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Coalición Canaria tiene un problema (y no lo sabe disimular)

Fernando Clavijo preside la mesa en el homenaje que el Parlamento de Canarias rindió a la memoria de Juan Carlos Alemán.

Nuevo día de furia el de este jueves en Coalición Canaria. Las presiones sobre la Fiscalía Superior de Canarias no daban sus frutos, y a última hora de la mañana hacía público por fin su informe sobre la competencia del Tribunal Superior de Justicia para conocer de la causa llamada caso Grúas. Se desvanecían las falsas expectativas que los dirigentes del partido trataron de transmitir a los suyos y a los medios de comunicación afines haciéndoles creer que todavía existía la esperanza de que el pleito quedara residenciado en una jurisdicción menos hostil que la del común de los mortales. Presionaron más de lo debido, faltaron a la más aconsejable de las prudencias sacando a la plaza pública el color y el dolor de sus presiones al Ministerio Público, y hasta se llevaron por delante el respeto institucional que, como Gobierno de Canarias, debieron siempre guardar.

Nunca hubo la más mínima posibilidad de ver cumplidos sus deseos desde que el pasado martes entró en vigor el nuevo Estatuto de Autonomía y quedó abolido el aforamiento para las autoridades autonómicas. La publicación en el BOE sufrió unos días de retraso con respecto a las previsiones iniciales, sin que hasta el momento haya sido plenamente identificada la persona que hizo valer sus influencias en la Villa y Corte para dar más tiempo a la Fiscalía a ver si daba salida a un informe que todo el mundo interpretó siempre que iba a ser favorable al presidente del Gobierno.

Sin embargo, por el informe dado a conocer este jueves sabemos que el Ministerio Público jamás tuvo la menor intención de dejar que el caso Grúas entrara en el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, de ahí que se haga referencia expresa a la fecha de la aprobación inicial del estatuto en el Congreso de los Diputados (13 de septiembre) y en el Senado (24 de octubre) como hitos decisivos en este pronunciamiento. Hubiera resultado una extravagancia pronunciarse sobre la jurisdicción en una fase final de gestión parlamentaria sabiendo como se sabía que el aforamiento iba a pasar a mejor vida.

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Ridículo socialista en La Laguna

José Alberto Díaz y Mónica Martín.

El ridículo del Partido Socialista Canario en la ciudad de La Laguna no puede ser más clamoroso. Unas primarias en las que un fontanero de la lideresa local gana a la lideresa local, desemboca en un esperpento en el cual la derrotada lideresa local anuncia que rompe el pacto que sostiene a Coalición Canaria en el Ayuntamiento, al tiempo que el fontanero ganador anuncia una moción de censura que hasta entonces había prohibido como secretario general local en nombre de su todopoderosa lideresa local. Detrás aparece el líder regional socialista anunciando urbi et orbi que no es posible una moción de censura en La Laguna porque “no se dan las condiciones” ya que tres de los cinco concejales socialistas no la pueden firmar por haber sido expulsados del grupo correspondiente. Dos de ellos, se le olvidó decir a Ángel Víctor Torres, purgados precisamente por promover una moción de censura contra el alcalde nacionalista de La Laguna, José Alberto Díaz, al que el PSOE de repente quiere dejar gobernando en solitario, y accesoriamente censurar, sin haber explicado mínimamente los motivos. Es imposible mayor grado de machangada.

La idiotez socialista no hay por donde cogerla. Abandonar el grupo de gobierno al que durante estos años se han aferrado como lapas la primera teniente de alcalde y lideresa local socialista, Mónica Martín, y su compañera de Cultura María José Castañeda, supone como primera medida dejar al alcalde, José Alberto Díaz, de Coalición Canaria, con todo el Ayuntamiento a su disposición para zamparse una campaña electoral a lo grande, sin el más mínimo recato y sin tener que compartir presupuesto, fastos, merendolas y explicaciones con sus socias del PSOE.

No censurarle a continuación se corresponde con la sospecha generalizada de que los socialistas canarios no quieren dañar en exceso a Coalición Canaria para pactar con ese partido después de las elecciones de mayo de 2019.

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Clavijo, el primer afectado por el nuevo Estatuto de Autonomía

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En el país de las maravillas

María Australia Navarro, Asier Antona, Fernando Clavijo, Rosa Dávila y José Miguel Ruano después de la firma del pacto entre PP y CC que da vía libre a los presupuestos canarios de 2019. ALEJANDRO RAMOS

Asier Antona, el presidente del Partido Popular de Canarias, se esforzó muchísimo este lunes para justificar el respaldo de su partido a los que serán los últimos presupuestos autonómicos del Gobierno de Fernando Clavijo. Al menos de este Gobierno de Fernando Clavijo. El palmero defendió con tanto ahínco su sintonía con Coalición Canaria que llegó a calificar de “Nacionalista del Partido Popular” a su propio grupo parlamentario, lo que a algunos nos hizo rememorar aquel frustrado intento de su antecesor en el cargo de patentar un partido endémico y muy macaronésico que permitiera a ambas formaciones repartirse para siempre el poder territorial archipiélagico en función de la implantación de cada cual: los nacionalistas el occidente y los populares el oriente. Aquello de la UPN a la canaria no cuajó, pero a la vista de lo que barruntan las encuestas para ambos partidos, nunca se sabe, tú.

El entusiasmo de Antona con las cuentas de 2019 parece bastante prematuro, y por lo tanto anacrónicos los fastos de este lunes presentando el documento preliminar de apoyo. Tampoco se presenta muy rentable desde el punto de vista electoral la fotografía que le cedió el PP a Clavijo y a su Gobierno en un momento en el que los nacionalistas sufren los vaticinios más preocupantes de su historia, aunque en ellos también aparece el partido de la gaviota bastante tocado del ala, dicho sea sin el recochineo de rigor.

