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Historia del “último esperpento” político canario

La frustrada moción de censura en La Frontera vuelve a poner de manifiesto la insoportable fragilidad del pacto que sustenta al Gobierno de Canarias

El PSOE trata de no dar una sola excusa a Coalición Canaria mientras Clavijo intenta (en serio) mantener el acuerdo a pesar de las fuertes presiones que sufre

José Alcaraz y José Miguel Ruano han salvado la crisis herreña: el PSOE tendrá la alcaldía de La Frontera y entrará en Valverde; el Cabildo es harina de otro costal

Alpidio Armas anunciará este lunes que abandona el PSOE, lo que dará un vuelco político completo a las tres instituciones herreñas

Las comisiones negociadoras del PSC-PSOE y de Coalición Canaria durante la reunión mantenida hoy en Las Palmas de Gran Canaria, para intentar cerrar un acuerdo para la gobernabilidad de la comunidad autónoma. EFE/Elvira Urquijo A.

Las comisiones negociadoras del PSC-PSOE y de Coalición Canaria. EFE/Elvira Urquijo A.

La llegada de José Alcaraz a la secretaría de Organización del Partido Socialista Canario-PSOE ha dado sus primeros frutos. A él y sólo a él cabe atribuírsele la solución al conflicto político abierto en el municipio herreño de La Frontera, donde los tres concejales de su formación planteaban una moción de censura a la alcaldesa Melissa Armas poniendo en jaque una vez más la estabilidad del pacto regional con Coalición Canaria. La crisis se cerró de manera traumática, de eso no hay duda: los tres concejales socialistas sólo depusieron su actitud al recibir por partida doble (burofax y notificación en mano) la resolución de expulsión fulminante emitida por la Ejecutiva Federal. Con ella se frustraba por completo el éxito de la censura porque al quedar a su vez disuelto el grupo socialista en el el Ayuntamiento, adquirían la extraña condición de tránsfugas a la fuerza, lo que multiplicaba por dos el número de votos necesarios para el triunfo de una censura. Acto seguido, su socio en la aventura, Unión Frontera, hacía lo propio y también reculaba a la espera de una nueva oportunidad en el futuro. Las cosas en La Frontera cambian ma non troppo: Melissa Armas tendrá que ceder la alcaldía al PSOE, y Unión Frontera, que iba a compartir gobierno con los socialistas, tendrá que conformarse con la oposición junto a los dos concejales del PP. Pero en el municipio quedarán abiertas las viejas heridas que habían conducido a la censura, convenientemente aprovechadas por el líder insular del PSOE, Alpidio Armas, para declarar la guerra a AHI con la sólida excusa de que esta formación, adscrita de aquella manera a CC, había incumplido el pacto en cascada al haberle dejado fuera en el Cabildo y en el Ayuntamiento de la capital de la isla, Valverde. El hacha de guerra no está en absoluto enterrado, por mucho que en los cuarteles generales del PSOE y de Coalición Canaria se haya escuchado un profundo suspiro de alivio al saber que la moción de censura había fracasado. Porque si bien es cierto que el acuerdo alcanzado entre Pepe Alcaraz y José Miguel Ruano puede ser a primera vista satisfactorio para ambas partes, todo dependerá de la actitud que tome los próximos días el secretario general del PSOE herreño y los efectos colaterales que puedan sentirse en la amplia geografía que este pacto regional ha querido abarcar.

 

 

 

La caída de Alpidio Armas

Es cierto. Alcaraz ha conseguido un buen acuerdo para el PSOE en El Hierro: arrebata la alcaldía a AHI-CC en La Frontera, donde los nacionalistas/insularistas fueron los más votados; los obliga, además, a echar del gobierno de Valverde al Partido Popular para dar entrada a los concejales socialistas, y abre un periodo de reconducción del pacto en el Cabildo que queda efectivamente supeditado al futuro político que voluntariamente elija Alpidio Armas. Si este decidiera finalmente abandonar el PSOE como asegura que hará este lunes, hará un impagable favor a sus adversarios de AHI y a los que en su propio partido le recriminan haber sido el artífice de esta nueva crisis esperpéntica en el pacto regional. Si se queda, y especialmente si decide quedarse como consejero en el Cabildo, el veto que le ha impuesto la presidenta de esta institución, Belén Allende, tan obstinada como él, frustrará la entrada de los socialistas en el gobierno insular. Pero si se marchara, la solución final a la crisis de La Frontera acabaría con un vuelco espectacular en las tres instituciones de la isla, y con dos claros derrotados: el Partido Popular y Alpidio Armas. Es muy probable que el líder socialista herreño, que ha seguido el tramo final de esta crisis desde sus vacaciones en Galicia, anuncie este lunes a los suyos que abandona el partido y, por lo tanto, la secretaría general y su acta de consejero del Cabildo. Volverá a dar clases de inglés al instituto Roque del Salmor, precisamente en el municipio de La Frontera. Cosas que tienen los pueblos chicos en islas chicas, una carga que ha sido decisiva también en este caso.

