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Ratatouille Sánchez

"Los maestros de la alta cocina, y de eso sí que sabemos en España, nos enseñan que los sabores auténticos son los que mejor se entremezclan. Nada aporta a un plato un condimento que no sabe a nada. La excelencia de un plato sublime es que se reconocen las esencias de cada elemento, que dan como resultado la armonía, la variedad y el contraste”. Discurso de investidura de Pedro Sánchez, 1 de Marzo de 2016.

Ratatouille es una película que narra la historia de una simpática rata que sueña en convertirse en un gran chef a pesar de la oposición de los suyos y del problema que supone serlo en una profesión que detestan los demás, y para conseguir este objetivo decide aliarse con el más humilde de los trabajadores en uno de los más prestigiosos restaurantes del momento.

Si cualquier humilde articulista, como el que suscribe, quisiera resumir la intervención del candidato a la no investidura en su efímera y breve tarde de gloria, organizada a su medida y para su mayor lucimiento por su correligionario Patxi López desde su papelón (que no papel) de Presidente del Congreso de los Diputados, no lo hubiera podido hacer mejor que lo hace y lo describe el argumento de la película de animación Ratatouille.

Quien quiso ser Presidente por un día, creó en su megalómana ambición de poder un nuevo concepto al que denominó “mestizaje ideológico” para intentar unir en un absurdo y carente de sentido ideológico pacto a Podemos con Ciudadanos y para ello no tuvo mejor ocurrencia que introducir el arte de la Gastronomía y la Alta Cocina para justificar la mezcla de ingredientes como ejemplo a seguir, dando por sentado que lo de menos es la doctrina y las ideas en la política.

La estrafalaria y extravagante metáfora dejó descolocados y desubicados a la vez que atónitos, a todos los que debieran formar parte de tan imposible pacto y a los que no pretendían serlo. Pedro Sánchez debiera saber que tomar decisiones, confiar en si mismo y en los demás para sacar adelante un proyecto es lo que realmente motiva y rige a cualquier cocinero que se precie, si lo que real y verdaderamente desea es cocinar alimentos saludables, apetecibles y que provoquen sensaciones de felicidad y placer en sus comensales y no simplemente mezclar ingredientes.

La prepotencia y la precipitación en política, así como el ansia por alcanzar de cualquier modo y manera el poder son siempre malas consejeras. Presentarse a una sesión de investidura como ha hecho Pedro Sánchez obviando la realidad y afirmando sin rubor ni pudor alguno que las urnas dejaron claro que él y solo él era el mandatario popular del cambio, olvidando que fue el claro perdedor del proceso electoral del 20D y que obtuvo los peores resultados del PSOE en la Democracia, es cuando menos surrealista por no calificarlo de esperpéntico.

Que el discurso de la jornada se resuma en un lenguaje vago y vacuo, en metáforas banales, tópicos buenistas e irrealistas carentes de programa, justifica quizás que la imagen gráfica de la jornada que acompañe al gastrónomo Sánchez en su no investidura sean los sindicalistas Cándido Méndez y Antonio Fernández Toxo junto a la antigua dirigente comunista y en numerosas ocasiones alto cargo socialista, Amparo Rubiales, progresistas todos y deseosos del cambio, pero sorprendidos ellos prestando poca o nula atención al anuncio de Pedro Sánchez de un plan contra la desigualdad y el fraude fiscal en vez de asistir entregados al discurso dice mucho del mismo.

Un buen líder político, y mucho más el que aspira a serlo de todo un país, debe ser proactivo para que cada acción que lleve a cabo se base en alcanzar el objetivo que se pretende, no al contrario se fundamente simplonamente en la cocina. Un buen líder político debe ser carismático, no petulante, prepotente y eufórico, sabiendo para ello como vincularse con las personas influenciando positivamente en ellas, no adoctrinándolas en su dogmática visión de la realidad. Un buen líder político debe estar motivado, contagiando esta motivación a las personas de su entorno y no al contrario reconociendo como es el caso que la izquierda, su izquierda, no ha conseguido en estas elecciones el resultado necesario y suficiente para conformar un Gobierno de ese color político.

Un buen líder es mucho más. Ratatouille lo era.

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