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El plátano y sus fantasmas

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Lo del plátano en Canarias a veces es de traca, de mucha traca. En un análisis anterior, titulaba que A rey muerto, rey puesto... pero que sea mejor, y parece que ese afán, esa declaración muy personal de intenciones, en nada se ha cumplido, aunque, también es verdad, hay tiempo por delante..., el tiempo que siempre termina acabándose cuando la premura obliga a no esperar toda la vida. Y esto creo que es lo que en la actual coyuntura le pasa al plátano canario: necesita soluciones urgentes y certeras para que los problemas del ahora no terminen convirtiéndose en los problemas del siempre, del presente y del futuro más cercano, algo que se podrá parecer mucho muchísimo a la ruina de algunos. Y esto no lo querrá Asprocan, ¿verdad?

Domingo Martín, el que de verdad maneja la OPP oriunda de la Isla Bonita conocida como Cupalma (y lo de manejar va sin segundas), es, a día de hoy, el presidente de Asprocan. Lo que leen, lo que oyen, lo que ven, que, aunque no lo parezca hasta ahora, es así. Domingo Martín es el que ya está al frente de la organización platanera por excelencia, el que ha sido elegido por los kilos comercializados para ser nuevo jefe en Asprocan tras la dimisión de Henry Sicilia (su contrario, dependiendo de cómo se mire), aunque estoy con ustedes en que esto poco se nota o no se nota nada.

Domingo Martín es hombre de pocas palabras, de poco aparecer en los mass media y, cuando le toca, lo suele hacer con gesto muy serio, demasiada sobriedad en esa presencia tan recta y vertical. Seguro que son cosas de la personalidad que cada uno tiene. Poco más, entiendo. Me basta para confirmar tal extremo con la visión detallada del retrato que Asprocan facilitó en su día del presidente, y digo Asprocan queriendo decir los servicios de comunicación del presidente.

Domingo Martín, y ya lo dije antes, es lo contrario, dependiendo de cómo se mire, de Henry Sicilia, y por ello ahora se puede decir que las OPP que integran Asprocan, que son seis en la actualidad, han apostado en las últimas elecciones (la mayoría de los kilos) por dar presencia a los extremos. El precedente, soberbio, altanero, multipresencial, aglutinador, rabioso, atrevido…; el actual, seco, distante, desértico, callado, hombre de pocas palabras, amante de la lejanía... Estos son los dos extremos de los que les hablo, y mucho me temo que Asprocan, una vez más, va a tener que cambiar para apostar de una vez por el centro, por el perfil idóneo que aún no ha hallado, encontrado…

El centro existe y es en el que se suele estar más calentito. A Asprocan le falta ese calor, esa llama: la de la coherencia y la estrategia, la de la unidad en torno a unos objetivos de consenso, los que sirvan para todos en su justa medida: ricos, pobres y los de en medio. Se trata de un centro que dé luz, presencia, aglutinador, facilitador de la unidad de acción, poco quejica y agilizador del debate, la negociación y la puesta en común, sin prejuicios y con plena transparencia, a la vez que encajador, siempre desde el criterio, de las soluciones que unos proponen y han sido o pueden ser experimentadas con éxito.

Este parece que va a ser el camino, ni el anterior ni el presente. Mucho me temo que en abril de 2018, si el hombre entretanto no despierta (hace falta que un dinosaurio le dé un buen susto, al estilo de escritor Augusto Monterroso), será propuesto otro para hacer navegar, entiendo que con rumbo previsto, el barco de Asprocan.

Recuerden: ni el extremo del precedente ni la linde que dibuja el actual, el centro; o sea, otra cosa. Asprocan necesita reinventarse, que es lo que con todo este rollo se ha querido decir. Reinventarse, reinventarse, que así, como es ahora y mal funciona, no sirve a casi nadie, al menos a los agricultores que son mayoría.

Así las cosas, con más de lo mismo en el frente de batalla; esto es, con la continuidad que persiste y agota, como ocurre con los problemas agudos del plátano en las islas (pero sin tanta presencia en los medios de comunicación, sobre todo en los que no están comprados, y esto siempre como medida de precaución), la dirección de Asprocan no tendrá capacidad para consumar el cambio necesario, y se pide poco a poco, no con un simple volantazo y ya en la senda idílica. Con esta fórmula no se reclama, que además es imposible.

