de juegos, de carreras, de partidos a la pelota,  de saltar charcos y ver a los soldados desfilar en ese gran espacio de tierra bordeado de grandes árboles. Tenemos vagos recuerdos del templete con sus escalinatas y rampas donde nos deslizábamos.

El 14 de septiembre, el Cristo se subía para observar con asombro los fuegos del Risco y la Entrada, así como la espectacular traca de voladores colocados en sus cajas con tela metálica y que al igual que las banderas se guardaban, hasta hace pocos años en un local del lateral de la plaza junto a la casa de los esclavos, donde hoy se construye el futuro velatorio.

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Reforma Laboral: ¡Sí, o sí!

El primer error es sacar a la luz un asunto del que no toca hablar. Aquí el consenso ahora, y la urgencia, es doblegar la COVID-19. Nada es más importante que salvar las vidas que el coronavirus sigue llevándose por delante, y atender a los afectados, bien que estén ingresados o sujetos a cuarentena.

Esa es la principal misión del Gobierno estatal, de todos los Grupos parlamentarios con representación en el Congreso de los/as Diputados/as, Patronal, Sindicatos, y, por supuesto, la Ciudadanía española.

Lo decía el otro día, en mi primer artículo publicado en este medio: primero las personas, la salud y salvar vidas.

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Facilítennos ser valientes

Me preguntan con frecuencia en varios foros y reuniones online, tan de actualidad ahora, cuáles son las claves principales de la recuperación del sector turístico, más concretamente del del alojamiento turístico al que represento en Ashotel y en CEHAT.

Cientos de horas de debate ocupadas en definir ese escenario, si no ideal, porque ahora ese es un adjetivo en desuso, sí que nos aporte la seguridad necesaria para dar pasos firmes. Avanzamos estas semanas en las diferentes fases de este plan de desescalada que ha trazado el Gobierno de España y ya vamos viendo −quiero ser optimista− la luz al final del túnel.

Sin embargo, son muchas las dudas que surgen en una situación sin precedentes como la que atravesamos. Más que dudas, aclaro, temores lógicos que nos llevan a pensar en si los pasos que daremos en las próximas semanas y meses serán seguros y no tendremos que volver atrás, pues esa sería la peor de las noticias, no solo para la supervivencia de las empresas, sino para las personas trabajadoras que dependen de ellas y para el tejido productivo y social de nuestro país.

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Carta de un médico a su abuela

No hace mucho  te gustaba darme la mano para cruzar la calle. Y ahora soy yo el que me gustaría dártela a ti.

Cada vez que entro y salgo del hospital, te llamo, dices que voy a la guerra y que encima partimos en desventaja porque el enemigo no se deja ni ver.

Has pasado por malos momentos, dictadura de las de "mejor estar callada", guerras de las de "tanques en las calles", Estado del Bienestar con bajadas de pensiones que terminan dejándote con "malestar" y ahora una guerra 2.0 cuyo ejército ni si quiera podemos ver, oír ni tocar.

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¿Salud o economía?

No tengo la menor duda de que la pandemia de la COVID-19, nombre con el que se denominó, creo que fue por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y por el que se le conoce en el mundo entero, dará muchas páginas literarias.

Estoy seguro que muchos escritores/as ya consagrados, y nobeles, querrán escribir su particular historia en torno al coronavirus. El trabajo de los hospitales, de los médicos, de los sanitarios en general, ambulancias, funerarias, policías nacionales, guardia civil, ejércitos, policías locales, protección civil, y un largo etcétera de ciudadanos y ciudadanas que no dudaron ponerse al servicio del rescate de vidas humanas.

En fin, que la COVID-19, dará para muchos debates en todos los medios de comunicación social y centenares de títulos en las estanterías de las librerías del mundo entero.

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El Plan

Desde que la semana pasada dimitiera Juan Ramón Lazcano (Cs) como concejal de Urbanismo ha surgido un debate a raíz del supuesto plan que Coalición Canaria ha puesto en marcha para realizar una moción de censura en el Ayuntamiento de Santa Cruz. Por supuesto, de realizarse y triunfar sería, perfectamente, legítimo y legal. El plan sería legal de la misma forma que lo fue el triunfo de Patricia Hernández en el Ayuntamiento de Santa Cruz o de la misma forma que lo fue el de Pedro Martín en el Cabildo de Tenerife.

Las críticas que se han realizado en redes por ‘El Plan’ no son por su legalidad sino por las formas que se emplearían para realizar la moción. Elucubrar para realizar una moción de censura en mitad de una crisis sanitaria mundial deja entrever las ansias de venganza y revanchismo que tiene la oposición en un momento en el que se deberían aunar fuerzas para lidiar con los problemas y preocupaciones de la ciudadanía. No se puede defender una cosa y la contraria, y eso es lo que han estado haciendo estos días CC y el PP.

Enrique Arriaga le decía al Diario de Avisos que no existía la intención de abandonar el pacto en Santa Cruz, mientras, 24 horas después, el presidente del Partido Nacionalista Canario, Juan Manuel García Ramos, le decía a Mayer Trujillo en La Cope que la moción era “inevitable”. “Inevitable” como la canción de Shakira. Y es que, a nadie le sorprende la cercanía que Evelyn Alonso (Cs) tiene hacia la derecha canaria.

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7 de abril, un Día Mundial de la Salud devaluado por la realidad

El 7 de abril se conmemoró el Día mundial de la Salud y la Sanidad. Su relevancia ha sido, en esta ocasión, muy especial por la excepcional situación que atravesamos y por lo que esta nos está enseñando. Con frecuencia representantes de instancias oficiales se llenan la boca, declarando que España tiene uno de los mejores sistemas públicos de salud, y es posible que sea así, que tengamos un buen modelo sanitario, basado en la sanidad universal financiada por el Estado, con excelentes hospitales y mejores profesionales.

