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El blog de Carlos Sosa, director de Canarias Ahora

No, gracias, señor Brufau

El presidente de Repsol, Antonio Brufau, en la rueda de prensa que ofreció en noviembre en Las Palmas de Gran Canaria.

Semana movidita la que se avecina en frentes bien distintos pero que, como las tablas de Moisés, se concentran en dos: el petróleo y el Oasis de Maspalomas. O en uno, dicho sea por economía procesal: el respeto al medio ambiente de Canarias. Si, como ya anunció días antes de la ponencia técnica, Paulino Rivero se ciñe exclusivamente al dictamen de “los técnicos” -que evidentemente ya conocía-, Gran Canaria podrá decirle a la cara tranquilamente de ahora en adelante que él es el responsable político de que un día esa isla perdiera de vista para siempre el Oasis de Maspalomas. Parece mentira que a un político al que desde ya mismo, y sea cual sea el resultado final de su cruzada, habría que reconocerle y agradecerle su férrea oposición al petróleo en Canarias haya que empezar a colgarle en la otra solapa de su chaqueta el sambenito de cómplice de un atropello colosal a un emblema de la isla de Gran Canaria. Se debe ser ecologista para lo que deja evidentes réditos electorales, porque ése será sin duda uno de los beneficios que cosechará Rivero gracias a su justificado pulso a Repsol. Pero también audaz donde se aprecie cualquier riesgo. Porque si el peligro de enfrentarse a Riu es la reclamación de indemnizaciones por la discutible pérdida de sus derechos urbanísticos en el Oasis, ¿acaso cree el presidente del Gobierno de Canarias que Repsol no las exigiría en caso de que sus permisos se vieran ahora frustrados? ¿O es que, por ser otra la administración responsable de indemnizar ha de importarnos menos? Estamos con el Gobierno y con su presidente en la rotunda negativa a que Canarias sea escenario de explotaciones petrolíferas, por economía y por ecología. Precisamente las dos mismas razones por las que estamos en su contra si no logra proteger el Oasis de Maspalomas, necesario por ser un elemento natural sin parangón y porque, estando como está en el centro de la mejor urbanización turística de Canarias, es un polo de riqueza necesario para potenciar la misma imagen de destino natural que con el petróleo se frustraría. A la hora de redactar estas líneas, la petición en Charge para detener ese latrocinio de la mallorquina Riu, con la complicidad del Gobierno canario, ya superaba las 1.500 firmas. Hay que llegar al menos a 5.000.

Viene Brufau

El segundo asunto de interés semanal, como decíamos, es el petróleo. Y se producirá este mismo lunes, día en el que está previsto que el presidente de Repsol se entreviste con Paulino Rivero exactamente para nada. La compañía petrolífera está sufriendo un tremendo desgaste en su imagen corporativa como consecuencia de la contestación que las prospecciones en Canarias han generado no solamente en la prensa local, sino también en la nacional y en las redes sociales. La amplificación que internet supone para cualquier conflicto con repercusión social llega inevitablemente a los foros de decisión económica donde se toman decisiones y donde se fija el valor de una cotización o de una marca. Ya no hay entrevista que le hagan a Soria o a Antonio Brufau en la que no salga a relucir la cuestión canaria, precisamente por la respuesta ciudadana y política que se ha hecho sentir en otros muchos lugares gracias a la repercusión de las redes y la implicación de muchas entidades, asociaciones y personalidades de notoriedad internacional. Toda esa información, más o menos filtrada o analizada, termina llegando a los accionistas, nada insensibles a cualquier catarro que pudiera afectar a sus inversiones bursátiles. Ni siquiera el poder del petróleo y todo el dinero que se genera a su alrededor es capaz de detener un desgaste así. A ver si no por qué iba a preocuparle a Repsol Canarias como para que su presidente tenga que venir por segunda vez a intentar apaciguar el ambiente y a negar, como hizo en su primera visita, cualquier conchabo con José Manuel Soria. Repsol tiene un problema en Canarias, y a Canarias viene Brufau tras haber preparado el terreno con una campaña publicitaria en los diarios impresos que en las próximas semanas se trasladará también a los digitales.