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Es la ideología, estúpido

El secretario general de CC en Gran Canaria, Pablo Rodríguez (d), y el presidente de Unidos por Gran Canaria, José Miguel Bravo de Laguna (i).

La eurodiputada  Carolina Punset ha abandonado esta semana su militancia en Ciudadanos haciendo públicas unas profundas discrepancias que tienen que ver con la transformación ideológica que el partido de Albert Rivera ha experimentado en adaptación a cada momento político y a la conveniencia de ganar las elecciones al precio que sea. Básicamente, Punset achaca a Ciudadanos haber transitado el camino de socialdemócrata a ultra liberal sin inmutarse lo más mínimo.

Mientras, en Tenerife, el vicepresidente segundo de su Cabildo, Efraín Medina, de Coalición Canaria, se convertía en noticia al difundirse un vídeo en el que explica claramente lo que para él es la ideología neoliberalista: “Evidentemente, claro, cuando me habla de neoliberalismo, que yo, ahí no puedo entrar ni puedo discutir, yo lo que sé es la necesidad que tienen los emprendedores de sacar adelante sus proyectos: Ni neoliberalismo ni políticas económicas de otras maneras. Yo ahí me pierdo y se lo digo de verdad. Es que a mí la palabra neoliberalismo, lo dije en un pleno, me suena a “nuevo” y “liberal”. Y es que no, no me importa, no me importa el neoliberalismo”.

Es decir, no le importa que lo llamen neoliberal, ultraliberal o perro verde, lo que al señor Medina y a toda esa amplia tropa de Coalición Canaria le importa realmente es mantenerse en el poder a toda costa, como viene sucediendo desde que Franco se murió en la cama y un grupo de notables próceres de Tenerife se abrazó a la UCD de Adolfo Suárez, y en su declive, decidió montar aquel invento llamado Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI), el germen de lo que hoy conocemos como Coalición Canaria.

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La peor cara de Coalición Canaria

Acto del homenaje al escritor José Saramago en Lanzarote.

El triunfo electoral de Fernando Clavijo en 2015, cuando obtuvo los 18 diputados con los que ahora gobierna Canarias en solitario, le sentó a amarga victoria cuando comprobó que le iba a ser imposible gobernar con el Partido Popular, con cuya ideología se siente muy identificado, tanto él como gran parte de la dirigencia de Coalición Canaria. Se vio entonces obligado por las circunstancias a pactar con el PSOE, con el que pronto hizo estallar desavenencias hasta conducirlas a una agria ruptura en diciembre de 2016, con lo que la relación de conveniencia duró tan solo año y medio.

Es bueno recordar que aquella ruptura vino precedida de unos sonados desencuentros (al menos los que trascendieron) que alcanzaron su punto álgido cuando al presidente Clavijo no se le ocurrió mejor cosa que reducir drásticamente los presupuestos a la sanidad pública, en manos del socialista Jesús Morera, e investirse él personalmente en gerente de todos los hospitales de las islas. La idea era generar un caos controlado que permitiera expulsar a los socialistas acusándolos de malos gestores en un asunto tan delicado y, a su vez, permitir que su sucesor, a la sazón vicepresidente de las clínicas privadas de España, tuviera margen para revertir la situación de las listas de espera y el hundimiento de la calidad de los servicios sanitarios públicos. Veinte meses después, sigue sin conseguirlo.

La ideología ha vencido una vez más al sector progresista de Coalición Canaria, o por ser más precisos, al núcleo que perdió las primarias del partido cuando Clavijo y Ana Oramas se alzaron contra los partidarios de Paulino Rivero. En aquella guerra fratricida, una de las críticas más duras con las que arremetieron contra el expresidente fue la de la confrontación con el Gobierno de Madrid, unas hostilidades que Rivero abrió a partir de una sucesión infame de desplantes liderados por José Manuel Soria, irritado a partir del momento en que supo que por primera vez en el siglo los nacionalistas iban a dejar al PP en la estacada para pactar con el PSOE, entonces en manos de José Miguel Pérez.

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Panasco, el fiscal que siempre protegió a Soria

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Vuelve el PP (y los vicios) al Puerto de la Luz

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La misma televisión de Coalición Canaria

El expresidente del Consejo Rector de RTVC, Santiago Negrín.

A veces resulta muy complicado recordar qué hubo en Canarias antes de Coalición Canaria. La memoria se pierde en una especie de agujero negro donde aparecen revueltos los mismos líderes nacionalistas militando en otros partidos políticos y sus adversarios, atolondrados víctimas de sus manejos, sin saber a qué atenerse. Cuando se vuelve a hacer la luz, los mismos adversarios siguen desnortados mientras los de Coalición Canaria aparecen de nuevo en la poltrona mirando con desdén a quienes les preguntan qué extraño fenómeno ha operado para que todo se haya vuelto del revés menos sus altaneros rostros.

Todos son inocentes en Coalición Canaria menos los que estaban antes, es decir, menos los de Coalición Canaria que han sido sustituidos por Coalición Canaria. No es que parezca un bucle infernal, es que realmente lo es.

En una nueva demostración de que la desfachatez es cualidad imprescindible en el partido que gobierna este Archipiélago desde principios de los noventa, este martes hemos oído a dos de sus portavoces hacer acto de contrición por la gestión de Radio Televisión Canaria entre los años 2011 a 2013. Y se preguntarán ustedes por qué solamente en esos tres años concretos y no en toda la historia del ente público. Pues sencillamente porque fue ese periodo, nada más y nada menos que ese periodo, el que fue analizado en un informe de la Audiencia de Cuentas que se presentó este martes ante el Parlamento regional.

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Soria, Volkswagen y los espías

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