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Ocaso seguro

Sabemos que el ser humano es vil por naturaleza. Suele ser un hábil mentiroso, cobarde y con tendencia a no dar generalmente la cara en momentos de error. Por el momento al Homo sapiens actual le ha venido muy bien el hecho de que se hayan creado nuevos canales de comunicación tales como el chat, los foros, el WhatsApp y similares, donde a veces el anonimato está ampliamente garantizado y la impunidad puede en apariencia prolongarse por mucho tiempo. Por todo ello, el ámbito de internet suele ser un macrodescampado donde anclar todos los más horribles vicios del ser humano.

El otro día mencionaba yo en un artículo que a El Prenda, integrante de la manada, le habían creado en Facebook un club de fans. ¡Simpático el tema! ¿Quién puede estar detrás de tan macabra iniciativa? No se me ocurre otra cosa que un provocador inmaduro dotado de un humor muy negro, capaz de violentar a los asiduos de la misa dominical. Y seguramente no pasa de ahí, de crear esa inquietud a las personas de más o menos unas costumbres y comportamientos medianamente ortodoxos. Y los usuarios denunciaron esa página al supuesto club de fans y acto seguido crearon otra, y crearán otra y otra más, hasta que se cansen, y probablemente todas serán denunciadas por molestas, más que por ser realmente una apología de las violaciones. Para apologías de este tipo ya tenemos el proceder de algunos magistrados, así que esto no será más que una simple chiquillada de pésimo gusto de algún ocioso descerebrado.

Pues bien. La creación y otras del mismo tipo parece que no trascienden ni son preocupantes, a no ser que nos produzca asombro -a mí por supuesto me lo produce- la cantidad de redes de intercambio de contenido pedófilo que a diario caen en manos de las unidades de delitos telemáticos de los cuerpos de seguridad del Estado. Rara es la semana que no interceptan al menos una red donde estos asquerosos se intercambian archivos de las más terribles acciones que un ser humano es capaz de cometer. Me asombra bastante el tema porque ¿puede haber en nuestra sociedad tanta gente pervertida hasta ese punto? El porcentaje no parece pequeño en realidad. Hace unos años, desde nuestra Consejería de Educación se nos pidió a los profesores y otros profesionales que entregásemos una declaración jurada de no estar incurso en delitos sexuales de ninguna especie, para que así la Administración se quedase tranquila de que sus trabajadores están al margen de estas desviaciones.

Al principio me pareció inquietante, así que los que no teníamos nada que perder accedimos a la novedad un poco a regañadientes y hoy por hoy es un trámite más que cumplimos como entregar la fotocopia del carnet de identidad. Pero, viendo lo que sucede en estos últimos tiempos, da que pensar que debería ser absolutamente necesario no solo para acceder a un puesto de trabajo sino hasta para cuidar de hijos ajenos e incluso propios si queremos tener a nuestros pequeños a salvo, pues no es una sola vez que un menor es abusado por un familiar cercano, incluidos sus propios progenitores. El ser humano es un lobo para los demás humanos y nadie parece estar a salvo de que se le cruce un cable y caer en las garras de estas detestables prácticas.

El ser humano es un lobo para los demás humanos y nadie parece estar a salvo de que se le cruce un cable y caer en las garras de estas detestables prácticas

Vengo a mencionar todo esto que ronda mi cabeza porque el otro día, mientras fregaba los platos en la cocina, mi hija pequeña, de trece años, me contaba con un poco de sorpresa el contenido que había encontrado en Instagram, y es que al parecer se estaban reuniendo grupos de llamémoslos “humanos” hasta encontrar calificativo más idóneo con la intención de que se consideraran la pederastia y la pedofilia dentro de las prácticas sexuales legítimas del ser humano y para que quienes las realizaran no fueran condenados puesto que no siempre parece haber violencia ni obligación del menor en la acción en sí. ¿Qué hice yo? Abrir el grifo con más fuerza y sentir el ruido y el chapoteo de agua sobre la loza mientras respiraba profundamente.

Y ese al parecer será el siguiente proceso al que la humanidad tendrá que asistir, unos lo presenciaremos boquiabiertos y otros más relajados. De hecho, hay países que han consentido desde tiempos inmemoriales los matrimonios entre niñas y hombres mayores, pero que en los últimos años ya estaban caminando precisamente hacia el proceso contrario, es decir, la abolición total. Pero que haya países de nuestra Europa del primer mundo siquiera pensándose lo de embarcarse en esta terrible tendencia y que ya se estén dando pasos incluso en el Tribunal Europeo de Derechos del Hombre es un asunto que tiene que por lo menos hacernos saltar las alarmas…

El Homo sapiens no ha cambiado de forma en todos estos miles de años que viene siendo tal. Seguimos siendo Homo sapiens y no tenemos ninguna novedad con la que entretenernos que no sea normalizar lo existente hasta el punto de no extrañarnos. Por lo tanto, si esto es así, ¿qué más transgresiones nos quedan? Ya esta humanidad ha llegado a todos los límites alcanzables e inalcanzables y no sabemos si hay alguna otra cosa que pueda hacernos más felices, así que pienso que lo único que nos queda es involucionar o autodestruirnos. Y creo, la intuición pocas veces me falla, que a ello vamos.

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