Sanidad devastada.

Sin embargo, hemos podido constatar, tristemente, que no es oro todo lo que reluce. La pandemia ha puesto de relieve las graves carencias del sistema sanitario español, consecuencia de las políticas de privatizaciones, que a partir del ya lejano año 1991 fueron eliminando los aspectos progresistas recogidos en la Ley General de Sanidad promulgada por el PSOE de Felipe González en 1986, que sobre el papel no permitía la entrada de empresas privadas en la sanidad pública.

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Humanizar la respuesta, cuidar las medidas

Cuidar la vida.  Ese y no otro es el objetivo que asumimos desde el primer momento todas las personas que compartimos responsabilidades políticas dentro de la Consejería de Derechos Sociales del Gobierno de Canarias. Cuando todavía no sabíamos nada sobre el COViD 19 ni mucho menos lo que suponía estar frente a una alerta sanitaria. Cuando ni siquiera imaginábamos que nuestras decisiones necesitarían de una rapidez, perdón, de una inmediatez absoluta para dar respuesta a la realidad que vivimos desde hace semanas.

En estos días todo tiene un riesgo añadido, el riesgo de lo desconocido, y justo por esa vorágine que nos recorre cada día nos aferramos a los motivos que hasta aquí nos trajeron: la vida en el centro. Centrarnos en el cuidado de las personas más vulnerables, de las personas mayores, de las inmunodeprimidas, de quienes lidian día a día con las violencias machistas, de quienes viven atrapadas en sus terribles consecuencias.

Antes, hace semanas que parecen meses, diseñábamos políticas para llevar la vida al centro. Hoy cuidar de esa vida es la que prima en las respuestas y las medidas que se van tomando.

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Sanidad pública/Sanidad privada

La cuestión no es  sanidad pública/sanidad privada, así en abstracto, sino la de  qué papel le corresponde a ambas en el sistema sanitario de un país que aspire a ser una sociedad avanzada.

Que una sociedad disponga, en el marco de la libertad de empresa y de una economía abierta, de un sector empresarial dispuesto a invertir y a gestionar servicios sanitarios es un gran activo lo mires por donde lo mires.

Pero esa no es tampoco la cuestión. Lo que hay que definir  --y esa es una decisión política, que corresponde a los representantes de la ciudadanía-- es qué servicios debe gestionar directamente la sanidad pública, y por tanto cuál debe ser la dimensión y el coste de los centros que integran el sector público, y qué servicios --de los financiados a través de los impuestos de los contribuyentes-- pueden quedar en manos de la gestión privada. La cuestión es, por tanto, el modelo de atención sanitaria. Lo suficientemente compleja como para definirla con trazos de brocha gorda. Por tanto, lo que digo a continuación  son unas meras reflexiones.

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El negativista desafiante en tiempos de alarma sanitaria

El día 14 se declaraba en nuestro país el estado de alarma a través de un Real Decreto para poder gestionar la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19. El presidente del Gobierno central, en aplicación del artículo 116.2 previsto por nuestra carta magna activó este mecanismo solamente tres días después de la elevación por parte de la OMS de la emergencia de salud pública a  la categoría de pandemia internacional. El objetivo era -y es- luchar contra la grave situación que ha generado la alarma sanitaria por el riesgo de contagio y de propagación del coronavirus, proteger la salud y la seguridad de toda la ciudadanía, así como contener la progresión de la enfermedad mientras se refuerza el sistema de salud y se intenta mitigar el impacto de este virus en lo social y económico. El decreto recogía limitaciones a la circulación de las personas por las vías públicas, restricciones a la circulación  de los vehículos y la obligación de seguir las recomendaciones y obligaciones emanadas de las autoridades sanitarias. Se señalaba explícitamente que “la ciudadanía tiene el deber de colaborar y no obstaculizar la labor de los agentes de la autoridad en el ejercicio de sus funciones”.

Los españoles en general, y especialmente los canarios, estamos dando muestras, mayoritariamente, de un comportamiento pletórico de responsabilidad, de empatía, de solidaridad y hasta de  generosidad y de sacrificio. Sin embargo, no hemos salido de nuestro estupor cuando hemos visto que algunos individuos han incumplido el deber de confinamiento, generando alarma social, y, por supuesto, reproche social. Afortunadamente, son los menos. Especímenes que se han  atrevido a desafiar a esta imprescindible contención reforzada, importándoles bien poco el que la aplicación de la misma haya sido motivada por una emergencia que nos pone en peligro a todos, y en especial a los más vulnerables. Individuos, aquellos, que se han atrevido a desafiar incluso a las figuras de autoridad integrantes de las fuerzas de seguridad del Estado, desobedeciendo las órdenes de “vuelva usted a su casa” o la de “no vaya a su segunda residencia”.

Escribía  Emerson  que  “conducta desafiante” es aquella culturalmente anormal en su intensidad, frecuencia o duración, siendo probable que la seguridad física de la persona o de los demás corra serio peligro...” Y a nadie se le escapa la existencia de variados y hasta combinados rasgos de personalidad observables entre  quienes insolidariamente incumplen con el confinamiento, vislumbrándose en algunos  un perfil conductual que puede estar asociado -y que hasta podría diagnosticarse  a poco que se les realice una buena anamnesis - dentro del denominado trastorno negativista desafiante.

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