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Radicalizando Europa

Geert Wilders, líder de la ultraderecha en Holanda

Geert Wilders, líder de la ultraderecha en Holanda

Esta semana Europa y el mundo hemos respirado un poco más tranquilos tras conocer los resultados de las elecciones que tuvieron lugar en Holanda el pasado  martes, pues se intuía un ascenso fulminante de la derecha radical liderada por Geert Wilders que hacía peligrar la tranquilidad del país -y por ende de todos nosotros-, para volver a las formas de los fascismos de mediados del siglo XX que ya creíamos extinguidos para siempre.

En este caso, a Wilders se le han metido entre ceja y ceja, entre otros, los musulmanes y, de haberse materializado un hipotético gobierno de ultraderechas en el país de los tulipanes, probablemente la primera medida que habría puesto en marcha hubiera sido contra ellos, copiando al amigo Donald Trump, que la tiene emprendida principalmente contra los mexicanos, pero también contra todo lo que se mueve que no tenga el sello made in the USA. A ver quién le va a limpiar las letrinas a Trump si expulsa a los inmigrantes que le hacen el trabajo sucio.

Con tanto populismo como está surgiendo por aquí y por allá, parece que una nueva era del fascismo esta brotando, que muchos sueñan con ser como Hitler. Ahí tenemos a los británicos que, contra todo pronóstico, se han cerrado a Europa y han optado por el brexit. No quieren saber nada de nosotros, aunque a algunos les pese el haber tomado esa drástica decisión. Y también parece que por su parte la señora Marine Le Pen está aspirando a llegar muy pronto al poder para hacer otro tanto en Francia (Dios nos libre).

Xenófobos por aquí y racistas por allá van campando a sus anchas y minando el suelo europeo como si alguien les hubiera susurrado a estos en el oído que pertenecen a una raza superior

Dentro de nada, los húngaros, que también son europeos, estarán poniendo vallas electrificadas para detener las migraciones y haciendo que Angela Merkel quede como la buena de la película con su predisposición a acoger a inmigrantes y refugiados. Lo mejor que tiene esta política de los húngaros es que les ha dado a los presos una razón para ganarse el pan con su esfuerzo, pues son ellos mismos los encargados de la construcción de dichas vallas, no como en España, que los hacemos disfrutar a cuerpo de rey de su periodo en la cárcel.

Xenófobos por aquí y racistas por allá van campando a sus anchas y minando el suelo europeo como si alguien les hubiera susurrado a estos en el oído que pertenecen a una raza superior que tiene derecho a considerar que los demás somos escoria, como si el tener los ojos oscuros y la piel de otro color o el haber nacido en otras tierras diferentes fuera algo que pudiéramos elegir voluntariamente. ¡Qué ignorancia! ¡Qué anacronismo! En pleno siglo XXI y en la era de la información, que con solo apretar un par de botoncitos podemos aprender en internet las consecuencias que estos comportamientos han traído históricamente…

Y en España, que nos gusta más un populismo que a un tonto un lápiz, ¿a quién dejaremos pasar primero al gobierno?, ¿a los radicales de izquierdas o a los de derechas?

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