Cuando los demás ya tengan consolidado lo que se les ha prometido y de verdad merecen, el plátano también podrá beneficiarse de esa compensación al transporte, justo lo que sí dice y pide la proposición no de ley (PNL) del Parlamento de Canarias

Para sostener este análisis, a las pruebas me remito, a una minúscula huella que deja entrever la escasa capacidad estratégica que refleja, cada vez que puede, la organización Asprocan. Pongamos un ejemplo bien cercano… Voy a hablarles de la rabieta, del lamento, relacionado con la aún no conseguida ayuda estatal al transporte de mercancías, que sí beneficia a otras exportaciones agrícolas isleñas, hasta ahora sin llegar al porcentaje fijado desde 2009, el 70%.

El asunto es bien sencillo: la nota de prensa que Asprocan difundió en la primera semana de junio para decir con la boca chica que no entendía, pese a todo lo bueno que es el plátano para Canarias, que se dejara a este producto, una vez más, fuera del listado de perceptores de la citada compensación al transporte de mercancías con destino u origen en las islas Canarias.

Y ello mucho menos lo entendía después de pedir por unanimidad el Parlamento Autónomo, siempre que se den unas condiciones previas (algo que Asprocan obvia y sin duda es muy relevante), su inclusión en tal medida; y mucho menos después del incremento en el Presupuesto del Estado para 2017 (que este lunes aprueba el Congreso) de las partidas que de forma directa benefician a las islas, de manera especial tras la negociación cerrada por Nueva Canarias en relación con esa compensación estatal, que se saldó con la financiación del 100% (antes 70%, que no se cumplía por falta de dinero) del coste del transporte (calculado solo para una batería de servicios, que no todos) por parte del Estado desde 2017, pensando sobre todo en tomate, pepino, plantas, flores y esquejes, que, en efecto, y esto es objetivo, eran y son los más necesitados.

Tras tan importante acontecimiento, y pendiente de ver su reflejo en el día a día, Asprocan plantea una estrategia para defender sus intereses en ese capítulo que es errónea, muy errónea: el intento de echar a pelear, de esa manera tan sutil, a los sectores agrícolas locales y de agudizar una división que no viene bien; la insolidaridad de no admitir que el plátano tiene una situación muy ventajosa respecto a las demás actividades agrarias de las islas en cuestión de apoyo público directo (141 millones de euros al año con aportación exclusiva, la que nunca falla, de la UE), y la intención manifiesta y burda de influir en la política, en el poder, en los partidos, y también en la opinión pública isleña ocultando la verdad, sin decir toda la verdad.

Porque, si no cómo se explica que Asprocan en un comunicado lamente que no se les incluya en la ayuda al transporte de mercancías sin antes explicar que ellos ya tienen asegurados 141 millones de euros al año en ayudas directas.

Sin duda, eso solo se explica por la intención de manipular, pues aquel elemento es clave, los 141 millones, porque está en el origen de que al plátano canario ahora le toque esperar hasta que llegue la coyuntura más propicia para entrar como perceptor en la reseñada ayuda, que seguro lo conseguirá, pero no ahora, ya, cuando la dirigencia quiera y exija. Ahora toca esperar, un fisco, quizá solo un fisco de nada.

Cuando los demás ya tengan consolidado lo que se les ha prometido y de verdad merecen, el plátano también podrá beneficiarse de esa compensación al transporte, justo lo que sí dice y pide la proposición no de ley (PNL) del Parlamento de Canarias aprobada por unanimidad, la misma que con tanta insistencia y credo utiliza Asprocan como arma arrojadiza sabiendo que es la nada o algo muy similar.

Falla la estrategia, y bien digo. Y lo peor, que a los demás, o acaso a algunos, los dejen de tratar como tontos. Así les va… Y luego, como se suele decir, la casa sin barrer, y ya saben a lo que me refiero: la banana que se come el mercado peninsular, bajos precios, rentas aminoradas, picas, división, atomización, peleas internas, amagos de fractura, abogados, sanciones proyectadas y abortadas…

Y todo esto como si no hubiera nada por lo que luchar y hacer aquí, en casa. A barrer se dijo, señores de Asprocan.

*Artículo escrito para la edición de junio de 2017 de la revista Agropalca

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