¿Acabar con el esperpento regional?

Los conocedores de las negociaciones dan por sentado que en su resolución han sido decisivas dos cuestiones: la expulsión de los concejales decretada fulminantemente por el PSOE y la tenacidad de Pepe Alcaraz que consiguió quebrar el ánimo de sus tres compañeros de La Frontera hablando permanentemente con ellos. Dicen que fue decisiva la conversación que mantuvo en simultáneo con ellos, reunidos en plan manos libres en la sede socialista de La Frontera. Los canales de entendimiento entre el PSOE y Coalición Canaria son otros desde que Alcaraz sustituyó a Julio Cruz al frente del negociado de Organización de los socialistas canarios, de eso parecen albergar pocas dudas las partes en presencia. Debe ser una cuestión de carácter. O no. Pero los que conocen a este profesor universitario de Historia, mano derecha de José Miguel Pérez para muchas y profundas crisis, capaz de dar la cara en Telde cuando nadie daba un duro por el PSOE, saben que a perseverar poca gente le gana. Se ha propuesto trabajar en profundidad los problemas que acucian al pacto regional para que al menos por la parte socialista no se ofrezcan motivos para su ruptura cuando llegue diciembre. Nadie –ni siquiera él mismo, ni siquiera sus interlocutores nacionalistas- pueden garantizarle que tenga éxito. Es muy potente la presión que sobre Fernando Clavijo ejerce una parte de Coalición Canaria de Tenerife (ATI, para entendernos), y de La Palma (API) para cambiar de socio tras las elecciones generales. Pero también la contrapresión que ejerce desde Fuerteventura Mario Cabrera por pura convicción ideológica y por los rescoldos aún calientes que dejó la guerra del petróleo en la isla; o desde Gran Canaria Fernando Bañolas y Mari Mar Julios, temerosos y con razón de que un acuerdo con el PP de José Manuel Soria termine por borrarlos definitivamente del mapa. No ayudan las escaramuzas del PSOE como la de La Frontera, eso parece impepinable, pero tampoco los flagrantes incumplimientos que Coalición sigue manteniendo con un descaro vergonzoso en Santa Cruz de Tenerife, Puerto de la Cruz o Lanzarote. Ni la humillación que para el PSOE supone que Clavijo se niegue a nombrar a los viceconsejeros de Justicia y de Relaciones con el Parlamento, dos socialistas (Manuel Fajardo y José Francisco Armas) de dos territorios calientes, Lanzarote y El Hierro. Y en eso tiene Alcaraz un reto enorme: cambiar la humillación a la que su socio ha sometido a su partido por un funcionamiento normal que hasta ahora sólo ha sido esperpéntico.

 

Se envainan los sables en La Laguna

Esta penúltima crisis del pacto entre Coalición Canaria y el PSOE ha servido, como hemos venido diciendo, para volver a dibujar en el mapa la posición de cada facción con protagonismo en el sainete. ATI y API,  desde luego, vieron los cielos abiertos con la censura en La Frontera, y aunque a sus cuarteles generales les importaba una higa lo que le pasara a Melissa Armas, hija de un histórico de AHI, vieron en la escaramuza una nueva oportunidad para vociferarle a Clavijo aquello de “¿tu ves como no son de fiar?” Pero el resultado final no puede ser peor para los agoreros porque los nacionalistas herreños se mantienen en las tres instituciones a costa del PP y de un trofeo político llamado Alpidio Armas. El PSOE en la isla, eso sí, entrará en una profunda crisis de imprevisibles consecuencias, pero estará también en el poder local. Si El Hierro tuvo solución, el siguiente reto para los negociadores habrá de ser reconducir las crisis enquistadas en el Cabildo de Lanzarote y en los ayuntamientos del Puerto de la Cruz y de Santa Cruz de Tenerife, por no mencionar al de La Laguna, donde estos tres últimos días sonaron nuevamente los tambores de una moción de censura al alcalde de CC José Alberto Díaz aprovechando, paradójicamente, las amenazas que proferían los suyos desde la mesa del pacto. Si se hubiera roto el acuerdo regional, la primera consecuencia habría sido una moción de censura en La Laguna con Javier Abreu de candidato a la alcaldía apoyado por Nueva Canarias y por Sí Se Puede. Y ATI, por mucho que quiera volver a darse el revolcón con el PP en el Gobierno regional, no se puede permitir el lujo de perder esa plaza. Los sables han sido envainados una vez más, pero la amenaza queda ahí latente.

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