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El PP se recompone; Ciudadanos se descompone

La disciplina de los populares es capaz de convertir en fortaleza las debilidades que afloraron durante las negociaciones postelectorales con Coalición Canaria

Las expulsiones, expedientes, querellas y demandas que se lanzan entre sí los pocos que no se han marchado voluntariamente de Ciudadanos dejan un amplio espacio por la derecha a los populares

Asier Antona y María Australia Navarro, en el pleno solemne de apertura de la X Legislatura del Parlamento de Canarias

Asier Antona y María Australia Navarro. EFE/Cristóbal García.

Australia Navarro no hacía otra cosa que pasear de lado a lado de su cuello uno de sus dedos augurando la decapitación que le esperaba ese mismo día en el que se constituía el Parlamento de Canarias. Lo hizo con descaro desde su escaño sentada junto a Asier Antona, al que los días previos a ese pleno había traicionado prestándose a la operación Palacete para que prosperara el pacto que la dirección nacional de su partido, el PP, ansiaba cerrar con Coalición Canaria. Y lo volvió a hacer a primera hora de la tarde mientras se subía a la jardinera de Binter rumbo al avión que la devolvía a Gran Canaria. Antona acababa de reaccionar apartándola de la potavocía del grupo parlamentario, pero dejándola luego de presidenta para que no hubiera más efectos colaterales.

Nadie parecía dar un duro por el futuro de Australia Navarro en el PP, es decir, por su carrera política. O, por resumir, por su carrera. Pero quizás a aquellas alturas de la crisis, ella misma ya sabía que todo se iba a resolver de la manera tan extravagante que se ha resuelto: con Asier Antona, su inminente verdugo, sufriendo una defenestración por elevación y ella sustituyéndolo con plenos poderes al frente del partido con la instrucción concreta, eso sí, de no dejar cadáveres en el armario.

Asier Antona, es verdad, ha sufrido el correctivo orgánico que cualquier dirigente defenestrado quisiera tener: un salario de 4.000 euros netos en el Senado, con tres  plenos al mes, con un papel relevante dentro del grupo parlamentario en la Cámara Alta, y con despacho en la sede central del PP de la calle Génova como secretario de Política Autonómica del partido.

Su cabeza en Canarias fue el precio que tuvo que pagar al rebelarse contra la imposición de pactar con Coalición Canaria otros cuatro años más, admitiendo para ello una humillación política que seguramente le habría salido más cara que el correctivo que Casado y García Egea le han aplicado: ceder su puesto a su número dos para la presidencia del Gobierno. Inadmisible.

Pero el resultado finalmente obtenido, el que va a tener que administrar desde ahora Australia Navarro, puede ser mucho más rentable para el PP si logra fijarse como grupo de oposición referente en el Parlamento de Canarias, como se conjuraron este jueves los miembros de la junta directiva regional en el acto en el que García Egea ungió a Navarro como sucesora de Asier Antona para los próximos dos años previos al reglamentario congreso regional.

Hubo mucho entusiasmo en la reunión de ese órgano, al que acudió Antona para recibir el reconocimiento de los suyos, lo que significa que las heridas que se produjeron tras aquellas negociaciones, hace poco más de dos meses, ya se han cerrado. La disciplina que impera en el PP es tan sugestiva que es capaz de convertir en fortaleza todas las debilidades, indisciplinas, desplantes y traiciones que se dieron en el frustrado proceso negociador con Coalición Canaria.

Puede decirse que tras la reunión de este jueves, la crisis se ha tornado reconciliación porque Australia Navarro parece que va a aplicar con buen criterio las instrucciones de la superioridad de no dejar vencidos y de integrar en su equipo a una buena parte de los que venían trabajando para Asier Antona.

Queda por despejar la incógnita del papel que va a desempeñar desde la sombra uno de los principales artífices de la defenestración del expresidente Antona. José Manuel Soria ha visto colmado, en cierta medida, su sueño de cargarse a quien cortocircuitó el pacto con Coalición Canaria que pretendía el exministro para la buena marcha de sus negocios. No se lo perdonará, y seguro que no ha encajado de buenas maneras que lo hayan catapultado a la política nacional con opciones de volver cuando haya congreso regional.

Se tendrá que conformar Soria con la oposición dura y combativa que su partido ha anunciado que planteará frente al pacto progresista (de las flores, dicen), con especial fijación hacia el PSOE y Podemos, según han especificado. Si resulta especialmente buena puede que convierta al PP en el referente en la bancada opositora frente a una Coalición Canaria desvencijada por la pérdida repentina de prácticamente todo su poder, y frente a los dos diputados de Ciudadanos, el partido que menos ha tardado en descomponerse en Canarias en la historia de la autonomía.

El panorama opositor que se le presenta al PP no puede ser más ventajoso. Los próximos cónclaves de CC van a resultar muy dolorosos para una organización que parecía imbatible; las expulsiones, expedientes, querellas y demandas que se lanzan entre sí los pocos que no se han marchado voluntariamente de Ciudadanos, junto a la ausencia de Vox en las instituciones canarias, dejan un amplio espacio por la derecha a los populares. Justo lo que se propuso Antona cuando decidió que lo mejor era no darles ni medio centímetro de ventaja a sus eternos socios nacionalistas. La herencia la tendrá que administrar Australia Navarro. Veremos.

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