La visita del hombre de El Monte

Pero no. La división de opiniones que desde el primer momento generó el anuncio de que podría haber petróleo en Canarias y que alguien quería que se investigara se mantiene. Cierto es que ahora hay más información y que, producto de la misma, es más que probable que haya más detractores que defensores. A ello ha contribuido sin duda la chulería con la que ha conducido este proceso el ministro canario y sus mariachis, y también la primera y hasta ahora única rueda de prensa de Brufau en las Islas. Vino exactamente a provocar. Otra cosa no fue aquel anuncio al más puro sabor colonialista del hombre de El Monte en el que engodaba a los cabildos de Lanzarote y Fuerteventura para que les pidieran audiencia y le rogaran ser base logística de Repsol para las prospecciones. A aquellas alturas ya Brufau sabía que el único puerto preparado por logística e infraestructuras es el de La Luz, y por entonces ya había habido algún contacto preliminar en tal sentido. Este martes volverá a verse con la prensa el presidente Brufau, pero lo hará solo con periodistas escogidos por su departamento de comunicación, entre directores de medios y profesionales influyentes, a los que tratará de convencer a partir de una sucesión de sutiles matices que, sin embargo, no negarán la mayor porque no se puede, pero que irán particularmente destinados a mejorar la imagen de Repsol ante los líderes de opinión.

La connivencia de Soria

Porque la connivencia con Soria que insistentemente negó en su última visita a Canarias Antonio Brufau ha vuelto a ponerse descaradamente de manifiesto con la tramitación del expediente de autorización de las prospecciones. El último hito, la milagrosa aparición de nuevos documentos vitales para la seguridad ambiental que no fueron sometidos a información pública en agosto del año pasado y que ahora solo se muestran a la consideración de las administraciones canarias por el breve espacio de diez días. O esa exigua indemnización de 20 millones de euros en caso de desastre ambiental, ampliable, mira tú qué cosas, a criterio del Ministerio de Industria. Por no mencionar la amplia manga ancha del ministerio hermano de Agricultura y Medio Ambiente, donde un europeizado Arias Cañete dejó todo atado y bien atado para que la petrolera y su benefactor no tuvieran que fajarse con los duros informes de algunos técnicos del departamento, justo aquellos que no tendrán que enfrentarse a las acciones penales que desde algunos ámbitos se estudian con mucho detenimiento.

No cuela, no cuela

La visita de Brufau, como decíamos, viene precedida de una campaña de publicidad de dudoso gusto y más dudosa eficacia. De momento ha tenido su mayor reflejo en la prensa impresa, donde ya han aparecido, que hayamos visto, tres páginas completas a todo color con el mismo leitmotiv pero cada una de ellas con un enfoque diferente, cada cual más polémico. Si ya cabreó al personal en las redes sociales que el primer anuncio viniera a decir que los barcos de las prospecciones no se van a ver desde la costa, más cabreó la segunda, que insinuaba que Canarias recibirá del petróleo lo que Noruega recibe a través del fondo soberano que gestiona todas sus explotaciones a través de una empresa de mayoría pública, Statoil. El creativo se ha superado sin embargo con la tercera al vecino marroquí: si lo hace Marruecos, por qué no lo íbamos a hacer nosotros. Es evidente que estamos ante la plasmación de pago de tres de los argumentos más cascados por Soria y los suyos durante estos últimos meses, argumentos que no han contribuido mucho, sin embargo, a que se baje la presión contra el petróleo, sino más bien al contrario. Porque fue el mismísimo Antonio Brufau el que se mofó en su última visita a Canarias de ese argumento marroquí negando cualquier relación entre la veta geológica que su compañía quiere testar y la que, de momento sin éxito, ha testado el vecino país. Por lo tanto, estamos ante una campaña destinada al consumo del converso y, naturalmente, a ablandar con importantes inversiones publicitarias el corazoncito de las empresas propietarias de los medios informativos. Permanezcan atentos a sus pantallas a ver en qué medida lo logra.

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